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NARRATIVA RAMÓN REBOIRAS día de los enamorados Alianza. Madrid. 2000. 182 páginas, 1.900 pesetas. A ciudad, de día y de noche, es una inmensa fábrica de solitarios. Madrid, como dijo Dámaso Alonso, sigue teniendo un millón de muertos al menos: gente que entra y sale de las tabernas, de los sex shops, de los clubes; gente que frecuenta la sección de contactos o que busca, en la Casa de Campo, un orificio de placer donde vencerse con urgencia, con más desesperación que ternura. Ramón Reboiras lanza una vasta mirada sobre ese Madrid existencialista, le confiere aliento mítico, y sitúa en él a un puñado de criaturas que si no está muerto podría parecerlo: son seres del espejismo, desarraigados y obsesivos hasta lo enfermizo, seres que buscan cualquier destello- un estremecimiento, un sueño, un artefacto sexual o una prostituta de lujo- para volver a la vida. El joven escritor Fitzgerald, dependiente de un establecimiento de productos eróticos, escribe una novela de amor y muerte. Organizado alrededor de una simultaneidad de planos que no chirria ni despista, leemos el libro y otros fragmentos de su diario. Por sus páginas transitan un vigilante del Museo del EVado de las salas de Goya, conmovido por el misterio de El perro enterrado en la arena, cuyos ladridos oye por la noche como si el can espectral retornase del desierto: un profesor de arte, embutido en una gabardina, que visita cada día los cuadros como si quisiera arrebatarles un nuevo matiz, un inédito fulgor, acompañado siempre de una bellísima muchacha. Y también hay un desganado policía, Rosas, que en medio del naufragio del Atlétlco de Madrid, se consuela recordando a su padre y los memorables partidos del brasileño Luiz Pereira a mediados de los 70. Con esos personajes, y otros dos más que tienen un papel complementario, de secundarios de mérito (un viajante de ferretería y el forense Arsenio Rodríguez) compone Reboiras un mosaico de voces y ecos, un homenaje al poder de la literatura y a la fuerza dramática y oscura del amor que es antídoto y a la vez pasaporte a la muerte. La muchacha que acompaña al profesor Oresles Bayona es Olga, una puta llegada del frío que niega su propio pretérito y que está de paso. Olga es el elemento de unión de esta novela simbólica de silencios y desamparos, de dolor de vivir y ocultación: todos a su manera la aman, la poseen, sufren por su mudez, por su distancia, por esa frialdad letal que es el envés de su belleza, torrente de perdición para sí misma y para quienes la adoran. Olga, la femme fatale de esta novela negra, es el núcleo de santidad y lujuria que desencadena el huracán que nos sirve Reboiras en 16 ABC CULTURAL L forma de puzzle o de laberinto de noches, recuerdos, erotismo, ensimismados y asesinos: las piezas se superponen, la esquiva y compleja personalidad de sus criaturas, esos destinos trágicos y absurdos que encierran- en cada confesión, en cada acto más o menos grotesco, en la angustia- el heroísmo silencioso de estos desesperados o expertos en tinieblas, cazadores de sombras como lo fue Goya. El día de los enamorados, título a su vez de la novela que ha compuesto el joven escritor Fitzgerald, es también una exhibición de talento, de referencias culturales cruzadas, de continuas sorpresas que hacen que el interés del lector no decaiga en ningún instante. Hay hermosas secuencias de amor (Rosas y Olga en su último encuentro, negándose ambos; Olga y el vigilante del Prado en medio de un tenso clima cercano al canibalismo; Rosas y Orestes Bayona en la morgue recordando a la extranjera sublimada) una irreparable melancolía, diálogos de buena factura y una clara propuesta de metaficción, pues no sólo estamos hablando de un libro que habla de otro libro y lo muestra con sus costuras, sino de gran cantidad de puntos de vista, de un argumento tenso pese a su equívoca dispersión, de procedimientos narrativos servidos con brillantez y eficacia: el monólogo, la confidencia, el diario, la elipsis medida, la certidumbre de que el sueño es tan potente como la realidad y se alza en medio de ella y, en cierto modo, la reemplaza. En una vuelta de tuerca muy lograda, la ficción y la verdad se entreveran con un resultado inesperado que constituye una airosa salida a una novela hermosamente escrita, violenta y lírica, e inquietante en cada una de sus páginas porque nos habla de la posesión, del sexo, de la soledad, del arte, de la incomunicación y de todo aquello que nos atrae y nos atrapa, y nunca sabemos bien por qué. Antón Castro Ficción y realidad de la miseria viscerales, abocados a la creación de per- suerte de non- fiction writing, pan mesonajes y de historias que alcancen a do- moir. parí reportage, parí síory, como setar de un sentido trascendente y dura- ñalan los editores, un género al que delidero al material que de otro modo no pa- beradamente pertenece la obra de Resaría de crónica efímera. Extraña verte, como en muchos sentidos la de cuadratura del círculo la que logra el Lawrence Durrell cuando crea inmenautor al hacer que laficciónnazca de la sos mundos deficcióninspirados en direalidad más incontrovertible, y que no minutos capítulos autobiográficos, al quepa otra solución más pertinente que tiempo que pergeña una guía por las isacudir a la novela en busca de las mim- las griegas trufada de literatura. bres con las que urdir la realidad. ConfeEstas tres novelas configuran tamsando en el prólogo que lo que le impre- bién, en muchos sentidos, una guia por sionó de estas tierras no fue la pugna los países de Centroamérica, y no hace ideológica y bélica que se libraba falta ser un lince para advertir que el obsino el sufrimiento que debían soportar jetivo primordial de Reverte no es el de las gentes comuguiarnos poi el paines y que eran saje geográfico, JAVIER REVERTE cosas que no podían sino por esos paicontarse tan sólo en Trilogía de Centroamérica sajes del alma de un reportaje, que Plaza Janes. Barcelona, 2000. los que nos hablaba requerían de la li601 paginas, 2.995 pesetas. Miguel de Unateratura el autor muno, aquí territode El sueño de rios del dolor, de la África (1996) no hace sino deslizar al miseria y el hambre, de la tiranía milipaso una declaración de principios por tar y la felonía política, de la obligada rela que la ficción literaria deviene mé- nuncia a la felicidad de los pueblos que todo de conocimiento. A gusto en las habitan esta Arcadia quimérica y tantas fronteras de laficción, y con el cahier de veces negada. Independientemente de la notes siempre a punto, Javier Reverte irregular calidad literaria de estas tres (disfrazado con las máscaras de sus tres novelas, reeditarlas parece un acierto, narradores omniscientes) podría muy porque los infiernos que su autor denunbien haber contribuido con un texto cia siguen hoy tan vigentes como en el suyo a la antología de relatos de viaje momento en que se concibieron los texque publicó Granta Books en 1991, en la tos, porque la solidaridad necesita de la que el reportaje y laficciónse trenzaban reincidencia, yfinalmenteporque al lecde la mano de autores como Paul The- tor se le brinda una nueva oportunidad roux- quien tan bien, por cierto, conoce de disfi tar de la prosa impaciente y efiNicaragua- James Fenton, Colín Thu- ciente del trotamundos madrileño. bron. Bruce Chatwin o Neal Ascherson, adscritos con todas las de la ley a una L viajero incansable y el narrador impenitente que habitan en Javier Reverte se dan la mano en esta Trilogía de Centroamérica, acertada reedición de tres novelas suyas escritas efectivamente con la pluma del escritor pero con el corazón del reportero, y situadas en la Nicaragua sandinista. Los dioses bajo la lluvia (1986) en esa Guatemala del genocidio indio, las guerrillas y la miseria del campesinado. El aroma del copal (1989) y en una Honduras trufada de pelícanos y de violenta incertidumbre. El hombre de la guerra (1994) Reverte comparte la insaciable curiosidad del reportero- el dato verídico, las descripciones de cartógrafo y la documentación histórica atravesando el texto- y la irrefi enable necesidad de narrar de los novelistas E Javier Aparicio Maydeu 11 de noviembre de 2000