
HISTORIA
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Caballeros fuera de sí
JULo MARTÍNEZ MESANZA
ESPUÉS una juventud dedicada a de imitar a Horacio y a Petrarca, en latín y en italiano, y a componer comedias a la manera de Terencio y de Plauto, Ludovico Ariosto (Reggio Emilia, 1474- Ferrara, 1533) empleó casi la mitad de su vida en iinagina redactar y corregir los cuarentay séis cantos de su Orlando Furioso (1505.1532) sus casi cinco mii octavas, sus cientos y cientos de versos envidiables. Se ha dicho de Ariosto que, más que un gran poeta (y lo fue) fue un gran artista. En muy pocos momentos de La Historia de la poesía la sintaxis y el verso se han puesto tan naturalmente de acuerdo hasta convertirse en una sola y cautivadora música, y muy pocos poetas han sabido dibu jaz con esa misma música, escenas tan vivas y de tanta fuerza visual, cuadros hasta tal punto tangibles y perfectos. La ottava rimo, que había sido un utiisimo instrumento na rrativo en manos de Luigi Pulci y Matteo Maria Boiardo, alcanza la cualidad de inefa ble en las de Ariosto, al mismo tiempo que la materia tratada por aquéllos en el Morgante y en el Orlando innamorato recibe en el Fu rioso una impronta de carácter homérico.
La ideade España
Las raíces medievales de España JUUO VALDEÓN
Real Academia laHistoria de Madrid, 2002 99 páginas, euros L 21
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La obradeAriostoesinfinita, complejay disparatada, comoel mundoy comola vida
La obra de Ariosto es infinita, compleja y disparatada, como el mundo y como la vida, Sus personajes y las acciones que llevan a cabo pertenecen tanto al reino del desorden como al de la armonia, al de los instintos como al de los valores. Cesare Segre, en el magnífico estudio introductorio de la última edición española del Orlando Furioso, atri buye una doble existencia a estos caballeros errantes: una existencia novelesca y otra existencia épica. La pasión les guía en la pri mera, les hace errar y los expone a la aven tura, pero, en los momentos decisivos, el sen tido del deber militar los rescata y los de vuelve a su plenitud épica. Están sometidos, como ya señalara Francesco De Sanctis, a una poderosa fuerza centrífuga, la de la li bertad y la iniciativa individual, y a otra cen trípeta, favorecida a veces por el cielo o por el infierno, que consigue contrarrestar los impulsos anárquicos. Sobre este mundo de pasiones desatadas hasta la comicidad y de valerosos hechos de armas, sobre este ir y venir del sentido al sin sentido, resplandece el sonriente pesimismo de Ariosto, esa cálida ironía que no se pone de masiado seria a la hora de satirizar ni se ríe a carcajada limpia cuando de burlas se trata.
Orlando furioso, deLudovico Ariosto. Edición bilingüe de Cesare Segrey Maríade lasNieves Muñiz. Traducción Jerónimo Urrea (1549) de de 2 vols. Cátedra. Madrid, 2002. 3054 páginas, 38,26 euros,
lado que la Historia ha seña filósofoGadamer no tanto L nos pertenece sino que, más bien, pertenecemos nosotros a ella, y si eso es así, es por ello por lo que no resulta gratuito el que se hagan esfuerzos por conocer con rigor la Historia, no para que la tradi ción histórica sea un lastre que impida proyectos humanos nove dosos y de progreso, sino para que éstos no se basen en falacias que falsearían y harían perversos de raíz esos mismos proyectos. Es ese ejercicio de rastreo en la Historia el que lleva a cabo con rigor Julio Valdeón, un recorrido por los tiempos medievales con el objetivo de seguir la pista al con cepto Hispania o España, análisis que constituye el contenido de su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia. Es de destacar el valor de este estudio por el aparato heurístico utilizado, ya que se centra en fuentes primarias, crónicas de la época, tanto castellanas como aragonesas y catalanas, lo que lleva a demostrar de forma casi apodictica, diríamos, el papel que desempeñó en la Edad Media la idea de España. término que alu día no sólo a un espacio geográ fico. sino también a una comuni dad humana, los hispani -como los denominaban las fuentes anti guas- y a un específico ámbito de poder
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nico mozárabe del año 754, a una serie de textos que demuestran que el término Hispania, o los ro mances España o Espanya, estahan presentes en todos los nú cleos politicos cristianos surgi dos en la Alta Edad Media. Asimismo, la Historia de los he chos de España. arzobispo de del Tóledo RodrigoJiménez de Rada, en donde se hace un uso fre Horizonte global cuente del término España, al Lo que se va desgranando en igual que sucede en los cronistas el discurso es una serie de testi bajomedievales tanto de la Co monios conservados del Medievo rona de Castilla como de la de en los que se alude con frecuencia Aragón, y en concreto del Princi a España, entendida de forma pado de Cataluña. Destaca, tam inequívoca como un horizonte bién, la presencia de España en global. El autor analiza el tér tre las cinco naciones junto mino romano Hispania, del que con Francia, Inglaterra, Alema derivan las palabras romances nia e Italia, que participaron, con España, en castellano, y Espanya, voz y voto, en el Conciliode Cons hecho que venía a en catalán, así como destaca la tanza, de 1414, denominación de regesHispaniae significar la división de la Cris de los monarcas visigodos, con la tiandad en grupos nacionales, la significación que implicaba de consolidación de las monarquías un poder político de índole terri bajomedievales, Valdeón acaba torial Hace recordai también, la su análisis con la politica desa simultaneidad de términos utili rrollada por la dinastía Trastá zados por musulmanes, judíos y mara de establecer sólidos víncu cristianos- al- Andalus, Sefarad y los de unión con los otros reinos España- -para referirse a un hispánicos, que culminaría con mismo territorio, la Hispania de el matrimonio de Isabel y Fer los romanos, Valdeón va colo nando, herederos de las Coronas cando ante la vista del lector toda de Castilla y Aragón, siendo a una serie de testimonios: desde la partir del reinado de los Reyes expresión la pérdida de España Católicos cuando se generaliza en que se encuentra reflejada por el ámbito europeo el uso de la voz primera vez en un texto de la Chi- España.
El valor de este discurso, en tre otros méritos, está en la reva lidación de la tesis de que en los procesos sociales de largo al cance, como es el de la forma ción de las naciones, no se puede determinar un comienzo abso luto ni una causa absoluta Tam bién, el que frente a las nega ciones espurias de la existencia de una nación española y de la utilización secular del término España, el autor aporta testimo nios contundentes de que en los tiempos medievales se encuen tran las raíces de lo que llama mos España, y que lo español ha cia referencia- como escribe Val deón- a unas formas de vida, unas costumbres, unos determi nados hábitos culturales, pero también, obviamente, a unas personas concretas, los llamados hispani
PasadohIstórIcocomún
Es ese pasado histórico co mún el que- -podríamosdecir al modo orteguiano- -peractúa cons tantemente sobre el presente, porque sólo sobre él se pueden acuñar proyectos colectivos, na cionales, por novedososque sean, y no sobre historias falaces que no pueden llevar más que a pro yectos histórica y soclalniente Ihistrantes. Alejandro Dlz
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