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D É CERCA José Rogelio Buendía, uno de los máximos especiaKstas en la obra de Francisco de Goya, recuerda a los pretendientes que han cortejado durante este último medio siglo a La Condesa de Chinchón Un largo cortejo JOSÉ ROGELIO BUENDÍA p I L inicio del cortejo del Museo H del Prado al retrato de María Teresa de Borbón y VaUabriga, decimoquinta Condesa de Chinchón, pintado por Goya, surgió hace casi sesenta años, compitiendo con otro pretendiente, el coleccionista armenio Calouste Gulbenkian, quien, incansable cazador de obras de arte, habia logrado con tesón aventurero poseer exquisitas y raras piezas provinientes de los más recónditos palacios árabes, de salones europeos, y hasta de salas del Museo del Ermitage al sobrevenir la crisis económica de la URSS. Así, cuando España sufre la depresión acaecida después de la Guerra Civil, Gulbenkian considera que es el momento adecuado para conseguir uno de los espléndidos goyas conservados en colecciones aristocráticas. Decide que sea el que en estos momentos se encuentra en Madrid en la mansión de los duques de Sueca, siguiendo la recomendación del prestigioso conocedor sir Kenneth Clark. Cuando en 1942 se enfrenta con el retrato de la Condesa de Chinchón quedará de él prendado hasta el final de sus días. Sólo en 1952, pocos años antes de su muerte, desistirá de perseguirlo. En septiembre de 1942 Clark escribe a Gulbenkian: Haré todo lo que pueda para obtener la licencia de exportación para la Chinchón. Es realmente un cuadro maravilloso; en Inglaterra nada tenemos que se le pueda comparar El coleccionista responde: estoy realmente apasionado por el cuadro y no quiero perderlo, más tarde conseguiremos obtener la licencia. En mi opinión es el mejor cuadro pintado por Goya En diciembre de 1945 manifiesta al ilustre escritor su agradecimiento por seguir intentando la adquisición. Esta lucha continuará, tal muestra la correspondencia de 1946 con sus agentes. Por estas cartas sabemos que el duque de Sueca manda hacer una excelente copia para que lo sustituya en el caso de que se efectuara la venta, y cómo Ignacio Zuloaga limpió ligeramente la pintura y se encargó de su conservación. En 1949 el prodigioso retrato tenía varios copropietarios. Aparte de los duques de Sueca, las marquesas de Acapulco y de Pontejos. A fines de este año el padre de ésta, el marqués de Miraflores, comunica a John Walker, director de la National Gallery de Washington, que los poseedores estaban dispuestos a venderlo por 400.000 dólares, y le pregunta si el museo americano estaría interesado en la adquisición. Por su parte, Walker escribe a Gulbenkian que no se disponía de suficientes fondos para la compra, quien le contesta, apesadumbrado, que antaño el precio era de 40.000 libras, mas no había podido conseguir el permiso de exportación, y añadía, además, que en los Estados Unidos existirían benefactores millonarios dispuestos a su adquisición 29 de. I de 2000 con los que él no podía competir: me encuentro desolado por este acontecimiento, ya que durante tantos años he intentado su compra... Gulbenkian también se queja de la espectacular subida del precio inicial, previniendo a Walker que Joao Couto (director) del museo de Lisboa (y con amistades en los círculos próximos al Prado) después de un viaje a Madrid, me aseguró que el gobierno español comprará el cuadro Couto ratifica la in formación dada a Gulbenkian, señalando que el gobierno español no permitiría de ningún modo la exportación. Poco después recibe noticias, a través de uno de sus agentes, de que el cuadro había sido adquirido por el Museo del Prado en tres millones de pesetas, lo cual era un falso rumor, pues los propietarios y la dirección de la pinacoteca no h a b í a n llegado a n i n g ú n acuerdo. Según me informó el marqués de Lozoya, por entonces el museo y la Dirección General de Bellas Artes, de la cual era director y como tal defensor a ultranza de su inexportabilidad, no disponían de la cantidad pedida. La historia sigue. En abril de 1951 el director de la sala de subastas Sotheby s de Londres comunica a Gulbenkian que al parecer el Gobierno español ofrecía por el cuadro 3.250.000 pesetas. Mas el p r o p i e t a r i o no estaba dispuesto a desprenderse de él por menos de cinco millones. El coleccionista a r m e n i o telefonea a la duquesa de Sueca para pedirle que le aclare la situación. Será el duque quien le especifique que jamás lo venderán fuera de España. Como el lector puede leer en los artículos publicados últimamente en ABC, el Museo del Prado y otras instituciones y coleccionistas no cejaron en el intento de obtener el cuadro, felizmente adquirido por el Estado y cuyo destino ñnal es el Museo del Prado. La Condesa de Chinchón es la genial culminación de la retratística femenina de Goya. Consecución de un largo, tenaz y fértU esfuerzo que marca paso a paso su evolución creadora. Para Llegar a este milagro pictórico hay tres hitos experimentales donde el artista, después de una grave enfermedad seguida de una crisis, lucha contra lo imposible, entre 1798 y 1799: Los Caprichos, la decoración de la ermita de San Antonio de la Florida, el Retrato de Jovellanos y el Prendimiento de Cristo de la sacristía de la catedral de Toledo. La elaboración de los dibujos preparatorios y de los grabados de Los Caprichos- de ellos en estos momentos se puede ver en el Prado una espléndida exposición acompañada del mejor estudio que se ha publicado h a s t a a h o r a sobre el tema- le da a Goya una precisión dibujística, mientras que las experiencias muralistas hacen que sus obras en torno a 1800 cobren una prodigiosa soltura pictórica. En estos años, expulsado del poder Melchor Gaspar de JoveUanos, Goya se pone a disposición del nuevo primer ministro, Manuel Godoy, para quien, entre otros encargos, decora su palacio en la Plaza de la Marina Española. En septiembre de 1799 está pintando el Retrato ecuestre de María Luisa. Al poco tiempo prepara el retrato de La familia de Carlos IV. En marzo del año siguiente debe comenzar el retrato de la Condesa de Chinchón, pues el 22 de abril la Reina escribe a Godoy: El rey dice que acabado Goya el retrato de tu mujer, que venga a acer el retrato de todos juntos aquí Dos días después le indica: Déjale que concluya bien el retrato de tu mujen El 9 de junio señala que Goya está haciendo su retrato y que todos los demás (estudios para La familia) están concluidos Por ello creemos que en mayo debió haber terminado la prodigiosa pintura de la esposa de Godoy La Condesa de Chinchón no sólo es hoy día uno de los más célebres cuadros del pintor aragonés sino el retrato femenino de mayor calidad técnica y sensitiva hasta estos instantes en colección privada. Su hija Carlota, quien en el retrato se encuentra en el seno materno, será cuidada maternalmente por la Reina y se casará con el noble italiano Camilo Ruspoli, en cuya descen- dencia ha permanecido el cuadro. No se puede concebir una obra tan íntima y entrañable sin una relación continua e íntima entre el pintor y la retratada. Conoció Goya a María Teresa siendo niña, apenas con cuatro años, en el estío de 1783. Por entonces la pinta en el retrato con sus padres, hermanos y familiares, en la residencia de Arenas de San Pedro, hoy en la Fundación Magnani- Rocca, en las cercanías de Parma; es la única persona que observa a Goya en su trabajo. En esta época individualmente la r e t r a t a teniendo como fondo la serranía de Credos (Washington, NG) y más tarde el año de su boda (Florencia, Uffizi) Pero donde el artista aragonés logra una de sus obras maestras es en esta obra. La vieja amistad, la fascinación de Goya ante la bondad e inocencia del personaje, hacen que se refleje aquí su ingenuo y melancólico encanto. La joven condesa, entristecida por los continuos desafueros del marido y marcada por el antiguo desplazamiento de la familia de la Corte, es representada nostálgica y retraída. Goya resalta su soledad y desamparo sentándola en un sillón Carlos IV y envolviéndola en la m a g i a del ambiente como él acostumbraba a decir. Su cuerpo de futura m a d r e está cubierto por u n traje de seda blanca (que una cuidada limpieza revalorizará) bordeado de azul, símbolo de la inocencia y de la virtud, y tocados sus cabellos con un ramillete de espigas de trigo, en sazón, emblema de la fecundidad. Goya poco después pintará con ellas la representación de la Agricultura en el palacio de Godoy, hoy en el Prado. La fidelidad a su esposo se materializa en el retrato en miniatura que muestra en el anillo de su mano derecha. Poco después de nacer su hija, la condesa reaccionará amparándose en su hermano, el Cardenal Infante Luis María de Borbón, quien le da cobijo en Toledo durante la Guerra de la Independencia y en los años del absolutismo. Mientras, su esposo sigue su destino en Francia y en Italia. La Condesa de Chinchón ocupa su lugar en el Museo del Prado, cerca de Las majas y al lado de JoveUanos. Allí se encuentra con los retratos de su madre y de su hermano, también pintados por Goya. B Para el epistolario de Gulbenkian véase: Archivo Fundación Gulbenkian, (Lisboa) y C. Gulbenkian, coleccionador (Lisboa, 1969) ABC CULTURAL 43