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LXXV ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE ANTONIO MAURA El próximo miércoles se cumple el setenta y cinco aniversario de la muerte de Antonio Maura (1853- 1925) Con artículos de Gonzalo Anes, María Auxiliadora Barrios, Juan Pablo Fusi, Pedro Carlos González Cuevas y Ramón Pérez- Maura, ABC Cultural recuerda a uno de los políticos más decisivos de la historia de España aura y la política Juan Pablo Fusi Aizpúrua UANDO Unamuno regresó a Madrid, tras años de ausencia, en marzo de 1914, escribió, para un periódico de Buenos Aires, que Maura era el hombre más respetado, más admirado, más venerado de España, lo que atribula a la intransigencia de Maura, y al rechazo por éste de lo que Unamuno definía como la electorería y politiquería de los políticos de oficio. Añadía Unamuno que a Maura se le tenía por místico e intransigente (razón por la que Maura le gustaba, hecho insólito a la vista de la despectiva ferocidad que Unamxmo sentía hacia a la clase política española) Este hombre- escribiría Ortega después, en 1925, a la muerte de Maura, hombre con el que nunca congenió- ha sido, a mi juicio, el único político que ha habido en España en los últimos cuarenta años Ortega quiso decir que Maura fue a la política en serio: para ofrecer desde el poder proyectos sustantivos a la nación. Y en efecto, Maura representó el regeneracionismo conservador tras la derrota del 98. Al menos, fue bajo su liderazgo- Mam- a dirigió el Partido Conservador desde finales de 1903, tras la renuncia de Silvela (antes militó en el Partido Liberal con el que fue ministro en más de una ocasión) y gobernó, primero en 1904, y luego en 1907- 1909- cuando la regeneración política del país devino una posibilidad real. Maura, hombre de profundas convicciones jurídicas y religiosas, de gran autoridad moral y personal, enérgico y arrogante, de frases brillantes y contundentes, encarnó en aquella coyuntura- tras el 98, en la nueva etapa que supuso el reinado efectivo de Alfonso XIII a partir de 1902- la oportunidad de una revolución desde arriba que, desde su perspectiva, equivalía a la creación de un Estado fuerte y capaz de gobernar, que reformando la Administración Local (idea de Silvela) terminase con el ca ciquismo y articulase la sociedad en partidos fuertes y apoyados en la opinión, que él pensaba era mayoritariamente conservadora y católica (y en Cataluña, catalanista: Maura, que sintonizó siempre bien con Cambó, el líder parlamentario del nacionalismo catalán, confiaba en que la reforma de la Administración Local y Provincial integrara al recién aparecido regionalismo catalán en el sistema) o en otras palabras: movilización política de las clases neutras, sinceridad electoral, voto obligatorio, autonomía municipal, posibili 9 de diciembre de 2000 dad de reconocimiento de la región, reactivación del Parlamento, intervencionismo estatal, apoyo decidido a la producción nacional (a lo que se añadía una concepción autoritaria del orden público y una especial sensibilidad hacia los valores e intereses de la Iglesia) Especialmente en su gobierno largo (1907- 1909) Maura gobernó con energía y determinación entonces inusuales. Llevó al Parlamento centenares de leyes, proyectos y reformas: una nueva Ley Electoral (1907) la reconstrucción de la Escuadra, la Ley de Colonización Interior, legalización de la huelga (1908) creación del Instituto Nacional de Pre, visión y de los Tribunales Industriales, la Inspec ción del Trabajo, reforma de la justicia municipal, creación de sindicatos agrícolas, medidas sobre marina mercante, industria naval y comunicacioV nes marítimas... Su proyecto de Ley de Represión del Terrorismo (1908) provocó un amplio movimiento de rechazo. La Ley Electoral d 1907 y el proyecto de reforma di la Administración Local, tamí) i ii de 1907, las piezas clave de la n i tu ración política, suscitaron l u il mente gran oposición. La Ley E! lo ral introducía el voto obligatorio, encargaba al Tribunal Supremo el examen de las actas electorales y establecía que en los distritos electorales donde no se presentasen más candidatos que los asignados por la ley, éstos resultasen automáticamente elegidos. La reforma de la Administración Local, la ley de descuaje del caciquismo como la Uamó el propio Maura, quería modificar las funciones de los Ayuntamientos y la elección de alcaldes y concejales (para lo que introducía el voto corporativo) y contemplaba la creación de mancomunidades regionales entre provincias. Maura no pudo concluir su revolución Dimitió el 29 de octubre de 1909, antes, por ejemplo, de que se aprobara su ambicioso proyecto de reforma de la Administración Local. El Rey le retiró la confianza a la vista Bi Antonio Maura en 1912 de la reacción internacional provocada por la ejecución, el día 13, en Barcelona, de Francisco Ferrer Guardia, un pedagogo anarquista de larga trayectoria revolucionaria al que un tribunal militar condenó, sin evidencia jurídica, como responsable de los sucesos de la Semana Trágica, una oleada de disturbios que habían sacudido por unos días la capital catalana (a partir del 26 de julio de aquel año) contra el envío de tropas a Marruecos y que había dado lugar a actos de violencia anticleri- cal, con un balance de un centenar de muertos. Pero Maura galvanizó (y en buena parte, cambió) la política española: su éxito obligaría al propio Partido Liberal a adoptar políticas concretas y sustantivas y a buscar un liderazgo renovado y moderno (Canalejas) Maura no logró, con todo, regenerar el sistema. Inutilizados los partidos monárquicos como instrumentos de gobierno por su propio faccionalismo interno, ningún partido logró, entre 1914 y 1923, la mayoría necesaria para gobernar. La inestabilidad gubernamental se hizo endémica. El mismo Maura gobernaría fugazmente en 1918, 1919 y 1921. El golpe militar de 1923 del general Primo de Rivera fue, así, resultado de la crisis política que el país vivía desde más o menos 1913 (algo a lo que contribuyó el propio Maura al negarse, ese año, a turnar con los liberales) Pero Maura mostró lo que España, el régimen monárquico de 1876, necesitaba ira superar el sistema de olí caciquismo en que la 111) 1 nica naufragaba y evolucionar li u 11 una monarquía parlamenta 111 moderna: liderazgos políticos III (1 K (iitibles, partidos fuertes, ma i 11- -parlamentarias auténticas y homogéneas. De haber existido- algo ni improbable ni imposible- el régimen español pudo haber evolucionado, como evolucionaron en aquellos mismos años otras monarquías europeas. De ahí, la trascendencia del golpe de Primo de Rivera pese a ser tan bien recibido por la opinión, gravedad que Maura comprendió inmediatamente: intuyó enseguida que la Dictadura traería la República, y la República, la Guerra Civil. Juan Pablo Fusi es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid. La autobiografía del mítico director de escena. HILOS DE TIEMPO Peter Brook Siruela ABC CULTURAL 19