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Libros del siglo XX Un hombre de futuro Jerzy Kosinsky Desde el jardín (1970) LUISA CASTRO p j REO que este es un libro bastante conocido por todo el mundo, sobre todo después de la adaptación cinematográfica que de él se hizo con la película Bienvenido mister Chance, interpretada por el inefable Feter Sellers. Pero también es de esos libros que se olvidan fácilmente, precisamente por lo digerible que es. Desde el jardín es un libro que te lo comes, y al instante ya lo tienes en la sangre. A pesar de su aparente levedad, a pesar también de abrigarse bajo el techo de la tradición paródica anglosajona, que a menudo emite siempre en la misma onda, yo sigo recordándolo como una lectura singular, como uno de esos libros aislados, sencillos, precisos, que tienen la cualidad de abordar de lleno los tópicos sin caer nunca en la vulgaridad, ni en la risa fácil, ni en la broma intelectual, quedándose siempre a la distancia prudente de provocar mi empacho de talento irónico, salvaguardando a su personaje de la caricatura y llevándolo por caminos que sorprenden tanto al protagonista como al propio lector Chance, el protagonista de esta historia, es un personaje emparentado con muy inolvidables y valiosos primos literarios. A mí me recuerda, por ejemplo, a Don Quijote, por cómo aplica su realidad trastornada a la realidad de los otros, hasta interferirlos, hasta desconcertarlos, hasta crear a su alrededor un mundo totalmente absurdo del que él, sin pretenderlo, es epicentro. De algún modo. Chance es el reverso de Don Quijote: la loca realidad está fuera, en el mundo, en la televisión, y él sólo es un papel en blanco donde esa realidad busca acomodo. Me recuerda también, en su hiriente honestidad, a Bartleby. Chance, como Bartleby, vive aferrado a su inmediatez, no tiene pasado y repudia el futuro, y esta impasibilidad al futiu- o le atrae mucho. Me recuerda, cómo no, a los personajes de Kafka, sólo que en este caso Chance no se encuentra convertido en insecto, sino, a poco que se descuide, en presidente de los EE. UU. Y buscando antecedentes en la cultiu a centroeuropea, de la que Kosinsky procede, su personaje se parece también a los de Robert Walser, en su congelada vulnerabilidad, en su abandono y su soledad. Percepción existencial y paródica El escritor Jerzy Kosinsky, judío nacido en los años treinta en Polonia, se asiló en los EE. UU. en 1957, después de escapar a la persecución estalinista y al holocausto nazi, del que fueron victimas la mayoría de sus familiares. En América, empieza a escribir en los sesenta libros de corte autobiográfico como El pájaro pintado o Pasos, que le otorgan el reconocimiento de la crítica. Su gran éxito fue, sin embargo, este libro, Being there, traducido en español como Desde el jardín, y publicado por Anagrama en la colección Compactos de bolsillo, un libro que algunos de sus admiradores no reconocen como el mejor de los suyos pero que sin duda acierta en su percepción existencial y paródica al mismo tiempo, de la realidad americana, del poder distorsionante de los medios de comunicación, y de las perversiones sexuales que con éste sostiene el poder político. Es un libro, por su estilo y su visión del mundo, que hace una síntesis de las dos tradiciones de las que es deudor Kosinsky, CHANCE, el protagonista, me recuerda a Don Quijote. por cómo aplica su realidad trastornada a la realidad de los otros el existencialismo centroeuropeo y la literatura paródica anglosajona, dos productos de nuestro siglo XX, con Cervantes comandándolos desde el túnel del tiempo. Aunque para mí quizás el mayor mérito literario de su autor es hacer creíble, verosímil y enternecedor a un sujeto de capacidad intelectual borderline, a un hombre privado de todo pasado y cuyo único horizonte es la pantalla de la televisión. Uno empieza a leer este libro y se pregunta: ¿cómo puede un alto consejero del presidente de los USA quedar seducido por un hombre poco menos que subnormal? ¿Cómo puede luego el mismo presidente caer en la red? ¿Cómo una mujer puede no enterarse de que está con un idiota? Y, sin embargo, todos esos límites, Chance los va saltando sin el menor inconveniente, sin proponérselo, y el lector los salta con él, porque ése es el salto de la buena literatura de todos los tiempos: hacer absolutamente posible lo imposible, hacer verosímil lo más ridículo, revelar la caja negra de nuestros diarios atropellos. Claro que estamos dentro de las reglas del género paródico, pero uno, como lector, cuando cierra el libro aprecia ese temblor que sólo nos dejan los personajes de carne y hueso, los portadores de nuestras idioteces, de nuestras desgracias, de nuestros sueños, hasta el punto de hacernos sentir pena cuando desaparecen del escenario, cuando vemos esfumarse por las últimas líneas del libro a este maravilloso Chance medio subnormal, inmune a toda pasión, a todo sentimiento, menos a esa sombra de melancólica y desbaratada tristeza que hasta el ser menos humano debe sentir cuando ante él se revela en su plenitud la vanidad del universo. 29