Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
NARRATIVA W L AI ILR Mií nínti: m ri ¡l m... 1. ti II v L Drar para ei lector actual o oras ae primerísimo orden que el tiempo, las modas literarias, los oportunismos de orden mercantilista o- lo que es más triste- el simple desinterés han ido dejando atrás, hasta casi postergarlas al olvido. En este sentido, la aparición de esta magnífica novela breve titulada Mi enemigo mortal, de Willa Cather, viene a sumarse a otros títulos que, ya publicados o anunciados por la editorial (títulos de autores de la talla de Ford Madox Ford, Budd Schulberg, Somerset Maugham, Henry James o, entre otros, Iván A. Goncharov) responden a una idea netamente definida: ofrecer al público una serie de obras características de un tipo de narrativa que sabía aunar dos elementos- calidad y poder de captación de los intereses del públicoraramente coincidentes en la novelística de los últimos decenios. Obras que, a la segunda página, infundían al lector la seguridad de haber sido escritas por autores que lo sabían todo, absolutamente todo, sobre el oficio de la novela y que, además, resultan de total vigencia para el público de hoy. Considerada como una de las mujeres estadounidenses más notables del segundo decenio del siglo XX, escribió sus novelas más importantes entre 1913 y 1930, una época marcada por los cambios sociales, económicos y morales ocasionados por la Primera Guerra Mundial y que la autora refleja vividamente en sus novelas. Willa Cather (Winchester, Virginia, 1876 Nueva York, 1947) perteneciente a una familia de origen irlandés y alsaciano, pasó los primeros años de su vida en Nebraska, en medio de colonos checos y escandinavos. En lo de enero de 2000 Nostalgia del pasado medio de aquellos aventureros y campesinos de sangre ardiente- escribe S. Geist- de gentes de un vigor y afán de vivir netamente opuestos a la árida y convencional respetabilidad de los norteamericanos indígenas de la zona, pasó Cather los años de su formación; de aquellos hombres captó las esencias de las virtudes humanas básicas: pasión, vitalidad espiritual, valentía, magnanimidad y una bella y generosa conducta Tras estudiar en la Universidad de Nebraska, fue periodista, maestra, dirigió varias revistas y viajó incansablemente por América y Europa. En la vida de nuestra autora la acción alternaba con una profunda inquietud de carácter espiritual (se convirtió al catolicismo, experiencia que describió en Shadows on the rock, 1931) la reflexión (en 1936 publicó un volumen de ensayos titulado No antes de los cuarenta) y la lectura. Sensible y, a la vez, dotada de una notable capacidad de observación y de racionalizar las motivaciones emotivas que rigen las relaciones humanas, supo aprovechar de manera eficacísima las lecciones extraídas de la lectura de sus autores preferidos: Flaubert, Henry James, Turgueniev, Hawthorne, Conrad y Stephen Crane. Así, cuando estuvo en condiciones económicas de costearse una habitación propia y decidió abandonar el periodismo para dedicarse sólo a escribir ficción, Willa Cather se encontró en posesión de dos bienes inestimables para el tipo de novelas que quería escribir: una sólida experiencia del mundo en que vivía y un firme bagaje literario. Su primera novela, Alexander s Bridge (1912) no gozó del apoyo de la crítica, que la consideró un LA concisión, la exactitud expresiva y el recurso de construir el relato desde el punto de vista de un narrador que observa la realidad descrita sin estar impKcito en ella rigen la elaboración de Mi enemigo mortal, de clara inspiración jamesiana Henry James más bien burdo. Sin embargo, al año siguiente, O Pioners! supuso la consagración de Willa Cather En dicha obra, la autora se centraba en los problemas de la inmigración, es decir, en un mundo y unos personajes que conocía bien y que constituirían la base de algunos de sus libros más significativos My Antonia, 1918; Uno de los nuestros. Premio Pulitzer 1922; La muerte y el arzobispo, 1927; y, entre otros, Safiray la joven esclava, 1940, centrada en las relaciones entre las mujeres anglosajonas y las afroamericanas) y de muchos de sus relatos y nouvelles, géneros que cultivó con excepcional maestría y en los que, como también en algunas de sus novelas, surge el otro tema recurrente en la escritura de Cather: la compleja personalidad de los artistas, la relación entre vida y arte, y el contraste entre las sofisticadas gentes del este de los Estados Unidos y las del oeste. Tres características que constituyen, precisamente, el eje argumental de Mi enemigo mortal, una pieza literaria ¿novela corta? ¿nouvellel) de clara inspiración jamesiana. La concisión, la exactitud expresiva y el recurso de construir el relato desde el punto de vista de un narrador que observa la realidad narrada sin estar implícito en ella, rigen la elaboración de la historia de Myra Driscoll, la protagonista de la novela. Dividida en dos partes, la voz de la joven narradora nos presenta, en la primera, la mítica figura de Myra Driscoll, quien tras renunciar en su juventud a una importante fortuna familiar para casarse con el hombre al que amaba y abandonar su pueblo natal, en Illinois, se trasladó a Nueva York, donde vive rodeada de artistas y gentes adineradas. En la segunda parte, la misma narradora relata su segundo encuentro con Myra Driscoll, ocurrido al cabo de diez años, en la costa del Pacífico, en un hotel de ínfima categoría, olvidada de quienes formaban su dorado cortejo de antaño, y dominada por el amargo arrepentimiento de haber renunciado a la fortuna familiar, es decir, a la posesión del poder del dinero: un medio indispensable para conseguir el éxito no sólo en la vida social y artística de Nueva York, sino también- y consecuentemente -en su vida matrimonial. Decimos consecuentemente porque- y ahí está una de las dimensiones trágicas de esta novela- en el momento histórico en que se desarrolla la trama, unos años que se corresponden con el inicio de la brutal- y ya imparable- ascensión del pragmatismo y del posterior reinado del mercantilismo en la sociedad norteamericana, las relaciones interpersonales, por íntimas que sean, dejan de depender de los individuos que componen esta relación para quedar a merced de la imagen de sí mismos que los demás les devuelven. Ana María Moix ABC CULTURAL 19