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EN SAYO HermannHesse estos días se cumplen cuarenta años del fa N llecimiento de Hermann Hesse en su casa suiza de Montagnola. Mi relación con la obra de Hesse ha atravesado tres períodos. Primero lo leí de joven, en mis días universitarios: lo hice en caste llano y en unas ediciones que llegaban de la Argen tina, y no me produjo gran impresión, más bien re cuerdo que me aburría. Y no es que padeciese re chazo por la literatura alemana contemporánea, antes al contrario: era un apasionado lector de Tho mas y Heinrich Mann, de Jakob Wassermann y Franz Werfel. A Hermann Broch y Alfred D 4i blin, a Heinrich Rin, Alfred Andersch y Günter Grass. los iba a descubrir más tarde. Habrían de pasar casi dos décadas para que vol viese a hincarle el diente a la obra del autor de El lobo estepario, y entonces lo hice en Alemania yen alemán. Ahí ya no fue que me aburriese, me pare ció sencillamente detestable. No sólo indigerible, sino mucho peor- -comosabiamente discernía Unamuno- incluso indeglutible. ¿Cuáles eran las razones de ese boom, ligado a la obra de Hermann Hesse, que implosionaba in tIlo temporedentro de los campus de las universidades estadounidenses? Me parecía un montaje que tenía mucho que ver con la proclividad del Norte a todo lo esotérico, a todo lo que suena trascendental aunque en el fondo no sea sino pompas de jabón: lindísimas, iri santes, resplandecientes, pero las pinchas con una aguja de coser y se desvanecen para siempre ja más. Por aquellascalendas Ocurre, sin embargo, que por aquellas calendas yo era responsable de los programas culturales en castellano de la radio internacional de Alemania, y si había tenido que releer a Hesse era porque plani ficábamos unos programas especiales dedicados a él: en 19 77 se cumplían cien años de su nacimiento. Y como no quería ni debía ser en manera alguna parcial con alguien que, después de todo, recibió el Premio Nobel de Literatura (y no el de Química. que yo pensaba que hubiera sido más adecuado) me puse en campaña y entrevisté a todo escritor la tinoamericano que se acercaba a menos de un me tro de mi grabadora. ¿Quién era para ellos Hermann Hesse? cuyo apeifido, dicho sea de paso, todos, con muy pocas ex cepciones, pronunciaban como si fuese francés: Ess Entrevisté, pues, a Manuel Puig y Manuel Scorza, a Jorge Amado y Arturo Uslar Pietri, a José Donoso y Eduardo Galeano. Y no contento con ello hice entrevistar con cuestionarios míos a Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, a Ernesto Sabato y Roberto Fernández Retamar. Y por si todo eso fuera poco, un día me llegó de París un casete en el que Cortázar me contaba lo que él pensaba de l- lesse. El resumen fue, para decirlo de alguna manera suave, no negativo sino prudente, cuidadoso, nadie se quería quemar los dedos y terminaban diciendo que sí, aunque en el fondo se les notaba que no. Ex cepto en dos casos: Borges y Cortázar Borges decía que recordaba algunos poemas de Hesse, pero que desde luego el autor no se contaba entre sus favori tos. Cortázar, haciendo honestamente la salvedad de que tan sólo había leído un libro suyo, Demtan, lo desarmaba hasta dejarlo en el ridículo más cruel. Me senti más o menos tranquilo, no era yo el único que no pudo conmoverse con tanta mística, tanto mesianismo, tanto esoterismo, tanto viaje al Oriente para descubrir dizque verdades eternas E RIcuwo BuIA Lengua y lenguas en América Unidad Diversidad y de laLengua Espaflola VARK) S AUTORES Embajada México de Instituto México España de en Madrid, 2002 295 páginas, euros 12,02 ocultas en un mantra o en la pronunciación litúr gico- ritual de la sílaba (Orn Ha transcurrido un cuarto de siglo desde enton ces y he vuelto a releer a Hesse, por exigencias de honestidad profesional, con el doble motivo de estos cuarenta años de su muerte y una crónica que me han encargado. Quién sabe, me dije, si el que eres a tus 63 años lo va a leer de un modo distinto que aquellos que fuiste a los 17 y los 38 de tu edad. Pero no. A diferencla de algunos vinos de mi bodega lite raria, no es de los que haya ganado con el tiempo. Algunostesoros Con todo, y a fuer de sinceridad absoluta, debo confesar que he descubierto (redescubierto) algunos tesoros en su obra. No en su prosa acicalada y con esa profundidad que no siento sino como el vacío de los pozos, no: en su poesía. Por ejemplo, este epi grama que no sé si alguna vez se ha traducido al cas tellano: (Muchoojo si poeta quieres ser o si quie res tocar flauta o violín, que semejante chusma suele propender a frívolo, borracho o malandrín Y por ejemplo, en otro orden de cosas, unos ver sos que demuestran un notable conocimiento de la música, y que no creo que hayan sido traducidos antes a nuestro idioma: Lo que amaste y perse guiste, lo que soñaste y viviste, ¿sabes aún de cierto si dolor o placer fue? Sol sostenido y la be mol, re sostenido o mi bemol, ¿puede diferenciar los el oído? Creo que no, que el oído no puede diferenciarlos. De lo cual concluyo que con Hermann Hesse quizás perdimos, y no por nuestra culpa, un excelente crí tico musical. Pero muy poco más. Y me acuerdo de otro Premio Nobel que fue un gran crítico musical, bajo el alias (Corno di Bassetto Bernard Shaw. Pero todas las comparaciones son odiosas. NTRE 29 de septiembre y el 3 de noviem el bre de 1998 tuvo lugar el encuentro Unidady Diversidad de la Lengua Española que ahora se publica con textos que mantienen su actualidad y que dan una visión completa, de excelentes espe cialistas, en tres secciones, la primera dedicada a la lengua y la creación, la segunda a los proble mas generales del español en todo el continente, mientras que la tercera se destina al español de México y el Suroeste de los Estados Unidos. La variedad del español no obedece sólo a su tremenda dispersión geográfica, porque esa ex tensión es enormemente homogénea. Es sabido que, en los territorios originales de una lengua, la variedad dialectal es muy superior a la que se en cuentra en los territorios de su expansión poste rior. Es que, además, las tensiones y relaciones in. terlingüísticas son muy distintas. Cuando Ro dolfo Alpizar, a propósito del español de Cuba señala la novedad de los anglicismos en la isla y su carácter de préstamos crudos, señala algo que difiere de México o de Buenos Aires, donde la re lación con el inglés es también muy distinta. Los problemas de contacto con las lenguas amerin dias no son los mismos en el Río de la Plata que en México o en las zonas andinas, en donde las len guas yuto- aztecas, el quechua, viven y se trasfun den en el español de buena parte de la población. En el extremo más refinado, Borges se movía entre la conciencia de tener mejores plumas, me jor sistema educativo y la tensión por lograr un reconocimiento generalizado del valor común de ese empleo culto de la lengua española Vaivénde superioridad y recelo que todavía hoy nubIa la vista de quienes no son conscientes de que el es pañol del siglo XXIserá americano o no será. Un reclamo constante: florece mejor lo mejor de las tradiciones españolas en América que en España. Diversidad de lenguas en contacto, de inmigra ciones recibidas, de sistemas escolares, ruidos pa sajeros, en las dos orifias. Tras todo ello, los pro blemas comunes de una lengua internacional que sigue sin hallar cómo competir en una sociedad técnica y científica. No es un mundo fácil, de ahí el valor del reto: construir una sociedad plural y democrática y saber respetar los valores cultura les propios de todos sus integrantes, lenguas in cluidas. lbdo ello requiere instrumentos educati vos adecuados, empezando por remediar el mal común de la educación, su mala financiación. Sin inversión no habrá una educación competitiva. Estos autores hablan de los indios, de los res tos de las tradiciones lingüísticas españolas y su vigencia, pero su preocupación es mantener una lengua unida y que sirva para una sociedad muy técnica y muy ágil. La única solución está en la calidad del sistema educativo, ponerlo a la altura de estas exigencias es de extrema urgencia. E Francisco Marcos A. Marín 17 ABC Cultural 3- 8- 2002