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POESÍA Lo nuestro para siempre I A de John Ashbery (Rochester, JOHN ASHBERY L N. Y, 1927) aún uno de los más éOY S, PÁJARO? interesantes poetas de la lengua inTraducción de Alejandro Valero, glesa, es la escritura de lin conCátedra. Madrid, 1999. flicto. Un biográfico, desde luego, 216 páginas, 2.500 pesetas. sostenido en esa situación del artista entre lo colectivo y lo separado, lo admitido y lo ausente, pero también (e inseparablemente) lin- que se pregunta si ha terminado lo güístico. La autonomía casi recalci- nuestro para siempre Y es una voz trante de su discurso nos parece, que nunca baja la guardia, que se enseguida, capaz como pocas de vigila constantemente a sí misma trasladar al lector la imagen colec- para no caer en lo codificado, en lo tiva, y también desquiciada en su aprendido. En ese empeño se sosóptica totalizadora, de nuestra tiene sobre un fraseo permanentemente sorprendido y sugeridor, época. Ya en Autorretrato en espejo con- pero también sobre un punto de vexo, el poema dedicado al lienzo vista irascible, crítico y autocríhomónimo del Parmigianino, Ash- tico: Música y preocupación: las bery trazaba en torno a su pretexto dos cosas más terribles que puede una serie de círculos concéntricos conocer un hombre... que, finalmente, declaraban el poema mismo como representación de una simultaneidad en la que el tiempo y la palabra, la función del artista, la de la belleza, la realidad y el deseo, quedaban indisolublemente reunidos. En Diagrama de flujo volvía a las mismas obsesiones, pero el poema (escrito en forma de prosa) operaba aún con más claridad (a pesar de su longitud excesiva si la comparamos con la del otro) como mecanismo generador de contradicciones, como un organismo vivo, ambicioso y arriesgado. Allí la inflnitud del significado funcionaba como mecanismo extrañador, situaba al lector a una distancia no emotiva que le obligaba a percibirlo como cosa real, real y desmenuzada (lo era también el cuadro del Parmigianino, desmenuzado) Aquel lenguaje, no muy distinto de éste (más tenso ahora si se quiere, más reservado en su aparente generosidad, lo que parecía dlñcil) adhería como un engrudo, se colaba por los resquicios, detectaba las grietas de lo real y componía, desde los fragmentos, un mosaico en el que nuestras vidas eran sometidas a un no- juicio, a un noexamen que, sin embargo, la sociedad se empecinaba en hacernos aprobar. Pero en ¿Oyes, pájaro? el lenguaje se comporta de una manera un tanto diferente. Las obseSabedor de que hay una poesía siones, las visiones, los lugares, las en la mera existencia Ashbery pareflexiones se mezclan en unida- rece representar la escenografía de des separadas, en postales de sub- su propio relato autobiográfico, jetividad (magníficas: Martes por concebido experimentado como la tarde No vi necesidad una sucesión de momentos, de retantas otras, pero difíciles de con- ferencias, de fotogramas y citas templar fuera de la experiencia cuyo plan está siempre menos completa, de la mirada abarcadura claro que su efecto ¿cuyo plan es del libro) que el lector i ha de ir le- su efecto? Como he dicho, la sensayendo como el que escucha la par- ción de viaje acompaña a todo el titura de una pieza de programa de volumen, salvo que no es un viaje cuyo programa, precisamente, ca- en dirección a algo, sino en torno a rece. Percibe un viaje, un devenir algo: a la conciencia (histórica y más bien, donde la distancia y el lingüística) de un hombre cuya tiempo no siguen el mismo curso verdad es la extrañeza, y cuya exni poseen, necesariamente, el trañeza entra en erupción, escupe mismo objeto. estos fragmentos sólidos entre la No se mueve la voz. El que dice humareda del pasado: La concienque un pájaro tiene siempre la úl- cia individual de cada uno advirtima palabra es sin duda el mismo tiendo que es la misma I que todas 4 de septiembre de 1999 las otras, con una diferencia vital: no pertenece a nadie Llamémoslas verdades. Creemos que vivimos, pero sólo pasamos dando cuenta de una naturaleza que la imaginación de vivir tiende a ocultarnos. De ahí la necesidad de estas palabras nacidas del contacto con las sombras de eso que la experiencia no alcanza a decirse nunca. Lo que sea que nos libera. Semejante discurso necesita imponerse y contradecirse. Es un nihilismo dialéctico. Piensa tensando, no le interesa nada que no se mueva, que no cambie, que no esté amenazado o amenazando. Por eso el libro expulsará a quienes busquen en él la sistematización de un pensamiento lineal, la ilustra- Fosa con flores ANTONIO CARVAJAL UNA PERDIDA mmiA Selección, edición y estudio previo de Antonio Chicharro. Hiperión. Madrid, 1999. 288 páginas, 1.500 pesetas, ACE ya años diagnosticó un sabio, Ignacio Prat, de Antonio Carvajal- y aunque sea ya un tópico no me resisto a repetirlo- il miglior fabbro Ahí está su ya extensa obra para comprobarlo, pero para quien no tenga noticia- raro será ese lector de poesía- esta antología le presenta una oportunidad excelente de hacerlo. Antología que incluye un prólogo de Antonio Chicharro, que aporta una serie de claves que iluminan no poco esta singular obra poética. El prologuista se detiene en precisar algunos de los porqués del citado calificativo. Está, por supuesto, su perfección técnica- el poeta es uno de los pocos estudiosos de la versificación, a lo que dedicó su tesis doctoral- pero no hay en ello nada de ejercicio mecánico, sino que, como el propio Carvajal ha explicado, la forma rítmica del poema responde a un imperativo expresivo, donde los acentos, las pausas, rimas, etc. tienen un valor esencial y en ningún caso accidental. Chicharro insiste acertadamente en ello y da algunas pautas de lectura que resultan esclarecedoras, ejemplares. Y recuerda que no hay en esta deliciosa escritura simple imitación, sino- y recoge aquí un oportuno juicio de Sánchez Ibáñez- emulación, pues, si bien Carvajal vuelve una y otra vez sobre esquemas tradicionales, no lo hace sin intervenir en ellos, sin innovarlos. La enorme cultura literaria del poeta se proyecta reiteradamente en su escritura y bien en el léxico, bien en estructuras discursivas, o bien directamente en insertos, allí está la tradición: desde los poetas áureos hasta los contemporáneos, no como mimético gesto postmoderno, sino respondiendo a una pulsión de injerto vivificador en su propia obra. Pero si algo habría que destacarse en esta poesía es la emoción. Si cada poema transmite una conmoción es porque parte no de un proyecto de escritura autorreferencial, ensimismada, sino de un deseo de ofrecer algo más que un poema: la vida misma que su curso sigue Frente a la imperfección dolorosa de la vida- no exenta de placeres, por lo demás- a la fuga del tiempo, el olvido, la injusticia, el desamor, la muerte. Carvajal alza un monumento de belleza- una fosa con flores que es siempre- aun en sus pasajes elegiacos- expresión exultante de gozo, pues no se me alcanza I que haya quien ha perdido toda esperanza Túa Blesa ABC CULTURAL 11 H ASHBERY parece representar la escenografía de su propio relato autobiográfico, concebido como una sucesión de momentos cuyo plan está menos claro que su efecto ción de alguna filosofía que no sea contradicción y amor. Claro que puede forzarse alguna tesis sencilla, ningún libro está escrito a prueba de tontos pero a mí me parece demasiado arriesgado decir algo distinto a que escucho en éste los ecos de una sociedad que se ahoga en sí misma- y en sus propios ecos además- sin comprender por qué es y no es una simple pasajera en el tiempo, en la historia; por qué es y no es el tiempo y la historia. ¿Por qué lo otro entra en ella, cómo entra, para qué? Los caminos del siglo, entre Viena y Nueva York, llevan a estas preguntas y a estas palabras, llevan a este discurso solitario de creer Juan Garlos Suñén