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ENSAYO Aristóteles: prudencia y metafísica Pierre Aubenque. La prudencia en Arístóteles. Con un apéndice sobre la prudencia en Kant Traducción de María José Torres. Crítica. Barcelona, 1999.250 páginas, 2.200 pesetas. STA obra fue publicada en 1963; decía en su tutivo de im filosofar vecino de cierto espíritu tráprólogo Aubenque que si bien este estudio se- gico. Ontológicamente (al menos en los seres cambasta a sí mismo, está en conexión con la interpre- biantes del mundo sublunar) la quididad no cubre tación de la Metafísica que hemos propuesto en otra mmca plenamente el ser: lo que es no agota lo obra refiriéndose a El problema del ser en Aristóte- que es Fuera de la teología (que no trata de este les, editada el año anterior La disertación acerca de mundo) los seres móvñes (los físicos que acaban laft- ónesis completaba y reafirmaba toda una ver- por ser el objeto de la ontología) se dan en forma sión global de la filosofla aristotélica, delineada en antiontológica por su misma movilidad; la esenaquel otro libro. De entonces acá, el Aristóteles á la cia no recoge del todo el ser. aimque- y ahí está lo Aubenque ha sido muy discutido; ello no impide trágico- sea la quietud de la esencia el único caque el nombre del profesor ñ- ancés sea ya el de un mino epistémico para recogerlo. clásico de la exégesis aristotélica. Quien suscribe La ética (de que trata este libro) no desmiente, tradujo, en tiempos. El problema del ser, y se alegra según Aubenque, aquella radical escisión teórica. especialmente por esta otra traducción, que pro- Aubenque parte de la cuestión suscitada por un dolonga el conocimiento en nuestra lengua del gran ble sentido áefrónesis en Aristóteles: equivalente a historiador de la filosofía (tan vinculado acadé- veces a sabiduría (ciencia de lo necesario) es micamente a España, como se sabe) otras veces virtud (no ya ciencia) la traducida Aubenque redondea aquí su posición general como prudencia Vhrtud que, aunque dianoética ante la fílosoña de Aristóteles. Posición opuesta y imida al saber, no versa sobre lo necesario, sino siempre al sistematismo tradicional, por su con- sobre lo contingente. Pero que su sentido de virtud gelación sistemática de un pensamiento problemá- sea, para Aubenque, el dominante, no s ificaría tico, pero opuesta también a la versión puramente que Aristóteles concluyera por solucionar prácti evolutiva (la inaugurada por Jaeger) aparente camente un problema especulativo (como quiso solución a las dificultades de ajuste de los textos. La Jaeger) el problema de la contingencia, desde la pretendida solución evolutiva (de mayor a menor ética o desde la ontología, es constitutivo (para el teplatonismo) no despejaría un problematismo que órico Aristóteles) de la teoría misma. Defiende Auno era cuestión de etapas sino carácter consti- benque que Aristóteles recobraba en su obra ética E el sentido ordinario úefrónesis, como saber inestable de vin mundo humano, frentea la distorsión platónica que asignaba afrónesis el valor de elevada sabiduría (y Platón habría distorsionado de modo similar otro término como dialéctica convertida por él- y sólo por él- en ciencia suprema según observaba Aubenque en El problema del ser) Recobrar su sentido ordinario reinsertaba a la frónesis en el ámbito precario de la teoría, ahora desde el lado ético. El pimto de vista humano (limitado, contingente) era ya el deparado por la ontología: ciencia del ser en cuanto ser que, por no alcanzar nunca la esencia inmóvil (objeto teológico) y por no poder moverse en el interior de un género (el ser no es un género) no era en rigor ciencia cuando, al parecer, debía ser la primordial. Cerca de IsLpaideia o de la dialéctica en sentido corriente, la ontología- o metafísica- apuntaba trágicamente a la contingencia himiana; ahora, la ética de la prudencia, humanista por su ámbito, no puede serlo tanto que niegue sus marcos trágicos. Por supuesto, Aubenque recorre estos grandes temas a través de múltiples cuestiones sutiles, donde brUla el talento interpretativo en el detalle. Por lo demás, la traducción hace justicia- creemos- a su equilibrada prosa. Vidal Peña Introducción a la realidad cristiana Julián Marías. La perspectiva cristiana Alianza. IVIadrid, 1999. 139 páginas, 1.100 pesetas. AY libros voluminosos, grandes, inacabables, que al final nos dejan insatisfechos: se ha hablado de todo, pero ¿se ha dicho lo esencial? ¿Se ha pisado sobre el fundamento verdadero de la realidad, de la vida humana, de la esperanza esencial del hombre? Otros libros, en cambio breves, sobrios, carentes de pretensiones, pero animados por una serena voluntad de realidad, nos dejan un admirable sosiego, una voluntad de verdad, un aposentamiento en las cosas, el hombre y el mundo, que nos ensancha y pacifica. Un Diálogo de Platón, El Evangelio de San Juan, el Discurso del Método de Descartes, la Metafísica de Leibniz son libros breves, pero que han cambiado el rumbo de la conciencia humana y con eUa la historia del mundo. El libro de Marías es de una admirable brevedad serena; abrevia y abreva en los hontanares de la verdad. Varias cosas me sorprenden: su lucidez para diferenciar lo que es una comprensión objetiva y gratuita del cristianismo como religión, de las utilizaciones que de él se puedan hacer para otros fines. El cristianismo ha sido la matriz de una ética, de ima cultura, de xma mística y de muchas cosas más. Todo eso es, sin embargo, resultctnte y subordinado a la verdadera naturaleza y, por ello, a la verdadera fecundidad que el cristianismo oñ- ece a quien no lo subordina a otras cosas. Nada ha sido más mortífero, tanto para la religión en general 22 ABC CULTURAL H como para el cristianismo en particular, que esa comprensión funcional y pragmática de la religión. Al ser así utilizados son desnaturalizados y, consiguientemente, esterilizados. La luz es para ver, y en eUa las cosas son reales. La rosa es sólo para brotar, estar, brillar; ante ella el hombre existe con gloria y gozo. Cuando quiere apropiársela y la corta, se seca. Se seca la rosa y se agosta el hombre. Este no es un libro de teología; no habla directamente de las realidades cristianas. No habla sobre eUas sino desde eUas. ¿Cómo aparece la realidad, el hombre, la historia, el futuro, el corazón himiano, el prójimo, la libertad, la responsabilidad, si los miremios desde las afirmaciones cristianas fundamentales? ¿Cómo nos instalamos en la realidad si vivimos desde esa perspectiva? En esta luz aparecen el dramatismo de la vida humana, la iimovación y dignificación radical que suponen la encarnación, el hombre comprendido como criatura amorosa, la libertad y responsabilidad como don y reto, la resurrección de la carne como recreación y afirmación absoluta de im destino biográfico. No conozco introducción más breve y lúcida a la realidad cristiana que estas ciento treinta páginas escritas desde im pensar y saber rigurosos, un decir breve y bellísimo. Olegario González de Cardedal 13 de marzo de 1999