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Silencio interrumpido; 0 NARRATIVA; 1 Nihilismo Cándidoski lers Ciertosniños DIEGO SIL DE VA Espasa, Madrid, 2002 206 páginas, euros 16 IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA abre paso la tesis de que el terrorismo, E al menos en sus formas actuales después del 11 de septiembre, es hijo del nihilimo. Así sucede en el ensayo, brillante, en parte certero, en parte fallido, Dostoievskien Manhattan, de André Glucksmann. La vinculación entre am bos fenómenos se lleva a cabo a través de tex tos como Los demonios de Dostoievski y de la constatación de la relación existente entre el nihilismo ruso y el terrorismo actual. Al me nos, esta hipótesis no carga el horror en la cuenta de los desheredados de la tierra ni con vierte a Bm Laden en su profeta. Imputar el te rrorismo a la causa de los pobres es enlodarla, arrebatarles su última razón. Es además falso. Pero quizá tampoco convenga llevar las cosas por el lado de la Illosofla. Si los conceptos se hinchan hasta hacer desaparecer sus contor nos y permitir que en su seno pueda alber garse cualquier cosa, pierden su razón de ser, El nihilismo consiste en la devaluación de los valores superiores o, más radicalmente, en la negación de todo valor. Surge cuando un mundo valioso ha sido destruido y aún no he mos acertado a edificar otro. El nihilismo Iran sita por la senda igualitaria. Si todo vale igual, entonces nada vale. Por eso creo que se le atri buye a Nietzsche sin razón. El no se limita a destruir los valores sino que propone su inver sión, su transvaloración, un nuevo orden de valores. Así entendido el nihilismo, como pura ausencia de valor, no parece que pueda sedes imputado a los sembradores de la muerte en Manhattan (y ciertamente, en otras latitudes) Leo Strauss definió el nihilismo como (elde seo de aniquilar el mundo presente y sus posi bilidades, deseo al que no acompaña ninguna idea clara de con qué sustituirlo Pero los ase sinos no quieren aniquilar el mundo en gene ral, sino sólo el mundo occidental. Y tienen muy claro con qué sustituirlo. No son, pues, nihilistas. El nihilismo, según Glucksmann niega el mal. (Esnihilista aquel al que no pmo cupa hacer sufrir a los demás Pero eso no es negar el mal, sino, por el contrario, aceptarlo, asumirlo y darle cumplimiento. Por lo demás, si aceptamos la elástica definición del autor, cualquiera puede ser nihilista: el terrorista y el estafador, el violador y el homicida. El con cepto pierde su significado por exceso de signi ficado. El terrorismo no es, si estoy en lo cierto, la obra del nihilismo sino del fanatismo que apa rece cuando los valores enloquecen. Es hijo de la idea fija, de la obsesión, del utopismo desca rriado, de la loca nostalgia de un paraiso so ñado. Empieza pensando que el fin justifica los medios y concluye por creer que los medios son el fin. De estar en algún lado, el nihilismo estaría más cerca de las víctimas que de sus asesinos, más cerca de la anoniia de Occidente que del fanatismo islarnista. Si el mundo civil! zado perece, cosa que no está escrita ni es ine vitable, será por sus propias culpas. Esas cul 1 pas no serán sus maldadesimperialistas o su capitalismo salvaje sino acaso su obstinada fascinación por los bárbaros S s curioso cómo la violen cia puede ser algo tan na tural como antinatural para el ser humano. Dependiendo de la educación y del amor que reci bamos, del lugar donde nos to que vivir, y de la gente con la que nos relacionemos, la vio lencia será buscada y ejercida como medio de comunicación con el entorno, o por el contra rio, será rechazada y sentida como repugnante por nosotros. Lo cierto es que hay ambientes donde el único lenguaje inteli gible es el puño o la pistola. Hay lugares del planeta donde lo normal es ir a comprar el pan manchado de sangre. En hogares aislados o en barrios enteros o en ciudades concre tas o en regiones determina das, la violencia es el aire que allí se respira y también es la negra sombra que asesina in misericorde la libertad del hombre. EvolucIón de la violencia Sin ir más lejos, el sur de Italia ha sido, y continúa siendo, un ejemplo de esta es tructura, que por otra parte no nos es ajena en la medida en que la vemos hoy día triste mente prosperar en el País Vasco. Históricamente la camo rra nace como un medio de de fensa contra la opresión de un abusivo estado centralista. Pero cuando el sistema político progresa y se democratiza, ésta no se extingue, sino que deri vará en un subterráneo organi grama social de intereses ilegí timos y corte fascista en el que la supuesta hermandad de los individuos se cimenta sobre la base de la amenaza y el miedo, encontrando un caldo de cul tivo adecuado en la frustración existencial, el abandono afec tivo y la ausencia de valores éticos de los más jóvenes, que son manipulados para entrar a servir ciegamente en la corte de los violentos. Diego de Silva (Nápoles, 1964) considerado una de las nuevas promesas de la narra tiva italiana, con su segunda novela Ciertos niños nos plan tea el estado actual de la cues tión a través de las andanzas de un chaval de once años, Rosa rio, cuya trayectoria vital lo ha conducido, por los rieles engra sados de un entorno deshuma nizado, a convertirse en ase sino de la mafia. En una ciudad E que podria ser Nápoles, Rosario se adapta a las circunstancias, aceptando el único destino que parece escrito para él. Como un animal rabioso y desorientado, sale adelante y se deja llevar por el horror cotidiano. Lo na tural es matar o ser muerto. Si no quieres ser lo segundo, debe rás hacer lo primero. De Silva plantea esta dicotomia a través de la mirada del niño, tan inge nua que consigue emocionarnos, porque junto a la infamia de los actos realizados, hay una extrema candidez emanando de la cruel ceguera del pequeño, quien, incapacitado para ver más allá del muestrario a la vista, no logra encontrar una salida alternativa. La InocencIa del mal Privado de infancia, el pre coz Rosario es todo un hombre en miniatura. Va de putas, roba, apalea y asesina. Sin de jar de ser un niño sentimen talmente desvalido en todo mo mento. Éste es quizá el mayor valor de la novela, y lo que la convierte en una de las piezas realmente interesantes del ca tálogo de novedades literarias de este otoño. De Silva ha sa bido contar la inocencia del mal de un modo singular y efectivo. Como un documento verista, sin ahorrar detaUes cruentos u obscenos, y al mismo tiempo impregnado de la magia de lo personal e in transferible, consciente de que sólo la realidad moldeada por el estilo propio pasa a engrosar las ifias de la buena literatura de ficción. Como un animalrabioso y desorientadosale adelantey sedejallevar por el horrorcotidiano. Lo natural es matar o ser muerto Isla Boccarla U BIa, ro y hrgr i Ciiltun, I 28- -0- 2 (102