Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
VIGENCIA DE ORTEGA Organizado por el Centro de Estudios Orteguianos de la Fundación José Ortega y Gasset, se celebrará la próxima semana en Madrid, desde el día 15 hasta el 17, un Congreso Internacional en torno al filósofo español. En el aniversario de La rebelión de las masas, Misión de la Universidad y La deshumanización del arte, prestigiosos especialistas debatirán sobre la vigencia de su pensamiento IGNACIO SANCHEZ CÁMARA A rebelión de las masas de Ortega y Gasset, uno de los tres libros más difundidos de la historia de la cultura española, es además, si no me equivoco, uno de los más inteligentes del siglo. Es quizá también imo de los ensayos que han sido más tergiversados e incomprendidos. Se trata de un diagnóstico sobre las causas filosóficas y morales de la crisis europea y en general, de Occidente. No consiste, por tanto, en un libro político, aunque también se ocupe, entre otras muchas cosas, de política. Ni la palabra rebelión ni la palabra masas poseen un sentido político, sino social, antropológico y moral. La politización del libro y de su autor, su interpretación en clave política, ha sido la vía regia hacia su incomprensión. Según Ortega, toda sociedad se encuentra constitutivamente formada por una minoría selecta o ejemplar y una masa dócil o vulgar La raíz de este hecho se encuentra en la existencia de dos formas antagónicas o tipos ideales opuestos de vida: la noble, caracterizada por el esfuerzo y la excelencia, y la vulgar, caracterizada por la mediocridad y la inercia. La minoría selecta es el conjunto de los hombres nobles, y las masas están formadas por el hombre vulgar En toda sociedad ha habido, hay y habrá, hombres- masa. Lo peculiar del momento europeo que el pensador diagnostica, en el crepúsculo de la década de los veinte, en la hora de su madurez, es la rebeldía de las masas contra la ejemplaridad y la excelencia de las minorías. Se trata de una rebelión vital y, por tanto, moral. Lo que Ortega describe y censura es la pretensión de los peores, vital, moral e intelectualmente, de imponerse sobre los mejores, fenómeno que, en el caso de que triunfara, sólo podía conducir a la crisis espiritual de Europa. Hay quienes sólo leen de los libros el título y las solapas, o quienes los leen bajo los anteojos de sus prejuicios o de los tópicos vertidos por algún comentarista o recensor Y, claro, se enteran más bien de poco. El ensayo de Ortega nada tiene que ver con los temores de la burguesía ante el avance del comunismo sino que anticipa un género que ha terminado por hacer fortuna: el ensayo crítico 11 de noviembre de 2000 sobre la degradación de la cultura a manos de la democratización y del igualitarismo mal entendidos. El prototipo del hombre- masa no era, para Ortega, el marginado o el obrero no cualificado sino que, por el contrario, se encontraba entre los profesionales- científicos, profesores, médicos, ingenieros o periodistas- que proyectaban en todos los ámbitos de la realidad social la seguridad que obtenían de su sabiduría estrechamente especializada. La rebelión de las masas va unida a la barbarie del especialismo El hombre- masa es un bárbaro que no nos amenaza más allá de nuestras fronteras sino que habita entre nosotros y aspira a entronizar la barbarie en el seno de una vieja civilización. Su psicología es la del niño mimado, la del señorito satisfecho, superficial, que pretende tener sólo derechos y ninguna obligación, y que desprecia todo aquello que ha hecho posible la civilización y el progreso bajo los que vive. Quienes pensaron- no debieron de leer el libro- que las masas eran el conjimto de los proletarios y que la rebelión era un fenómeno político, no podían entender nada y lo poco que podían entender sólo podía desagradarles. Quizá no alcanzaron a comprender los perfiles de su propio retrato. Pues precisamente la politización absoluta de la vida y la opción a favor de la hiperdemocracia eran características del hombre- masa, -v, es decir; de ellos. 5 No era extraño iíOíllbrt it que el retratado se rebelara contra H. UIUKÍ el retrato y contra Srño: n, L el retratista. Tam, poco era imposipfi ít IUJi Ui ble que alguno de n; rm- i ellos se apre: -w, surara a percibir en el ensayo una más o menos velada defensa del autoritarismo o del fascismo. Y lo cierto es que el libro tenía consecuencias políticas, pero no precisamente ésas. Por el contrario, constituye una defensa de la democracia liberal frente al acoso de los totalitarismos fascista y comunista, movimientos políticos representativos del hombre- masa, que aborrecían el parlamentarismo, la libertad y los mecanismos civilizados de la democracia representativa, y propugnaban la acción directa y la violencia. ¿Podía tener algo que ver con el fascismo un libro que albergaba un extenso capítulo bajo el rótulo El mayor peligro, el Estado Pasó con el célebre ensayo algo muy parecido a lo que sucedió con su artículo Democracia morbosa incluido en el tomo II de El Espectador. Nada había en él que se opusiera a la democracia política. Lo que aUí, como en La rebelión de las masas, se contenía era una advertencia contra los riesgos de la democracia frenética, de la extensión del principio democrático más allá del ámbito de la política, al conjunto de la vida social toda. Lo que era, y será siempre, morboso, es la democracia en arte, ciencia, religión, en las reglas del trato social y en las formas del sentimiento, en suma, en todo lo que ni es ni puede ser política. Hoy, setenta años después de su publicación, podemos preguntarnos por el destino de sus análisis y advertencias, podemos indagar si el fenómeno subsiste, si ha concluido por triunfar, o si, por el contrario, las masas han renunciado a su rebelión y han regresado a la docilidad. El asunto merecería más espacio que el de esta breve nota, pero, sin justificar ahora mi tesis, me permito conjeturar que lejos de haberse sofocado la rebelión, en gran medida ha triunfado, pese a que í, sus consecuen cías políticas sí íLl c í h; d M hayan sido, por 4 fortuna, derro tadas. Los efecTiicn ii- K úuí s rebe, lión triunfante M uortKUUN V 0 al menos, no Si, T, sofocada, son el relativismo cultural y moral, la degradación de la educación y de la cultura, la crisis de la Universidad, el politicismo y la hiperdemocracia, en suma, la barbarie que coexiste junto a las más grandes y elevadas producciones del espíritu. Quizá baste asomarse a la televisión para comprender en qué medida vivimos bajo el influjo de la rebelión, o incluso bajo el imperio, de las masas. Análisis como los de Alain Finkielkraut, Alian Bloom, Alasdair Maclntyre o George Steiner, entre otros, sobre la crisis de la cultura contemporánea, se encuentran muy próximos al espíritu de la obra de Ortega. Recientemente, Christopher Lasch pretendió dar la vuelta a la tesis orteguiana en su libro La rebelión de las élites y la traición a la democracia. En él, sostiene que en nuestro tiempo, son las élites las que se desentienden de su responsabilidad social para dedicarse a lo suyo, traicionando así tanto su misión como las exigencias de la democracia. Para él, la principal amenaza no procede ya de las masas sino de quienes se encuentran en la cima de la jerarquía social. Sin embargo, cabe preguntarse si estos que han alcanzado la cúspide de la jerarquía social no son precisamente los más conspicuos representantes de la masa, si no constituyen la última evidencia del triimfo social de las masas. Abdican de su obligación, tal vez porque piensan que sólo tienen derechos y, entre ellos, el de dedicarse a su capricho o interés personal. El ensayo de Lasch más me parece una confirmación que una refutación del de Ortega. La rebelión de las masas, sobreviviente hoy e incluso triunfante, se manifiesta en la pretensión de destruir o negar toda excelencia, abolir la vigencia de los deberes y conducir a la degradación cultural y moral y a la crisis de la educación superior M Ignacio Sánchez Cámara es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de La Coruña. ABC CÜLTUR- 4 L 17