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4: jtcLc cI (t 7 sn Ptj, 4 tlt 1 çdlj zcfrr 4 i (At J -b 11 dL l4 j (Itt t 7 tw dd (ti 1 1 Guíade lectura; 0 Manuscrito deZola siense, luego en París también porque pronunciaba a lo marsellés, y además hablaba convirtiendo las eses en efes) y su gran arma fue el trabajo más obs tinado y metódico muchos años de escribir nueve horas al día siempre el mismo número de páginas, con la laboriosidad imperturbable del que no puede dejarse distraer por dudas, exigencias de refma miento estético o matices. Mi llegó a componer, entre otras muchas cosas- -teatro, crítica de pintura, artículos, ensayos, etc, -los veinte recios volúmenes de los Rougon- Mac quart (1871- 1893) historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio Una nueva co media humana pero no como Balzaca golpe de iiituiciones, sino a la luz de la nueva ciencia que ve la clave de todo en la herencia y el medio ambiente. La vida por fm explicada. La realidad, los hombres, tie nen que ser así y no de otra forma. La literatura pasa a ser algo natural, de ahi la etiqueta natura lista experimental comprobable, todo lo demás son engañosos romanticismos. La grandeza de Zola está más en el olvido invo luntario de sus teorías que en su aplicación (aun que esto podria decirse de todos los escritores) y afortunadamente para él el poso romántico que lle vaba dentro era fortísimo. De joven le hubiera gus tado ser un poeta de mucho sentimiento, como La martine y Musset, llegó a escribir unos díez mil versos, y hasta se permitía hablar con desdén de ese tosco instrumento de la prosa frase que en una novelista da qué pensar Selección de obras contra viento y marea; sobre todo en el episodio fi nal del Yo acuso! (1898) carta abierta al presi su dente de la República en defensa del capitán Drey fus, un gesto justiciero, quijotesco que le valió odios, insultos, calumnias, un procesojudicial, una multa, el destierro; quizá la muerte, si no fue un ac cidente doméstico lo que ocurrió en su casa en sep tiembre de 1902, sino un crimen, la vengauza de sus enemigos. De su vastisima obra, irregular y no sin fárra gos que han envejecido mal, por no hablar de sus predicaciones laicas bastante torpes, nos queda una multitud de pasajes tremendos que son pági nas perdurables. Nos acordamos no sólo de Germi rial y La taberna, sus títulos más representativos, sino también de una serie de fragmentos que hay en otras novelas suyas: El vientrede París (su mer cado central) Naná, tragedia de una cocotte; La obra, negrisima visión de un pintor, que motivó la ruptura con su viejo amigo Cézanne; Aa bonheur des dames, buen nombre para unos grandes alma cenes. Y la lista podría alargarse con pedazos de La bes tia humana, sobre los ferrocarriles, La derrota o la caída del Segundo Imperio, La conquista de Piassons o cómo una familia provinciana se sitúa, sin reparar en los medios, para encaramarse al poder y a la riqueza. O Pot- Bouille, título que palidece al ti- a ducirse, algo así como el hogar, vitriólico retrato de una burguesia que vive en una casa tan lujosa que hasta tiene calefacción en la escalera (pero no en el cuarto en el que una criada soltera da a luz a solas en una noche glacial) Es el mundo de Zola, simplista, estentóreo, enorme y sistemático, pero eficazcomo una inipre sionante maquinaria novelesca. Sus imitadores fueron grises, los que tenian talento muy rebeldes, y aunque sus fórmulas se han repetido en muchas ocasiones, la gran novela posterior ha ido en direc ción contraria, no de fuera a adentro, sino al revés. Los Goncourt, unos neuróticos de la perfección a quienes ahora nadie lee, le crucificaron entre mue cas de envidia en su famoso Jow- nal, acusándole de vulgar, otros le aclamaron como el genio de su siglo, los caricaturistas no olvidaban nunca dibijarle con un orinal maloliente en la mano... Más allá de tan antiguas y apasionadas polémi cas, lo cierto es que pocos hoy querrán llamarse naturalistas o herederos de esta escuela, y se sabe que tampoco son muchos los lectores que tiene Zola en Francia, y no digamos fuera de su pais. Es como un monumento con el que no sabemos muy bien qué hacer, que es lo que suele ocurrir con los que es criben para la Historia, el tiempo es duro con ellos. Situarle en su grandeza y en sus servidumbres puede ser la gran oportunidad del centenario de su muei- te. 4 Legadoliterario de Zola LIBROSDE ZOLA Rougon- Macquart. Traducción Esther de Benítez, Alianza. Madrid, 1981 i U Los Rougon- Macquart, Lajauría. Traduc T. 2, ción de Esther Benítez, Alianza. Madrid, 1981 LosRougon- Macquart, T. 3, El vientre de Pa rís. Traducción EstherBenítez. de Alianza. Ma drid, 1982 GerminaLTraducción MauroArmiño. de Pla neta- De Agostini. Barcelona, 2002. Nana, Traducción J. ZambranoBarragán. de Edaf. Madrid, 2001. Nana. Traducción catalánde MiquelMartí al i Pol, Edicions 62. Barcelona, 2002. Obrasselectas. Traducción MauroAr de miño. Espasa. Madrid, 2002. El dinero. Traducciónde Mariano García Sanz. Debate, Madrid, 2001 Yoacuso: la verdad en marcha, Traducción de JoséElías. Tusquets. Barcelona, 1998 Elnaturalismo. Traducción Laureano de Bo net. Península, Barcelona, 1998. Los Imaginaciónvisionaria Por absurdo que parezca en alguien de sus con vicciones, lo mejor de Zola es su imaginación visio naria y su fuerza verbal, su capacidad de agrandar brutalmente lo que cuenta hasta hacerlo gigan tesco, inolvidabla Sus análisis son primarios, y en las sutilezas sicológicas se pierde, pero en las es tampas sórdidas y atroces, y en las escenas de ma sas (los mineros en Germinal, la riada obrera que baja al amanecer desde las alturas de Montmartre a Paris en La taberna) es apabullante, inmenso. En tre nosostros el discipulo Blasco Ibáñez fue su ca ricatura valenciana. Necesita horror, violencia, fatalismo, crueldad, y en este sentido es muy fuerte, impresiona por lo colosal, siempre con tamaños socialmente ciclé peos, y a ser posible espantoso Su fe ciega en las apariencias de lo real para obtener esas tajadas de vida fruto del documento y la observación, su afán por acumular detalles que consigan más dosis de verdad, quedan hoy muy lejos, y carecen, como tantas veces se ha dicho, de refinamiento y de exi gencia intelectual y estética, pero a menudo fuerza la admiración, Hoy ya nadie lo haría así, pero qué monumento fue capazde levantar Hay también en él otro aspecto nada desdeñable, su valiente defensa de unos ideales humanitarios SOBRE ZOLA Francisco Caudet: Zola, Galdós: el natura lismo en Franciay España. Universidad Autó noma. Madrid, 1994 Encarnación Medina Anona: Zola- Clarín, UniversidadNacionalde Educación Distan a cia. Madrid, 1998 Encarnación MedinaArjona: Zola y el caso Dreyfus. Universidad cádiz, 1999 de EmiliaPardoBazán: La cuestiónpalpitante. BibliotecaNueva. Madrid, 1998. Concha SanzMiguel: Zola y Dreytus: el po der de la palabra. Bellaterra, Barcelona, 2001. 5 Blanco y NegroCultural 28- 9- 21 02