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Diariode primavera nacionalismo cultural tiene L múltiples máscaras. En Cana rias adopta últimamente la forma de un rencor que no duda en disfrazarse de hermenéutica El estudio de la realidad cultural de las Islas desde una óptica nacional obliga a exami nar esa realidad comosi no tuviese re lación alguna con otras culturas y a elevar las figuras de significación me nor y hasta ínfima a la categoría de latos culturales; en suma: la renun cia al juicio estético. La extraordina ria deformación de la realidad que su pone este enfoque habla muy a las cia ras de la capacidad crítica de quienes lo utilizan- Comprendo el nerviosismo que produce a los intelectuales na cionalistas (pocos, pero, según se ve, tan sutiles como en otras partes) el que haya predominado siempre en las Islas una admirable cordura en lo que respecta a Ja interpretación de la reali dad cultural del archipiélago y al estu dio de su pasado literario y artístico. Es la cordura de los viejos maestros, que llega hasta los investigadores e historiadores universitarios más jóve nes, para quienes las peculiaridades atlánticas de la cultura insular han es tado siempre claras, pero de las quejamás han hecho una lectura exenta y descontextualizada (la gran tentación de los nacionalistas, interesados siem pre en hacer de la autosuficiencia una identidad, y de la negación del otro y de los otros el único modo de afir marse así mismos) Es, en realidad, la propia tradición cultural de Canarias- -marcada desde antiguo por la aper tura al exterior y por la vocación de universalidad- la que se encarga por sí sola de echar por tierra la manipu lación nacionalista. (12 de abriL) E ANDRÉSSÁNCHEZ ROBAYNA Si fuera lo primero, habría que tomar aquí lo autobiográfico en el sen no tido habitual, sino en una acepción más relajaday que, a diferenciade lo que suele ocurrir en la autobiografía en prosa, procedeen realidadpor ilu minaciones líricas más o menosfrag mentarías y dispersas. Haypor lo de más, diferencias entre un poema y otro: el de Neruda presenta cierto or den cronológico, lo que determinala disposición del conjunto; de Paz, en el cambio, es un poema unitario de di mensión filosófica. Medito sobre estos hechos mieii tras me encuentroen plenoproceso de escritura de un poemaque se sitúa en esa misma órbita de significación. He reparado en estos ejemplos a pos teriori, y he empezadoa formularme ciertas preguntas inevitables acerca de la naturalezaprofunda lo que es de Pero tales hojas sólodan una idea im Una vida escrita. Se ha dicho: una cribo. La completaespontaneidad con perfecta de mi ser, y hay en mí una vida vicaria, no vivida en verdad. la que el poemaempezó a salir de mis multitud de cosas que no encuentro en Dudo de que ello sea así. A pesar de manos (sólo al cabo de cierto tiempo ellas Es ése un problema insoluble: sus quejasy delhosco sentimientodel me surgieron algunos problemasde como el tiempo mismo, ¿qué es el ser vacío, se diría que Amiel aceptó su estructura y organizaciónde los mate sino una dispersión sucesiva, que ja destino. Y su destino, su verdadinte riales) no dejó de inquietarme en su más se muestra en su totalidad? Pero rior, fue la escritura- Loesencialpara momento; y aun hoy tratándose como el Diario íntimo no se propone nin cada uno es aceptarsu destino escri se trata de versos que tienensu centro gún fin reconoce con amargura el gi bió en 1880. apenas unos días antes en un yo Y paramí siemprefantasmal nebrino en 1876. Estos veintinueve de su muerte: El destino tiene dos e inasible; más aún: no decible, como años de verbosidad se reducen a nada, maneras de herirnos: negándose a afirma Nietzsche. Aquí debodar la ra pues cada cual se interesa tan sólo por nuestros deseos y cumpliéndolos zón a Edmond Jabés cuandoasegura su novela y por su vida personal Mientras leía estas páginas de rara (cito de memoria) que la verdaderao añade en relación con su Diario. No plenitud, me he dicho más de una vez más profunda ignorancia es, sin duda, puedo, ahora, sino rebatir esa idea: que, al hacerlo, yo estabaasi cen- ando no anterior, sino posterioral saber. In más de un siglo después, me adentro o completando, como todo lector de tuyo que tantoNerudacomoPaz se en con interés sostenido e inagotableen este Diario, el destino de AmieL (17 de contraron en su día en una parecida la historia de un alma que el dia abriL) situación de duda no paralizantesino rista compuso. más bien activa y fecunda. (19 de U. E Amiel fije profesor de estética abril. y de filosofíaen Ginebra. notas de Las su Diario tienden a la especulación fi Pablo Neruda termina su autobio losótica, naturales en un discípulode grafía lírica a sus cuarenta y cinco Schelling (con quien estudió en Ber años (Yosoy, del Canto general) Octa El canto del capirote en la tarde lin) aunqueno faltan las referencias a vio Paz escribe la suya, Pasado en húmeda y lluviosa de abril: nada se la vida cotidianay a su entorno social clam, poco después de cumplir los se parece a ese canto, a esa suprema li y cultural. Compruebo aquí mi gusto senta. ¿Autobiografía o, más bien, bertad. Un canto sin porqué ni para por este diarismo más ensaylstico que autorretrato en estampas sucesivas? quién. (20 de abril. 1 narrativo, del que, sin embargo, me distancian un poco ocasionales exce sos de introspección y de autoanálisis. Espíritu inclinado al pesimismo, ad mlle Anilel que en su Diario la tristeza toma más la pluma que la alegría. Y, sin embargo, hay una plenitud en ese pesimismo (quea veces me recuerda al de Leopardi) difícil de encontrar en la inocencia de otros, sin contar con los momentos de intensidad (un paisaje, una cena en casa de unos amigos) no su nueva novela menos cautivantes que los descritos por Rousseau. Cuánto hubiera dese ado Amiel perpetuarel estadode espí ritu del que habla, por ejemplo, en su anotación del 2- 1- 1880, sentimiento un de completapaz interioz un particu lar estado de humilde voluptuosidad que reúne las alegríasdel ser y del no ser Por encima de la infelicidad de y la constante inquietud de espíritu, Amiel conocióese estado. La mayor parte de la poesía espa ñola actual me parece una involunta ria parodia de poetas menores. Un escribidor español de mi edad- un trapacero de las tradiciones- -ha publicado hasta la fecha de hoy, según parece, la insólita y respetable cifra de cincuenta y seis títulos. Ya lleva tres en lo que va de año. Ante tamaña in continencia sólo cabe tratar de imagi nar lo que ha de ser, sin duda, su di visa: Escribe, que algo queda (16 de abriL) Terminé la lectura del Diario de Amiel. No puedo sino identificarme con quienasegura: Estas hojasno es tán escritas para ser leidas; están es critas para calniarme y hacerme re cordar Cuánta verdad en estas palabras. Luis Lanclero ¿O El gu itarrista; 0 13 ABC C, Itural 23- 3- 2002