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I L TEATRO POESÍA a memoria del teatro En la sombra del mundo EHEMENTE y dionisiaco, en lo que tiene de impulsivo, instintivo y extático; desesperadamente existencial, en lo que tiene la vida de palmario y vanidoso acto de existir; epicúreo, en lo que su escritura tiene de refinado egoísmo, de acto sugeridor de la condición personal y espiritual de la experiencia; contenido y cruel, y a la vez, poseedor de una fuerza cuyo brillo más que reflejar, ciega la vida; despierto en el sueño, lúcido, testimonial y críticamente descriptivo; despiadadamente real y cercano; semillero de contradicciones en un mundo lüoso -adjetivo recurrente en sus poemas- que en su doble acepción reafirma el carácter áspero y astroso, inútil y vano de las verdades establecidas y de las grises esperanzas; descarnado e insidioso. Así se muestra Bruno Mesa (Santa Cruz de Tenerife, 1975) nacido el dia de Todos los Santos y desterrado a las puertas del purgatorio en este su primer libro, El laboratorio, ganador del XII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe a la Joven CRISTINA SANTOUfllAídir. Pipirijaina. Historia, antobgfa e índices Centro de Documentación Teatral. Madrid, 2000. 312 páginas, 3.000 pesetas. V BRUNO MESA Biaboratorio. 1995- 1999 XII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe Joven Creación. Visor. Madrid, 2000. 76 páginas, 800 pesetas. A historia del teatro no es sólo la historia de los espectáculos (como podríamos creer llevando a sus extremos más exagerados los postulados de la estética de la recepción) ni siquiera la de los textos escritos o sus autores (como pa- recería según se desprende de numerosos estudios filológicos) Nada es excluyante, y también es posible considerar que una parte importante del teatro se desarrolla en las relaciones de los creadores entre sí, con la sociedad, con sus intereses, con sus deseos, con sus realidades... con todos esos aspectos que surgen inevitablemente cuando se entiende el teatro como un arte colectivo por necesidad, afectado a la fuerza por una sociedad y unas gentes con las que empatiza, a las que se enfrenta o simplemente a las que pretende ignorar. De ahí que el teatro sea o esté también en toda una serie de elementos que se entrecruzan, que inciden los unos en los otros, y que es preciso atender para entender el teatro y su historia con un sentido más profundo o, al menos, más amplio. La historia del teatro está también en las revistas. Este comentario se encabeza con una referencia a la revista Pipirijaina, pero igualmente podría hacerlo con Primer acto o El Público. A las tres, el Centro de Documentación Teatral, que con tanta eñcacia dirige Cristina Santolaria, ha consagrado sendos estudios de Historia, antologia e Índices- y están previstos los de Yorik (1965- 1973) y Teatro (1952- 1957) que en el caso de Primer acto comprenden sólo el periodo 1987- 1998, ya que en 1991 se publicó el primero de estos trabajos, consagrado a los treinta primeros años de la revista (1957- 1986) y que entonces dirigió Moisés Pérez CoterUlo. Precisamente es el recuerdo del desaparecido Moisés Pérez CoterUlo el que sale también beneficiado de esta empresa. Él file el creador de la combativa Pipirijaina (1974- 1983) y, como se dice en la dedicatoria de este volumen, le imprimió su carácter Él fue también el impulsor de El Público (1983- 1992) gracias a la confianza del entonces director general de Música y Teatro, José Manuel Garrido. Sin su labor, y sin la del director y editor de Primer acto, José Monleón, la historia reciente del teatro español sería otra. Como dice Cristina Santolaria (refiriéndose en su caso a la estrecha vinculación entre El Público y el Centro de Documentación Teatral) no sabemos si mejor o peor. Los hechos sucedieron asi, y así hay que asumirlos Pedro Manuel Vfllora 12 ABC CULTURAL Bruno Mesa nació en Santa Cruz de Tenerife en 1975. Según explica en el prólogo, los versos que integran el poemario El laboratorio, 1995- 1999, nacieron de la literatura y del deseo prefiere el juego de la fábula. De eso avisa, al inicio del libro, la breve reflexión titulada A quien leyere donde alegando que los poemas nacen de la fuente oscura de la literatura y del deseo, se afirma que para su autor la poesía es una forma de mentira: Yo imagino al poeta como un hombre que en cada texto nos ofrece una máscara, un sueño y una mentira. Después de años de labor ese poeta descubre que la suma de todas las máscaras conforma su rostro, que todos los sueños crean una pesadUla que llamamos la vida, que entre todas las mentiras, al menos, puede existir una verdad Y sin embargo- dicho está que uno de los signos de este libro nace de la contradicción- la dignidad de lo escrito se concede no al poeta que en ellos habla y se muestra sino al hombre que se esconde detrás de cada verso recurriendo a la ya célebre cita de Montaigne para acertar a decir que él mismo es la materia de su libro. Lector culto y voraz, su herencia literaria es más que evidente, tanto que a veces, sus otras voces acallan la suya propia por fuerza de la tópica simbólica y recurrente. La suya es una poesía tejida de elementos literarios, culturales, e incluso filosóficos, expuestos sin timidez pero sin alardes, consciente de lo secundario de esa urdimbre, como si la esperanza estuviera en lo que de ella queda: Ahora eres ceniza tan real como antes Un ladrón que roba a la vida hasta la última gota de esperanza tan terco en sus deseos, como lo son los del que inventa pretextos para seguir soñando Como tal ficción, consigue su mayor logro: que ni el propio poeta sepa o pueda distinguir si lo dicho es real o imaginado. El personaje supera a su autor, un personaje creado a su imagen y semejanza ese joven que aprende en los libros a descifrar la vida y como él, en su reflejo y en su apariencia de máscara, duda de la segura matemática del poema, duda de la suma: Aún teme que su mano, extranjera, lo engañe con astucias de poeta El laboratorio muestra el teatro demente de la vida y el esplendor leproso del abismo Ante la resignación del vacío, donde se hace inútil la lucidez y se invalida la crítica, frente al sinsentido existencial, surgen las máscaras, los arlequines, las marionetas, bufones y poetas disfrazados que ofrecen una apariencia de vida. Una representación El retablo fabuloso es el título de una de sus secciones) poblada de figuras y variaciones distorsionadas que se quieren réplicas de su autor. El poema entonces como una artimaña y una estrategia, una red que le guarda y separa del abismo, la vacuna precisa que te cure del mundo El resultado son estas prácticas de laboratorio, I estas vagas hipótesis en que apuestas tu vida Pero no hay que olvidarse de la vida que siempre nos detata Las sombras y las máscaras parecen liberarnos del disgusto y el miedo ante el relato de nuestras propias miserias, pero cuando el carnaval termina, se acaban las máscaras y los disfraces, vemos entonces el rostro verdadero, no existe el escape de la ficción y la fábula, no hay lugar para la pervivencia del engaño. Es entonces cuando el libro crece Artificio para noctámbulos es la última sección) cuando el personaje muestra su verdadera hechura, libre de equilibrios, ejercicios e hipótesis, cuando las máscaras se diluyen y se sabe que no hay disfraz perfecto con el que dar respuesta a la vida: No busques el abismo: el abismo eres tú La escritura se condensa entonces en la medida mezcla de testimonio y vehemencia, de reflexión e intimismo, en el tejido alterno de descripción y narratividad poéticas. Cambia el trazo, menos gris y grueso, menos desfigurado, no tan pendiente de la red que le separa del abismo: Fui una sombra que camina sobre la sombra del mundo El resultado es entonces la mejor prueba. A. Ortega 6 de mayo de 2000 Creación. Pero mejor sería decir que asi se muestra el personaje que en él habla, su doble o su máscara, recurso muy en uso en los últimos tiempos, o al menos su justificación, esa que dice que la poesía es una ficción que, alejada de su propio relato,