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NARRATIVA El último escritor yugoslavo DANILO KIS Penas precoces Traducción de Dragana B ic y María Angeles Alonso Zarza. Muchnik. Barcelona, 2000. 121 páginas, 1.600 pesetas. Danilo Kis (Subotica, 1935) uno de loa escritores balcánicos de más repercusión internacional, ha volcado en sus obras sus vivencias personales relacionadas con la historia de la ex Yugoslavia, de lo que es buena muestra Penas janecoces. Y I A era hora de que se publiI cara en España este libro melancólico, turbador y casi insoportablemente hermoso. Penas precoces es un conjunto de relatos cortos en los que se describe cómo un niño va descubriendo los abrumadores secretos de la vida y la belleza de la naturaleza en un pueblucho de la fértil llanura de la Voivodina antes y durante la Segunda Guerra Mundial. El corto tomo es el primero de una trilogía con la que el yugoslavo Danilo Kis (1935- 1989) se dio a conocer internacionalmente y cimentó su fulgurante aunque corta trayectoria literaria. Mediante una genuina mezcla de datos autobiográficos y ficción recrea en sucesivos y elípticos arranques narrativos su infancia, marcada por la desaparición del padre, en un rincón olvidado del desmembrado Imperio Austrohúngaro. Igual que su protagonista Andreas Sam, Kis había nacido en la Voivodina, concretamente en Subotica, una ciudad fronteriza serbohúngara. Hijo de padre judío y madre montenegrina, era bautizado a los cuatro años por el miedo de sus padres al creciente antisemitismo. En 1942, el niño fue testigo de la matanza de judíos y serbios de Novi Sad. Su padre se salvó de milagro del tiro en la nuca, porque los agujeros abiertos en el hielo del Danubio estaban atascados de cadáveres. Sin embargo, fue deportado dos años más tarde a Auschwitz, junto a gran parte de su familia. Kis sobrevivió a la guerra con su madre y su hermana y en 1947 fueron repatriados a Montenegro. La única cosa que llevó consigo eran unos cuantos documentos de familia, la base de su posterior reconstrucción del pasado. Esta misteriosa desaparición de gente, que constituye el núcleo de mi literatura, es un fenómeno crucial de la literatura del siglo XX afirmó Kis en una entrevista. Investigar ese mecanismo de desaparición en los 24 ABC CULTURAL sistemas totalitarios, tanto en el nazismo como en el estalinismo, le llevó a escribir primero la trilogía familiar, luego su famosa novela Una tumba para Bóris Davídovich (1976) o los relatos de La enciclopedia de los muertos (1983) Kis emprende en la trilogía una especie de búsqueda del tiempo perdido, y la compone de fragmentos desiguales, que oscilan genialmente entre realistas, grotescos y poéticos, tal como se lo dictan los recuerdos dispersos de la infancia. Sin caer en la emotividad barata ni recrearse en la falsa nostalgia, dibuja no sólo el cuadro de un mundo desgarrado por las convulsiones de violencia de la guerra, sino también el panorama de una época a punto de extinguirse en la Panonia multicultural, donde húngaros y serbios conviven pacificamente y la vida transcurre con un paso pausado y regulan El ciclo empieza según la cronología interna de la historia familiar- Kis la llamaba irónicamente el circo familiar -con el presente Penas precoces, si bien fue el segundo en publicarse (1969) ya que cuatro años antes había aparecido Jardín, ceniza. Esta segunda parte se centraba más en la figura mítico- imaginaria del padre, Eduard Sam, mientras que en la primera el protagonista indiscutido es Andreas Sam, un chico de ocho o nueve años. Se cerraba el ciclo- que, por cierto se publicará entero en Muchnick; para fin de año está previsto la edición de Jardín, ceniza- con el magistral El reloj de arena (1972) donde confluyen los cabos sueltos de la enmarañada crónica y todas las partes del puzzle se ordenan en una imagen coherente de la pasión y final desaparición del esperpéntico funcionario de ferrocarriles judío Eduard Sam. Contrario a lo que se podía esperar, Kis evita en Penas precoces todo dramatismo y mantiene la distancia irónica, con un infalible sentido del humor y de lo patético, mientras las desgracias se suceden una tras otra. Y así resulta completamente creíble, ya que el niño no es consciente de la envergadura histórica de lo que está viendo. Este niño que se conmueve ante la belleza de un prado ¡Señor, qué impotente me siento ante estas flores! y que se identifica con su perro- a cuya biografía, narrada por el perro mismo, está dedicado otro delicioso relato. Detrás de esta supuesta inocencia de la mirada del joven héroe se esconde, sin embargo, algo muy poco inocente: la pérfida habilidad del autor de hacernos ver DETOAS de la supuesta inocencia de la mirada del joven héroe protagonista del libro se esconde, sin embargo, algo muy poco inocente: la pérfida habilidad del autor de hacernos ver con otros ojos DanlioKis con otros ojos. Así, de paso, aprendemos, por ejemplo, con qué naturalidad cambia el ser humano de la normalidad a la depravación, en el breve relato titulado Progrom donde el autor sale momentáneamente de la piel del Andy Sam niño, para comentar lacónicamente y en retrospectiva el saqueo de la tienda de un judio: El deseo de no dejar pasar un suceso en que estuvieron inmersos más o menos todos los conocidos de mi calle, así como mi secreta intención de desemarañar el ovillo de todos esos sucesos en que últimamente se ha enredado mi vida me han llevado a acompañar valientemente a la muchedumbre de aquellos que corrían sin aliento y me han arrastrado con ellos La delirante escena, que más tiene de un desmadre carnavalesco que de un acto van- Premio Anagrama de Ensayo CARLOS MONSIVÁIS ALBERTFORMENT Aires de familia José Martínez: la (Cultura y sociedad epopeya de Ruedo en América Latina) ibérico Ganador n Finalista ANAGRAMA dálico, toma un giro verdaderamente sardónico, cuando una mujer de buen corazón (hay que prestar atención a los detalles de Kis) le regala al niño una lata de espaguetis de su botín. Todavía mucho tiempo después segui apretando esa lata en mi regazo, sin saber que hacer con ella. Sin tener el valor ni para tirarla, ni para llevármela a casa. Miraba horrorizado al señor Antón, aduanero, que estaba subido a un barril y tiraba confeti El escritor húngaro István Eórsi recuerda que un día a principios de los años ochenta, en una visita a su piso parisino de la Rué de Tesson, preguntó a su amigo Danilo, por qué no volvía a Belgrado si tanto añoraba su patria y que Kis le contestó que no soportaba el odio que había entre serbios y croatas, entre eslovenos y albanos. Kis ya entonces, a pesar de las apariencias apacibles, intuía, avezado por su experiencia con el nacionalismo y antisemitismo en su infancia, que tarde o temprano estallaría de nuevo el barril de pólvora del nacionalismo. Estos se matarían entre ellos- sentenció- yo soy el último escritor yugoslavo Pues sí, y uno de los más grandes. Cecilia Dreymüller 20 de mayo de 2000