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NARRATIVA El retorno de Ulises James Joyce. Ulises Edición de Francisco García Tortosa. Traducción de Francisco García Tortosa y IVIaría Luisa Venegas. Cátedra. IVIadrid, 1999.914 páginas, 2.000 pesetas. P 1 UANDO Juan Benet definió hace años a James Joyce como un autor costumbrista o como el mejor novelista del siglo XIX, sus palabras parecían una boutade. Sin embarco, aún no asumiendo lo que en ellas subyacía de descaliñcación radical, creo que tenían mucha razón. James Joyce (Rathgar, Dublín, 1882- Zurich, 1941) siempre fue un escritor realista. Desde los relatos iniciales de Dublineses hasta el extraordinario galimatías del Finnegan s Wake, la pulsión que recorre su prosa es la de hacer hablar al mundo real tal cual es, asumiendo elcaos consustancial que lo constituye. La tradición costumbrista decimonónica había convertido ese o parecido objetivo en una suerte de articulación retórica llena de clisés. Joyce revolucionó la manera de entender el proceso pero no por ello alteró su finalidad. En uno de los primeros artículos que escribiera Samuel Beckett, a petición del propio Joyce, Danto... Bruno. Vico... Joyce el entonces joven lector de la Escuela Normal de París lo afirma sin ambages: Se trata de expresión directa- páginas y peinas de ella. Y si ustedes no las entienden, señoras y señores, es porque son demasiado decadentes para recibirlas. No están satisfechos a menos que la forma esté tan estrictamente divorciada del contenido que puedan comprender éste sin molestarse casi en leer aquélla El texto se refería al futuro Finnegan s pero es perfectamente aplicable al resto de la producción joyceana. Hay en toda su obra, en efecto, una constante voluntad de precisión y im enorme dominio de los recursos lingüísticos y formales. Ulises reconstruye un día, el 16 de junio de 1904, en la vida de una ciudad, Dublín. No se trata de redactar ima guía turística, pero lo cierto es que resulta posible reconstruir con la lectura de sus páginas un mapa, si nofísico, sí auditivo de ese día. Su obsesión por la exactitud en las descripciones y en la localización de los lugares donde situar su relato, corre paralelo con su capacidad para convertir todo ese material en uno de los objetos más laboriosamente complejos de cuantos ha producido la literatura en todo el siglo. Alguien decía que en Joyce cuando anochece en sus textos las palabras se oscurecen, cuando llueve, están húmedas, y cuando hay un arcoiris, se cubren de una gama multicolor Esa búsqueda constante de abarcar la totalidad es lo que ha hecho que se le acuse de desmesurado, pretencioso e inútü, cuando no es sino la excrecencia de un mundo que tal vez sí sea desmesurado, pretencioso e inútü y al que el escritor se limita a poner en pie. La obra fue siempre perseguida por el escándalo. Publicada por vez primera en París, en 1922, por la legendaria Shakespeare and Company de Sylvia Beach, en una edición, por cierto, Uena de erratas, como corresponde a un libro compuesto por cajistas con nulo o escaso conocimiento del inglés, Ulises fue denunciada por obscenidad y prohibida tanto en Inglaterra como en EE. UU. EUo no impidió, sino todo lo contrario, que surgieran de inmediato defensores y admiradores de una obra que si por algo se ha caracterizado es por no dejar indiferente a nadie. En España, Joyce entró muy pronto. La Revista de Occidente le dio a conocer a través de la 10 dejuljodel 999 persona de Antonio Marichalar, y un jovencísimo Dámaso Alonso traducía A Portmit of the Artist as a Young Man como El artista adolescente (retrato) ya afinalesde la década de los años 20. Ulises, sin embargo, era demasiado poco convencional y subversiva para los cánones de una tradición tan conservadora como la que iba a acabar por imponerse tras la derrota de la República y la Guerra Civü. La primera traducción española no apareció hasta 1945 en Buenos Aires, cuatro años después de la muerte del autor La normalización en España de su obra no vendrá hasta mucho después, eñ 1976, cuando José María Valverde publica los dos volúmenes de su versión de la novela en Editorial Lumen. La reciente edición en Clásicos Universales de Ediciones Cátedra es, con mucho, la más docuEsta nueva traducción deja de lado las clásimentada, como corresponde a la serie donde se in- cas guías de lectura y prescinde de notas (que no serta. Los autores, excelentes especialistas en la son, como dijo alguien, sino un síntoma de la imobra del irlandés, han cotejado no sólo el ingente potencia del traductor para resolver los problematerial crítico aparecido en los últimos veinte mas allí donde se dan, en el fluir del texto y no en años sino que han buscado reconstruir un Joyce los comentarios a pie de página) lo que facilita que podía aparecer algo desdibujado a la luz de las enormemente la lectura. La numeración por cainvestigaciones más recientes en las dos versiones pítulos y líneas para facilitar la localización de anteriores, a las que, con unfairplay muy de agra- fragmentos y las citas testimonian la voluntad de decer y poco común, el autor de la introducción los editores de servir como versión de referencia. califica de grandes trabajos y a los que no entra a criticar abiertamente en ningún momento. Jenaro Talens Los avatares de la traducción T RADUCIR a im estilista de las caracterís- ces que su versión adolecía de excesivos locaticas de Joyce no es tarea fácil. Cual- lismos. Nunca he entendido muy bien qué quiera que haya podido detenerse en alguna significa dicho juicio en sentido estricto. Que de las páginas de su obra, de Dublineses al alguien como Joyce, cuyo uso de los sabores Finnegans Wake, pasando por Exilados o Mú- irlandeses de la lengua inglesa es parte fundasica de cámara, sabe que el dominio joyceano mental de su material de trabajo, fuese adapdel ritmo de la lengua y el fraseo casi musical tado al sab on argentino del español no me de su desarrollo son tanto o más importantes parece mala solución. ¿O acaso el español peque las supuestas dificultades léxicas o que el ninsular no es localista para un lector urucomplicado sistema de referencias de todo guayo o venezolano? tipo que atraviesa el conjunto. Todo eUo ha La que ahora acaba de aparecer, debida a creado, desde siempre, la imagen de un autor Francisco García Tortosa y María Luisa VedifícU y oscuro, cualidades que no siempre negas, no intenta responder a esos o parecivan asociadas con las que considero más co- dos reproches sino resolver los problemas rrectas de complejidad y rigor. del texto joyceano en la misma dirección. El Joyce ha contado por lo general con bue- rigor filológico y la capacidad para enconnos traductores en nuestro país. Desde Dá- trar soluciones adecuadas es quizá una de maso Alonso hasta José María Valverde, pa- sus mayores virtudes, así como Sü expresa sando por Guillermo Cabrera Infante y Ja- voluntad de trasplantar el esqueleto musical del conjunto a una lengua tan alejada, en ese vier Fernández de Castro, entre otros. Para muchos de los lectores españoles de sentido, del ritmo sincopado del inglés como Joyce, sin embargo, su novela clave va aso- es el español. Quizá, por eUo, sea ésta una ciada a la versión de José Salas Subirat, pu- traducción que sirva de referencia por mublicada en los años cuarenta en Buenos Aires cho tiempo. Uno no puede, sin embargo, depor Santiago Rueda. No sólo fiíe en ese libro jar de volver, a veces, a la vieja traducción de donde toda una generación lo leímos por vez Salas Subirat, sin que ello implique juicio de primera, sino que resulta a veces extraño valor alguno respecto a la presente, sino sim oír las palabras de Bloom o el joven Dedalus plemente porque prefiere el sabor, quizá insin asociarlas con el tono porteño que Salas correcto, del tono, a la lógica y precisión de Subirat le imprimió. Se ha dicho repetidas ve- la melodía. -A T. ABC CULTURAL 11