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CINCUENTA AÑOS DE LOS POETAS DEL 50 José Ángel Valente, Claudio Rodríguez- del que publicamos un poema inédito coincidiendo con el primer aniversario de su muerte- Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Francisco Brines, Ángel González, María Victoria Atencia, Antonio Gamoneda y José Manuel Caballero Bonald, entre otros, forman la que, después de la del 27, es ya la segunda gran generación clásica de la poesía española del siglo XX. Por tal motivo, ABC Cultural repasa las claves de unas obras surgidas de unas circunstancias históricas comunes pero de un aliento poderosamente individual. De ese aliento es buena muestra la escritura de Valente en Material memorin, cuya palabra viva abre este homenaje: -Mientraspueda decir I no moriré. Mientras empañe el hálito I las palabras escritas en la noche I no moriré. I Mientras la sombra de aquel vientre baje I hasta el vértice oscuro del encuentro I no moriré. I No moriré. Ni tú conmigo La paradoja de las generaciones (izquierda a derecha: detrás, Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Ángel González, José Ángel Valente y Carlos Sahagún; en primera fila, Jaime Gil de Biedma. Alfonso Gostafreda, Carlos Barral y José Manuel Caballero Bonald. Collioure, 22 de febrero de 1959, en el homen e a AÍrtonio S P 1 j ONVENDRA recordar que tanto la escritura como la lectura- esto es, aquello sobre lo que se sostiene, y en último término es, la literatura- son actividades individuales, incluso de una intimidad tal que sitúan al individuo en una infinita soledad ante el texto y el lenguaje. Pero, dicho esto, no es menos cierto que en el complejo fenómeno que la literatura constituye hoy hay no pocos componentes que son eminentemente plurales y públicos; así, las obras se publican, generan nuevos discursos públicos- el de la crítica, el de la historiografía literariay piénsese en otros hechos como son los premios literarios, las maniobras por conseguir un lugar bajo el sol, ya sean de un autor, de un grupo de ellos, de las editoriales y sus departamentos de publicidad y marketing, etc. Éstas y tantas otras cosas van más allá de la literatura en cuanto texto, de la literatura como experiencia, pero, guste o no, forman también parte de que la literatura sea en nuestro tiempo- y no sólo ahora, de un modo u otro siempre ha sido así- la institución que es. En tal institución, y no sólo en el espacio de los estudios literarios, sino también en las concepciones y afanes de no pocos escritores, se ha ido imponiendo a lo largo de este siglo la idea de generación, promoción o grupo literario, y tanto que, si no ha desplazado- ¿cómo podría hacerlo? -a la singularidad de la obra y aun del escritor, al menos convive con eUas- y, ante las lamentaciones por tal situación, que no faltan, hay que anotar que no es esto algo que haya acontecido únicamente en el mundo hispano, considérense marbetes tan extendidos como generación perdida o el más reciente generación X si no las ha desplazado, decía, es verdad que en muchas ocasiones amenaza con oscurecerlas. Desde luego, en nuestro ámbito, el éxito de conceptos- o más bien expresiones- como generación del 98 o generación del 27 ha animado a tirios y troyanos a agruparse, muy en particular por lo que se refiere a poetas, en torno a algún estandarte generacional, y también a críticos e investigadores- preferiblemente alrededor de una fecha, como si convocase poderes mágicos o, al menos, tuviese más garantías de exactitud que otras denominaciones- a quienes tal metodología ofrece un cómodo instrumento de caracterización y explicación- de generalización- de la diversidad literaria. Pero hay que repetir una f! 22 rae 5 jiiK! i dfc 2 D 00 íi, io.i! sGr. (Ci; Er. üKAL