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i ARTÍCULOS Un peatón de París hijos, ocupando puestos similares en QUIÑONERO se pasea otros medios informativos cuando aquel inolvidable diario de la tarde por París y evoca sus (ya no queda ninguno) desapareció, lecturas, sus amigos, sus hasta volver a coincidir ahora aquí en estas mismas páginas, porque, aunque temas, sus escenarios, a JllÜM parezca mentira, el mundo da muchas Ibn Arabí, Moisés de menos vueltas de lo que parece. En rea ri) lidad. Quiñonero entró a trabajar en In (T t; ti; t. formaciones hacia 1967 ó 1968, como pe- León, Averroes, a Llull en M un i. O os riodista cultural al lado de Pablo Corbala Sorbona, pero también i scriiur 1) 1l án, José de Castro Arines y de un a Azorín, Baroja, Carner riiulisia. C iservidor, como un torrente avasallador, rrc inins; il trabajando siempre muy bien y sin pay tantos otros rar para aquel primer gran suplemento l iii is. h; i lili cultural de un periódico diario que llel) ii- Mlr) A í gué a conocer por dentro, el inolvidable de un Solzhenitsyn que visitaba MaHUÍ. l.0 fiInformaciones de las Artes y las Letras, a drid a la sombra de su. Archipiélago GutríiOf (if V. las órdenes del director Jesús de la lag, que ahora recuerda nostálgicaX. J musí V Serna, como ya he contado muchas ve- mente en estas nuevas páginas. Rí- riM ijcinii. liui oju. surmí ces. Entonces empezó de verdad, diez Ya en París ha trabajado sin parar lisiiif) terror y imnyiín siun años antes, más o menos, de su instala- durante más de dos decenios, aunque Miinoi ¡tiífli un f raru. ii y ción en París, la verdadera carrera de como escritor ha publicado mucho me! 7 Tí. 7 niuiw. iun: f j ropu r Juan Pedro Quiñonero como periodista nos, un libro económico y político. La ISpunn itriU: el st ilo XXI. y escritor, que conste. gran mutación: España y Europa ante el Aunque lo cierto es que quizá ya siglo XXI, y la que creo que es su mejor desde entonces Quiñonero estaba bus- obra, una síntesis cultural, histórica y cando una ítaca que no tenía dema- política. De la inexistencia de España, siado clara al principio. Madrid siem- que apareció el año pasado. Con eUa, y UNQUE este libro aparece en pre fue para él ima ciudad de paso, en la con esta nueva- más narrativa- El misuna serie denominada Ficcio- que nunca acababa de instalarse del terio de ítaca, su pensamiento y su esnes nada en él deja de ser verdad en todo, como si esa vocación de ningún momento, ni siquiera en aque- emigrado- o exiliado- le acomllos en los que su autor se muestra más pañara casi desde siempre, pese subjetivo. En realidad se trata de un a no dejar jamás de soñar con su conjunto de artículos, que en estas mis- murciana tierra natal de Tomas páginas fueron apareciendo hasta tana, sin olvidar sus viajes eurohace más o menos un año y que en todo peos o americanos, su estancia momento daban la sensación, leídos se- en California (EE. UU. o un temana tras semana, de que en verdad se rrible viaje a Moscú que apuntrataba de los fragmentos de un libro taló para siempre una vocación que así se iba escribiendo ante nuestros anticomunista que le llegaba ojos. Hay ilustres precedentes, desde desde sus rebeldes orígenes Larra a Umera, pero a quien más nos anarcosindicalistas. En el diario recuerda es- salvando distancias, ámbi- hizo de todo, críticas, reportajes, tos y temas- a La ruta de don Quijote, de encuestas, entrevistas, enormes Azorín, uno de los fantasmas reales que campañas en favor de Rosa Chaaquí aparecen con mayor insistencia. cel o José Pía, y para cuando se Juan Pedro Quiñonero, ese escritor de- exilió- quizá haya que decir rrochado en el periodismo, o ese perio- emigró, pues todo lo hizo volundista que nunca podrá salirse del carcaj tariamente- ya había publicado de la escritura, es un lletraferit, y es- cuatro libros: dos ensayos tupero que este término catalán no le mo- multuosos y rebeldes- Pío Balestará demasiado dado su infinito raja, surrealismo, terror y transamor por Cataluña, sü lengua y su cul- gresión (sobre esa novela singutura. Y no deja de ser curioso también lar que es El Hotel del Cisne) y que la publicación de este libro haya Prousty la revolución- más dos novelas tilo parecen haberse calmado, remancoincidido con la de la última novela de bastante experimentales, la apocalíp- sado más bien, pues a sus anteriores Müan Kundera, La ignorancia, pues su tica Ruinas (con las de Juan Benet al acentos apocalípticos y explosivos ha tema es el mismo, el del exilio y la im- fondo) y Los escritos de V N. (donde mez- sucedido una serenidad ya mucho meposibilidad del regreso, que obsesionan claba ensayo y narración a la sombra jor instalada en la corriente actual matanto al narrador francocheco como a de Nabokov) y una gruesa recopilación yoritaria del pensamiento occidental. este nuestro compañero permanente, de textos críticos, premonitoriamente Una corriente de la que sin embargo le siempre tan lejos y tan cerca, al menos titulada Memorial de un fracaso, nada separa su búsqueda continua de otras menos. Su anticomunismo creciente le raíces hispanas más marginales, de los en lo que a mí mismo me concierne. Pues al haber coincidido en buena llevó a enfrentarse con el pensamiento mundos árabe o judío y su defensa de la medida nuestras respectivas trayecto- único de la progresia de su tiempo, necesaria coexistencia entre las diverrias profesionales, estoy en disposición como cuando defendió los apocalipsis sas autonomías culturales que configude corregir una frase de la presentación editorial de este libro, la que afirma que toda su carrera ha transcurrido en el extranjero Juan Pedro Quiñonero no se instaló definitivamente en su exilio parisién hasta 1977, ya que fue quien me sustituyó en el puesto que yo ocupaba allí como corresponsal del deSituada en la Barcelona de los 60, la novela más saparecido diario Informaciones, y que madura y perfecta del autor: una obra maestra abandoné entonces para regresar definitivamente a España, en busca de mi ANAGRAMA ítaca perdida. Y aUí se casó y tuvo a sus JUAN PEDRO QUIÑONERO B misterio de ftaca Pi- jninsi! la. Barcelona. tj (in. ¡á: paginas, 1. 0 Ü peseta? A FÉLIX DEAZUA Momentos decisivos ran la nación española, que ya se manifestaba ampliamente en su libro anterior y que brota aquí a lo largo de muchas de estas páginas: España tiene el único modelo político de nuestra civilización que permite la cohabitación armoniosa de todas las lenguas, religiones y culturas donde se forjó su historia (página 74) Más aún: Si el diálogo de gallegos, castellanos, vascos y catalanes sobre la naturaleza histórica de España hubiese sido posible mucho tiempo atrás, quizá hubieran podido evitarse varias guerras civiles que se llevaron para no volver a tantos de nuestros antepasados (página 108) Aunque entonces, por cierto, nos quedaríamos sin ítaca que llevarnos a la boca, y ¿qué hacer así con los exilios? Pues soy de quienes piensan que toda literatura es siempre un exüio en si, y que de ítaca uno se va para combatir, y cuando se vuelve a eUa ya no la encontramos, según Kundera, que encadena inexorablemente al exilio con la ignorancia. Juan Pedro Quiñonero se pasea por París y evoca sus lecturas, sus amigos (dedica su libro al mejor de todos, al desaparecido Felicicino Fidalgo) sus temas, sus escenarios, a Ibn Arabí, Moisés de León, Averroes, a Ramón Llull en la Sorbona de entonces, a los monjes de Saint- Germain- desPrés que viajaron a España en el siglo IX, pero también a Azorín, Baroja, Carner, Ramón Gómez de la Serna, Gü- Albert y tantos y tantos otros. No le gusta la picaresca, ni el realismo, ni la prosa desalmada del periodismo de hoy y apela sin parar a la mística árabe y judía, mientras olvida un pelín a los romanos y hasta a sus tan queridos griegos. Para un lletraferit como él, París es la mejor de las atalayas y se le puede acompañar ahora muy a gusto por ella, sobre todo cuando tras las anteriores tempestades nos trae una calma tan ejemplar. Lo que más le gustaría es negar el mundo en nombre del espíritu, aunque no se puede, y menos sin la razón, que no le basta. Pero, ¿dónde está ítaca? En París, al parecer no, pese a los jardines de Luxemburgo o el barrio de Saint- Sulpice, por donde corretean sus hijos, a quienes persigue con sus lecciones; desde allí la busca, sí, porque allí no la ha encontrado, y hasta se espanta ante la decadencia del campo francés, por lo que, por ejemplo, tampoco termina de gustarle Normandía. ¿Estará en Cataluña, en Caldetas, quizá, al borde de su esencial Mediterráneo? Si ya no existe ítaca, su misterio nunca podrá ser desvelado, porque en verdad sólo reside en el corazón de Ulises, que es quien la lleva por doquier; y al parecer estará sobre todo en los libros y en las bibliotecas que siempre habrá que preservar del fuego y de la destrucción. La biblioteca está en llamas (Char) pero la casa sigue estando encendida (Rosales) Un paseo tan ejemplar e idealista como aleccionador y placentero. Rafael Gonte ABC CULTURAL 19 29 de abril de 2000