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DOS ANTOLOGÍAS CLASICAS lectiva o global: de ser así, no sé hasta qué punto no habría que tratar de elucidar la relación entre discurso estético y paranoia. Pero de nada de lo que hasta aquí se ha referido se deriva responsabilidad alguna del editor del apéndice (que dice lo que otros dijeron) ni estética o teórica, ni- por supuesto- histórica. Es cuando ese hipotético nuevo lector o estudioso de la antología pretenda formarse una opinión sobre el fenómeno novísimo en su entorno cronológico (1970) o investigar sobre la recepción de una antología que tanta y tan variada controversia ha alimentado durante tres décadas, cuando verá que los textos incluidos en el Apéndice (doce de los dieciocho) no aparecen íntegros sino abreviados, y que unos puntos suspensivos, sin corchetes, y no siempre, son la única señal de semejante labor de edición. No nos dejan, pues, libro y editor más opción que prescindir de dicho apéndice, puesto que no reproduce fielmente la totalidad de los textos y por lo tanto, se invalida su posible virtud de ser muestra representativa de la recepción de la obra. Podría pensarse que los cortes se justifican, pues no se trata de ser exhaustivos, o de repetirse, o de ocupar más páginas de las precisas, etc. Ninguna de estas u otras justificaciones devuelven a la selección de textos críticos la credibilidad de ser documento veraz, ni siquiera- como dije- que se mantengan insultos de carácter personal. Indiferentemente de la extensión original de los textos, todos (excepto las dos cartas, las declaraciones de UUán y dos noticias sobre la antología) han sido adelgazados. Queda, pues, comprobar en qué medida, con qué intención o en qué partes. De entrada no deja de tener su punto, casi sadomasoquista, el hecho de que el primer documento recogido sea el informe del censor de aquellos tiempos, quien sugiere la supresión de los pasajes señalados en im oñcio en papel estatal que dejaba una línea para la fecha, dos para el título de la obra que se revisaba y tres o más líneas para la referencia a las páginas inconvenientes; como testimonio, no por sabido menos merecedor de recuerdo, no está mal, pero cuando a esto siguen las palabras de otros autores (José W Sala, Rafael Conté, Juan Antonio Masoliver Rodenas, José OUvio Jiménez, Gaspar Gómez de la Serna, Félix Grande, etc. a los que, treinta años después, no un censor político ni moral sino el interés cultural personal les niega expresar la totalidad de lo que, por otra parte, en su día (1969,1970 ó 1971) sí pudieron expresar, un escalofrío histórico, filológicoy humano debe- queramos o no- sacudirnos. Claro que también podríamos entender esta nueva práctica censoria como ima provocación, un revival de aquel espíritu lúdico, ingenioso o tan sofisticadamente vanguardista que se tuvo a bien tomar como bandera de aquellos nuevos tiempos: es decir, podría entenderse todo como una provocación- ima más- del antologo catalán, como reflejo ahora de que su postura estética respecto de la antología no ha cambiado, como prueba de la fuerza de sus argumentos o de su razón, o como estrategia comercial- publicitaria según patrones del año 2001. ¿Qué es lo que ha sido eliminado de 12 ABC CULTURAL José María ilvaroz los artículos críticos incluidos en el ya rico al que aludí, las interrogaciones- me temo- tan famoso apéndice? Alguna acerca del compromiso político o sobre información redundante o ya muy sa- la pervivencia del surrealismo, etc. Es bida (en un caso) acerca de la nómina de decir, más de la misma horma. Pero poetas y fechas de nacimiento, y un pa- quizá aquí sea todavía peor: Félix réntesis retórico (en el capítulo de Félix Grande, al fin y al cabo, glosaba en alguGrande) son, estrictamente hablando, los nas de sus páginas las acusaciones vertidos únicos cortes practicados que no in- das ya sobre poetas y antología (como la cluyen información de carácter estético. de la deserción ante la realidad cosa En las demás ocasiones, el editor del que, al practicarse hábilmente los cortes Apéndice actúa como si estuviese de- pertinentes, puede terminar leyéndose batiendo, en igualdad de fuerzas- cosa como una defensa- Grande ya entonces que no es cierto- con los autores y rese- eludía explícitamente polemizar más ñistas. Veamos algunos ejemplos. con CasteUet- del antologo, una defensa En el artículo de José M Sala Caste- en la pluma de uno de los nombres que, Uet y los poetas de la coqueluche (La para algunos, bien pudiera haber forVanguardia, 21 5 70) falta- y no se in- mado parte (de no ser por la fatalidad de dica- todo el párrafo inicial, se elimina la haber nacido en 1937 y no en 1939) de la nómina de poetas (éste es imo de los cor- selección de poetas seniors (Vázquez tes justificables antes citados) y en tercer Montalbán, Martínez Sarrión y Álvarez) lugar, se elimina lo referente a la des- que abría la antología... preocupación hacia las formas tradicioPuede, como ya he escrito, que todo lo nales que CasteUet daba como signo ge- aquí señalado no sea más que provocaneracional, pues Sala trata de los prece- ción. De ser así este artículo es respuesta dentes de tal actitud en la poesía es- y, consecuentemente, primer artefacto pañola; también se eliminan las colisio- publicitario del quehacer novísimo de nes entre los novísimos y la poesía social CasteUet. Es riesgo que siempre debe o incluir nombres- precedentes estéti- asumirse en la crítica literaria. Estos cos- como los de Cernuda, Aleixandre, nuevos Nueve novísimos triunfarán Ricardo Molina o GU de Biedma. como libro tanto como aquellos de 1970, En el artículo de Juan Antonio Maso- seguro; en esta ocasión, el libro incluye liver Rodenas, reseña del libro en La el prólogo programático o manifiesto oriVanguardia (12 11 70) de nuevo tres cor- ginal, firmado por CasteUet, y un epítes: uno sobre el enfrentamiento con la logo, también a él debido directa o indipoesía social y donde el crítico señala que rectamente, en que con imperdonables la generación anterior a los novísimos- ni aun siendo lúdicas- maneras hace es, en puridad, la de los 50; otro sobre la decir a todos (los que en su día defendie- Vicente Molina Foix ESTOS nuevos Nueve novísimos poetas españoles de José María CasteUet triunfarán como libro tanto como aquellos de 1970, seguro libertad formal y sus precedentes; y un ron y los que atacaron la antología) justatercero donde se hablaba ya de genera- mente lo que él quiere, hoy, en el año ción del 69 o de los setenta y de poetas 2001, que digan. Lo que él dijo en 1970: esbonnie and clyde (o Jekylly Hyde, podría- tos poetas representan ima ruptura, no mos decir ahora) sin ninguna vincula- cometen dejación alguna respecto del ción con el compromiso político. compromiso ético y político del escritor El artículo de José Olivio Jiménez, y sobre todo, no tienen precedentes van Nueva poesía española (1960- 1970) el guardistas españoles de ningún tipo ni, más largo, aparecido en ínsula (noviem- por otra parte, pretenden acabar con sus bre de 1970) y que analiza el contexto poé- padres editorisdes, aquéUos que serían tico y antecedentes de los novísimos, denominados y que sé autodenominaqueda reducido a un cuarto- aproxima- rían Escuela de Barcelona. El ordago está damente- de su extensión y, de nuevo, se echado, pues de lo que aquí se trata ya no eliminan todas las cuestiones relativas a es de defender opciones estéticas sino de la generación del 50, muestras culturalis- elevar a la Historia de la Literatura Espatas de la época (Crespo, Barral, Ferrán, ñola una antología (no a los poetas inFeria, etc. Rosales, y todo lo que pone en cluidos) y el nombre de su autor, un procuestión el concepto de ruptura enim- ceso que bien tiene su paralelo en la operación de la Escuela citada y que, a ciado por CasteUet. Del texto de Gaspar Gómez de la juzgar por sus últimos esfuerzos, mejor Serna, Los Nueve novísimos de J. M. hubiera sido que todos los interesados CasteUet y algunos problemas del oficio hubiesen cedido el paso al juicio del (Arriba, 10 1 71) de nuevo lo que atañe a tiempo y de la historia de sus lectores, y la relación o no con la. poesía social, rup- no provocar- y menos con artes de tura, educación extranjera de los novísi- sesgo- im reconocimiento concebido en mos y un elogio finad de la lengua en la laboratorio y que, como todo, tarde o poesía española son los asuntos que de- temprano, caerá en el olvido. No puede dejar de sorprendernos ni de preocuparsaparecen. Y, por último, del capítulo de Félix nos la tentación- y la impaciencia- que Grande, Poetas novísimos, vieja confu- quienes por sí mismos pasarán a la histosión texto que parece cerrar esta selec- ria literaria desvelan en circunstancias ción crítica (dispongo, a día de hoy sólo como ésta: querer escribir la historia, de de im juego de pruebas de imprenta in- puño y letra, sin firma, pero como decompleto de estos Nueve novísimos para sean que sea escrita. escribir este artículo, y no del libro ya impreso) se elimina el paréntesis retóJosé Francisco Ruiz Casanova 24 de febrero de 200 J Antonio Martínez Sarrión Félix de Azúa