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(JÍ: N LIBROS DEL SIGLO LA DOBLE VIDA Maño Lacruz El ayudante del verdugo (1971) L ayudante del verdugo es, en esta novela, el segundo de a bordo, el brazo derecho de lo que hoy llamaríamos un empresario de la comunicación o multimedia. Al transcurrir, sin embargo, entre los años posteriores a la Guerra Civil española y los albores del 68, la novela pierde en soñsticación lo que gana en, diriamos, sentido común, pues el empresario de la novela no ha dado el salto hacia lo confuso propio de cualquier gran grupo de nuestro tiempo. Pardo es una especie de pillo de los negocios que ha comenzado alquilando máquinas de escribir y a quien la buena suerte, el dinero y la habilidad para corromper y ser corrompido le convierten en el dueño de una imprenta, una revista, una agencia de publicidad, parte de un hotel y de una productora cinematográfica. El hecho de que la autoridad de Pardo no se difumine tras acuerdos con socios internacionales y otras características de la gran empresa de finales de siglo, concede a cada uno de los hechos referidos en la novela una suerte de franqueza que la supuesta complejidad actual logra suprimir casi siempre. La escasa altura de miras, la vileza a la hora de eliminar obstáculos humanos, la avaricia o el abuso de poder se nos muestran desnudos porque la estructura simple de los negocios de Pardo no permite disfrazar una traición de maniobra estratégica en el enfrentamiento entre dos grandes corporaciones, ni siquiera vestir el despido de un empleado que ha cometido un error con el traje de la racionalidad productiva. mente en que es consciente de su sometimiento. Lo que más risa me da nos dice, es ver el contraste que existe entre lo que pretenden ser los seres humanos y lo que realmente son. Yo puedo estar podrido, pero al menos no me hago ilusiones Esta es, a mi juicio, la vuelta de tuerca que Mario Lacruz narra magníficamente, la doble vida, la gran ilusión de no hacerse ilusiones, la creencia de que por debajo de lo mezquino, de lo servil, circula un arroyo limpio y puro, el arroyo de la conciencia y el remordimiento. No todo ha sido falso y sucio en mi vida. Hay en ella cosas limpias y verdaderas. Cuando mi padre me llevaba al zoológico, o me leía libros sentado en mí cama, de niño, cuando estaba enfermo Así habla Ventosa y le falta decir que junto a sus tardes de niño en el zoo hay otra cosa más limpia y verdadera, su narración, esa especie de confesión pública en la que revela una a una sus corrupciones, sus pactos, su servilismo. Porque por un lado está la vida y por otro la doble vida, por un lado el hacer y por otro el verse haciendo y saber que uno está podrido y contarlo como un proyecto de salvación, un arroyo de agua pura y subterránea que discurre paralelo a la vida real. Podríamos pensar que un hombre como Ventosa no escribiría nunca una historia como El ayudante del verdugo porque habría terminado por creerse sus propias justificaciones. Ventosa reconstruye el momento en que se consolida su relación laboral con Pardo y dice: Yo estaba exultante, j. p. porque sabido es que los dioses ciegan al que Tal es el contexto del segundo de a bordo. mar el hombre de la doble vida que tan bien se quieren destruir La pregunta que late en la Ventosa, el ayudante del verdugo que ha deci- nos revela en El ayudante del verdugo. novela de Mario Lacruz es cuánto, ¿cuánto lo dido contarnos los veintitrés años vividos junto Ventosa es hijo de viuda, su padre era inge- ciegan? ¿Lo ciegan tanto que ese hombre termia su amo. Utilizo adrede la palabra amo en vez niero, gracias a las penalidades de su madre nará pensando que el verdugo existe gracias a de empresario o patrón. Si he elegido este libro pudo estudiar Derecho y lo hizo con matrículas él. y que él no corrompió ni fue corrompido sino es porque muy pocas novelas del siglo XX na- de honor, tiene clase, es un hombre cultivado, que sus actos están legitimados en bien de la rran cómo el yo es construido entre todos. Casi lee, cita y tiene remordimientos. Pero, sobre empresa, el progreso, su familia y la modernizatodas cuentan el cuento, la fantasía, de un yo todo. Ventosa tiene una doble vida. Es el em- ción del país? ¿O tal vez lo ciegan aún más, lo que se inventa a sí mismo con el escaso rigor del pleado de Pardo, la nota de distinción en esa ciegan hasta el punto perverso, desolador, de borracho o la borracha que en la barra de un OTpresa de ladronzuelos, le hace a Pardo los pa- hacerle creer que sigue viendo? Y Pardo dice bar se empeña en contarte su vida. Mario La- peles, a veces ilegales, soborna para él, despide Ventosa, no merecía un castigo especial, en el cruz, por el contrario, emplea aquí la primera para él y le sigue el juego acudiendo a reunio- fondo. Él había depositado la semilla de corruppersona porque conviene, en verdad, a su pro- nes innecesarias en su chalet para que Pardo se ción, pero el terreno estaba abonado. También yecto narrativo. Un proyecto que yo describiría sienta como un gran empresario de película. él es una quimera, una justificación ante mí como la penúltima vuelta de tuerca de una tradi- También es su criado y cada vez que Pardo le mismo en los malos momentos. Es mi coarción iniciada con la Celestina y Lázaro de pide favores que rayan en la servidmnbre per- tada Tan ciego, y tan libre, como para pensar Tormes. sonal (ir a buscar a la hija de Pardo a París y que hay dos vidas: una es inalienable, las tardes En el libro La literatura del pobre, Juan Car- rescatarla de las malas compañías, o amenazar en el zoo, la capacidad de no hacerse ilusiones, y los Rodríguez escribe: La ideología burguesa a la institutriz de Pardo para que no le chanta- la otra vida no es la que el ayudante le ha venha hecho tanto hincapié en la ideología de la li- jee por haber estado él espiándola) Ventosa ac- dido al verdugo, sino la que, magnánimo, le bertad porque libertad es un término que in- cede a llevarlos a cabo. Ventosa es el hombre li- ofrece. dica su propio tipo de relaciones sociales, que se bre de nuestra era, y su libertad se cifra precisaopone por eso a la noción de siervo o de vasaUo; si hay siervo no hay trabajador libre si no hay trabajador libre no se le puede decir que se le contrata su trabajo a cambio de salario; si no hay contrato a cambio de salario se necesita convertir a los vasallos en hombres libres. En consecuencia, para las relaciones burguesas el siervo, aunque siga existiendo, es inevitablemente considerado como libre o sea, como criado El inicio de este proceso estaría recogido en la picaresca española. Desde entonces la construcción del sujeto libre ha pasado por diversas etapas, el criado se ha convertido en asalariado y tal vez enfree lance; el sujeto libre se ha convertido en sujeto autónomo pensante, en el individuo de la novela del XIX, solo contra toda la sociedad y por último en lo que voy a Ua 28 ABC CULTURAL 20 de febrero de 1999 E BELÉN GOPEGUI