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ENSAYO La miseria del multiculturalismo GIOVANNISARTORI La sociedad multiétnica. Pluralismo, multiculturalismo y extrarfieros Traducción de Miguel Ángel Ruiz de Azúa. Taurus. IViadrid, 2001. 139 páginas, 1.950 pesetas. el resultado de la imposición y de la libertad ausente. Una cosa, es la integración en una sociedad de individuos procedentes de culturas diversas, lo que sin duda es benéfico, y otra la fragmentación social derivada de la constitución de subculturas hostiles e incompatibles entre sí. Una cosa es la sociedad abierta y otra muy- distinta la balcanización Conviene quizá recordar aún más estas ideas en estos tiempos en los que los árboles de la inmigración no dejan ver el bosque de la amenaza multiculturalista. Quizá tampoco resulte ocioso recordar que no se puede identificar, sin grave error inji ticia, el repudió de las prácticas culturales que estimamos injustas o aberrantes o, simplemente, incompatibles con nuesfra cultura; eóh el racismo y la xenofobia. ben im patente desprecio hacia los valores de las sociedades de acogida, en este sentido la intolerancia procede más bien de im lado. El occidental no ve al islámico como un infiel Pero para el islámico el occidental sí lo es Y entonces la pregunta reviste esta fórmula: ¿Hasta qué punto ima tolerancia pluralista debe ceder no sólo ante exfranjeros culturales sino también a abiertos y agresivos enemigos culturales Es posible que esta inmigración hostil sea muy minoritariaj pero ese hecho no exime de tomar precauciones hacia ella y, desde luego, de exigfr que el límite de la práctica de sus propios principios culturales y religiosos se encuenfra en el respeto a los valores fundamentales y a las leyes vigentes de la sociedad de acogida. La ciudadanía no se obtiene por el hecho de frabajar en un país o de pagar los impuestos, sino a través del respeto a los valores sociales y a las leyes vigentes en la sociedad. Sin respeto a la ciudad no es posible la ciudadanía. Insisto. Podrá dudarse de que el panorama haya llegado ya a ser tan sombrío, jiero no de que sea una alarmante posiIJiUdad. Tolerar la agresión del huésped no constituye un deber de la hospitali l: id. La sociedad pluralista se fundamenta en un equilibrio, dificU y sutil, enfre consenso y disenso. Si prevalece el primero, puede encaminarse hacia la h ciedad cerrada y la homogeneidad de las condiciones. Pero si se impone el se imdo, y ésa es la labor del multicultur dismo, la meta es la fragmentación y la bancarrota de la sociedad abierta. No M debe tolerar la intolerancia ni la barI biuie en nombre de la pluralidad de las culturas. El feminismo fransita por la incoherencia cuando se alia con el multiculturalismo, pues es precisamente en las ofras culturas donde la situación de la mujer es más injusta y marginada. El feminismo, al aliarse con el multiculturalismo, se alia con el chador, la poligamia, la ablación del clítoris, la viuda en la pira funeraria y la sumisión de las mujeres. El multiculturalismo también provoca exfrañas compañías de cama. La política del reconocimiento tiene sus límites. ¿O es que debemos someternos a las exigencias de reconocimiento de quienes cifran su identidad en la destrucción de nuesfros valores? Nada de lo anterior tiene que ver con una cruel impasividad ante el sufrimiento y la miseria de los inmigrantes. Pero el remedio de sus sufrimientos no transita precisamente por la importación europea de los mismos errores que, en buena medida, los han generado. La extensión y socialización de la miseria es precisamente lo opuesto a su erradicación. La conclusión fundamental de Sartori es que el multiculturalismo, enemigo del pluralismo, constituye una agresiva amenaza para los principios en los que se sustenta el constitucionalismo liberal. No debemos confundir el multiculturalismo, enemigo de la civilización europea, con el interculturaUsmo y el pluralismo que la han hecho posible y en los que se sustenta. Ignacio Sánchez Cámara fiUn- anni Sarl (iri, profesor cmériiodtila Uui firs- idad (IR Kioi t Jiuia y diilíiColumbia ünivoi hitv ác Xti v; j Yni- k, es aiitijí lie n! i nitíria consíiturioiml cotnpai acia, (yliw es la Muchas. de estas reflexiones constidemocracia? Homo i Uleris: 2 snáedud ulediri- tuyen eLe e vertebrador del último ensayo de Gibvanni Sartori, profesor en gida, entre otros nsayus. Florencia y Nueva York y uno de los más agudos analistas contemporáneos de la democracia y su naturaleza. La sociedad multiétnica, tan poderoso como perspicaz alegato contra él fantasma multictilturalista que se cierne sobre la Europa pluraUsta y liberal. Si no estoy OMO ya advirtió Aristóteles, equivocado, su diagnóstico básico y sus toda virtud reside en un justo análisis fundamentales son certeros. medio que evita errores por exceso y Quizá haya quien perciba en sus págipor defecto. La enseñanza es, pues, sa- nas algunos excesos en cuanto a lo sombia y antigua. Toda virtud vive amena- brío del panorama. Tal vez no hayamos zada por la ilimitación y el exceso. llegado, por fortuna, á los excesos multiHasta la virtud necesita de la modera- culturalistas que denuncia. Pero, aunción. La tolerancia no es una excepción. que así ñiera, sería frresponsable torConfrecuenciaes malentendida y se la peza no escuchar su advertencia, pues identifica con el relativismo y la ausen- hacia esos excesos nos encaminaihos, si cia de propias convicciones. Y la verdad no se pone ilustrado remedio a los extraes que la tolerancia es el derecho a la víos multicuíturalistas. El ensayo de existencia que la verdad reconoce al Sartori constituye una defensa de lá soerror y la virtud al vicio, sabedores de ciedad pluralista o abierta ante las ameque su reino repudia la imposición y la nazas de la tribaUzación multicultural. cuando impide la normal integración fuerza. Se tolera lo que se estima equivo- Pliíralismo y multiculturalismo, lejos (que no asimilación forzosa) puede tercado o erróneo desde la propia perspec- de ser dos caras de la misma moneda li- minEu socavando los cimientos de la citiva. Pero quien carece de convicciones beral, han llegado a ser concepciones vilización liberal. Tampoco cabe negar no ejerce la tolerancia; no la necesita. antitéticas. Constituye también un in- la existencia de una indeseable xenofoOtras veces, se la considera im proceso tento de respuesta a la siguiente pre- bia en Europa, pero, según Sartori, no unilateral, de ida pero sin vuelta. Unos gunta: ¿Hasta qué punto la sociedad se frata de fenómenos racistas, sino de deben tolerar a quienes, a su vez, no les pluralista puede acoger sin desinte- una reacción de rechazo cultural y reUtoleran. Por último, una tolerancia ab- grarse a extranjeros que la rechazan? gioso que se concenfra en los africanos soluta se destmye a sí misma. Al menos, En cualquier caso, no se frata de un re- y en los árabes, sobre todo cuando son habría que dejar de tolerar la intoleran- celoso alegato contra la inmigración, islámicos. Es decfr, existe un rechazo, cia. Pero esta exigencia se desvanece sino una advertencia confra la inmigra- indeseable e incompatible con los princuando la tolerancia es exigida sólo a ción frenética y descontrolada que. cipios liberéiles, pero quizás explicable cuando tiene por objeto a quienes exhiuna parte, mientras la otra, haya sufrido un agravio en el pasado o finja haberlo recibido, carece de obligaciones. Cuando la tolerancia rebasa sus límites, deja de serlo pfira convertirse en autodestructiva claudicación o en cobarde derrota. El multiculturalismo, última perversión del relativismo cultural, enfraña la desfrucción de la tolerancia y con eUa, la quiebra de la sociedad pluralista, abierta o liberal. El multiculturalismo, tal como ha Uegado a proponerse en Es- tados Unidos y que, fatalmente, termina El mejor Landero, sabio y sincero, por llamar a las puertas de Europa, no penetrante y emotivo, en historias debe confimdirse con el pluralismo ni amenísimas que reivindican la siquiera con la defensa de unos pretenliteratura como necesaria didos derechos culturales. Incluso cabría decir que el pluralismo, más que educación sentimental. un bien en sí mismo, es la consecuencia sOtJETS normal de un bien: la libertad. EUa es el bien, y la variedad de las condiciones vvv v. tus uet. s- editores. es sólo su consecuencia natural. Cierta 1 mente, cabe esperar bienes de la variedad de las condiciones, pero la homogeneidad social sólo es un mal cuando es 7 de abril de 2001 P Luis Landero Entre líneas: el cuento o la vida -uÁ ABC CULTURAL 21