
pletamente orgánico. Procuro que la orquesta y la voz sean, de hecho, la misma cosa. En lo que toca al capí tulo sinfónico, debo decir que, cuanto más voy dirigiendo, más con fianza tengo en mí mismo. Aún así, admito que todavía tengo que reco rrer un camino más largo, porque en mi currículo pesa mucho más la ópera. -Pero todo esto parece haber cambiado en los últimos cinco años. -Así es. Ahora dirijo mucho más repertorio sinfónico que antes, y hay un cierto número de obras con las que me identifico plenamente, y trato de aprovecharme de esa rela ción que voy estableciendo con cier tos compositores. Estoy procurando elegir en el terreno sinfónico las pá ginas que creo que me pueden inte resar más, hasta el punto de hacer las y rehacerlas una y otra vez. Por eso me apetece tanto venir a España para hacer música de Berlioz, preci samente ahora que vamos a empe zar los ensayos de La condenación de Fausto, que estrenamos a fmales de este mes en Brusela. De ese modo, todo resulta más armónico, te niendo en cuenta que nosotros, acos tumbrados a la ópera, encontramos en la música de Berlioz esos toques de locura, de teatralidad. Ahí está también la tremenda beUeza vocal de Les nuits d été, que es una obra extraordinaria. En casos como éste, me da lo mismo si estoy en el foso de un teatro o sobre una tarima con los músicos. En esos momentos, lo único que quiero es resultar convin cente. Si lo consigo, todo perfecto. Si no logras convencer, da lo mismo que seas una estrella o que no lo seas. Lo importante es estar conven cido y lograr que el público también lo esté.
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ESDE que Julia Kristeva introdujo, y empieza ya a hacer tiempo, el concepto de intertextualidad parecería como si toda la creación artística, y no sólo la literaria, se hubiera con vertido en una variación circular sobre obras anteriores. Es cierto que en la música, la tradición de tomar obras preexistentes, pro pias o ajenas, es antigua y amplia e incluso no ha dejado de crear futuro puesto que la misma poli fonía surgió como un comentario a las composiciones monódicas. Pero también es cierto que tales prácticas no impedían creacio nes realmente nuevas. También Richard Strauss dijo que el único comentario pertinente para una obra musical es otra obra musi cal. Pero él se refería más bien a la imposibilidad e inutilidad de intentar verbalizar el mensaje musical. Posiblemente hay épocas de una fuerte creación y otras que se dedican a comentarlas. Los mis mos griegos tuvieron un periodo de profunda invención y una etapa alejandrina que se dedicó a retocar continuamente los viejos mensajes. Sin duda, la labor de los escoliastas no tiene por qué ser despreciable o carecer de va lor, e incluso un buen comentario es mejor que una mala obra nueva pero no parece correspon der a las etapas más doradas de la cultura o al menos a aquéllas en las que se producen obras funda mentales. Desde hace años, la literatura parece un inmenso escolio sobre lo ya escrito y la pintura, o se ha convertido en otra cosa con las tecnologías (vídeo, instalación, etcétera) o gira en comentarios sobre sí misma. En música, el fe nómeno del borrowing que, fuera de la dictadura anglosajona, lla mamos música sobre músicas se ha convertido en uno de los sig nos más acusados de la postmo dernidad. Puede que así sea el signo de los tiempos y que ahora a los creadores les quede un papel de escoliastas mientras se pro duce, si es que llega a producirse, ese nuevo renacimiento o esa nueva vanguardia que algunos, más o menos secretamente, echan ya de menos. En todo caso, no es una situación tan nueva; re cordemos que el ejemplo más an tiguo que conservamos de la mú sica occidental, y que se retrotrae a la Grecia clásica, era ya un co mentario: el llamado Escolio de Seikylos.
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Cambiosy mejoras
-Elegir a Berlioz cuando todo el mundo comienza a celebrar el bicentenario de su nacimiento ¿no tiene algo de moda, de opor tunisnio? -Laexplicación es muy sencifia, y es que, de acuerdo con mi contrato con La Mommie, me despediría con La condenación de Fausto, un título que aprovecharíamos para hacerlo en concierto mientras tanto en dos escapadas a Dresde y Amsterdam. En Bruselas, en cuanto al repertorio, siempre trato de moverme con una cierta lógica, tanto estructural como orgánicamente. Y ahora, ha llegado el momento Berlioz. Hasta la fecha no hemos hecho mucha música fran cesa, si exceptuamos Carmen, que he dirigido varias veces, Péfleas et Méli sande o Manon. Y es una pena que no hayamos hecho más. Para empe zar, por tratarse de una orquesta en cierto modo francesa, francófona si se prefiere, en lo que tiene que ver con el espíritu a la hora de interpre tar. Por eso hemos escogido a Ber lioz, teniendo en cuenta además la grandeza de la Sinfonía fantástica y de Les nuits d été. -Con qué sensación se despide de La Monnaie? -Conel sentimiento de poder decir, que, después de diez años de tra bajo, hemos hecho espectáculos muy hermosos. Y si se han podido mate rializar, ha sido gracias a la integra ción de todos los poderes del teatro y de todas las fuerzas que lo compo nen, tanto en lo referente a la or questa como a la escena. Siempre con mucho entusiasmo. Y me da la impresión de que en La Monnaie se ha creado una excelente vida teatral de la que personalmente me siento orgulloso. Todos hemos crecido: el teatro y yo también. Aunque soy consciente de que nadie es perfecto, y de que siempre hay cosas suscepti bles de mejora. En ese punto, estoy convencido de que mi sucesor, el maestro Kazushi Ono, va a encar garse de hacerlo, y que va a aportar mucho a la orquesta. Eso es algo que me hace sentir feliz. -Desembarca en el (Jovent Gar den en un momento en el que los tiempos de gloria del teatro pare cen estar lejos. -No estoy de acuerdo con esa afirmación. Hace tres o cuatro años; incluso cinco, las cosas se empeza ron a poner muy difidiles en el Co vent Garden. Pero en los últimos tiempos, da la impresión de haberse instalado mucha estabilidad, y re calco lo de mucha. Tanto desde el punto de vista del nivel de los espec táculos, que ha mejorado, como desde el de los directores. Y se ha visto que el público acude de nuevo a la ópera. No quiero decir con esto que el Covent Garden sea como la gloria, porque eso es algo muy difí cil de conseguir. Pero si que la sen sación que se percibe es la de que to dos los problemas al fin se han supe rado. Y eso me satisface; me hace estar contento. claro está que no me puedo sustraer a esa curiosidad ex pectante por saber qué ocurrirá a mi llegada. Pero lo que tengo muy claro es que no voy ah a salvar algo que se encuentre en unas condicio nes terribles. Nada de eso.
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En el género sinfónico, todavía tengo que recorrer un largo camino, porque mi en currículo pesamás la ópera
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Juan Antonio Llorente
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