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ABC Cultural Diccionario Nacen dos diccionarios María Moliner. Diccionario de uso del español Gredas. Madrid, 1998. Segunda edición. Dos volúmenes. 1.594 páginas, 17.700 pesetas. tro volúmenes. También deben tenerse en cuenta las tres décadas pasadas. Y así quizá puedan justificarse los ajustes realizados sobre la parte gramatical, entre otros. Propondré algunas señales de estos treinta años pasados: lengua, realidad social y tecnología, vulgarismos, artes y política. Para lo concerniente a la lengua basta detenerse en los términos afijo, artículo, complemento, determinante, influenciar, persona y el ya referido verbo. La nueva edición incorpora ya como correcto influenciar, antes dado como solecismo, ajusta a las nuevas teorías gramaticales afijo, artículo, complemento y determinante, y elimina la explicación etimológica (personae máscara) tan ilustrativa por otra parte. La realidad social y la tecnología, con sus nuevos términos y modas, aporta el grueso de la base léxica añadida en esta edición. Así, la música suma tieavy metal y new wave (no new age, sin embargo) aparecen mescalina y raya (de cocaína) jogging, ieasing y l arma; se revisa la definición de copyrigfit, se registra el paso de nombres propios a comunes de algunas marcas como lycra, cetme, rémington (no, en cambio, mágnum) o aparecen contrato blindado, empleo temporal, desempleo y paro, ninguna de ellas contemplada en la primera edición. En cuanto a la técnica y la ciencia, los elementos químicos ya no son 103 sino 105 (se añaden el t ucfiatovio y el hahnio, hijos de la investigación en torno a la bomba atómica) y se incorporan ecografía y algunos nuevos componentes del automóvil como airbag (no ABS, ni disco de freno, ni turbocompresor, no obstante) Los vulgarismos, por razones de censura o por decisión personal de la autora, tenían una presencia muy limitada. Baste ahora cotejar, y pido disculpas, cojón, ctiocho, coito, cópula, culo, felación, follar o sexo: algunos no figuran en la primera edición, otros están muy ceñidos a definiciones neutras, otros, como la cuarta palabra citada, pasa de Unión completa de los gametos en los protozoos. Unión del macho y la hembra en los animales superiores a Unión sexual que permite la transferencia de esperma a las hembras. Particularmente, unión del macho y la hembra de los animales superiores En el ámbito artístico y literario, se introduce picassiano, quizá como restitución histórica o reconocimiento; pero esta decisión abre un peligroso camino: ¿Por qué no daliniano? María Moliner definía futurismo como nombre dado a una de las escuelas modernas de arte que pretende representar simultáneamente en la obra estados y sensaciones no simultáneos ahora, como movimiento artístico y literario de principios del siglo XX que, proclamando la ruptura total con la cultura del pasado, exaltaba los valores que consideraba propios de la modernidad: movimiento, velocidad, maquinlsmo, etc. El cotejo no sólo da cuenta de los cambios, mejoras o variaciones; también, como decía, de los años pasados y de los contextos políticos en que se han escrito una y otra obra. Basto observar que rey era, en 1967, Monarca. Solo úe diciembre de 1998 I L diccionario de María Moliner (1967) M J proclamaba ya en el título su alcance: Diccionario de uso del español; se imprimió en dos volúmenes que sumaban casi mil seiscientas páginas, y fue, desde buen principio, una alternativa a la consulta del D. R. A. E. El diccionario académico fue reeditándose y ampliándose, durante estos treinta años, a ritmo lento pero incorporando nuevos términos; el l oliner se reimprimió sin más modificaciones que la corrección de algunas erratas; incluso se lanzó una edición en CD- ROM, útil para quienes no despegan la mirada de la pantalla mientras escriben. Pero el corpus, las definiciones, la organización e incluso la tipografía, siguió siendo como en 1967. Muchos son de la opinión de que diccionario que no se revisa, diccionario que muere. Esta opinión, como tantas otras en el terreno de la Lingüística, puede ser matizada. La segunda edición del Diccionario de uso del español de María Moliner es el mismo diccionario y no lo es. No se presenta con sobrecubiertas de papel ni tapa de cartón laminada en piel o similar; no ordena las entradas según el característico modo en que lo hiciera su autora sino que las presenta en riguroso orden alfabético; la letra, aproximadamente del mismo cuerpo, es más clara y legible; el papel, más blanco. No es el Moliner de siempre pero es el nuevo Moliner Dejando a un lado la apariencia externa, el diccionario se abre con una presentación del académico Manuel Seco en la que se argumenta por qué el diccionario había quedado varado a este texto sigue otro titulado La nueva edición del D. U. E. en el que se nos informa de que además de la revisión de entradas y sus definiciones, se sitúan al final del segundo volumen dos Apéndices, uno con los nombres científicos de botánica y zoología (que en lá primera edición aparecían insertos en su lugar alfabético) y otro con los desarrollos gramaticales que la autora había escrito sobre sintaxis, fonología, morfología, etc. y se estima en un 10 por ciento el número de entradas nuevas. La edición de 1967 se abría con la Presentación de la autora, veintidós páginas y una página desplegable con un ejemplo de cono léxico ahora, esas páginas han quedado reducidas a cuatro. Especialmente dolorosa es aquí la pérdida de epígrafes completos como el que dedicó Moliner a su Teoría de la definición la Extensión con respecto al D. R. A. E. y la parte en la que trata sobre la actitud purista y la actitud innovadora respecto de los neologismos. Nada se hubiera perdido, pues, de añadir la presentación completa, aun cuando hubiera que anotarla, cual si de edición crítica se tratase, en lugar de abreviarla como se ha hecho. Bien, pero la edición de 1998 es el nuevo Moliner, y aunque se manifiesten resistencias o reticencias ante el cambio, hay que admitir que ésta es la edición de que dispondrán los hablantes y escritores que comiencen, desde hoy mismo, a transitar por las páginas de este magnífico diccionario. iit tn De las modificaciones en cuanto a la organización deberían señalarse algunas cosas: el orden alfabético universal facilita sin duda la consulta, aunque el diccionario pierde el carácter de autoría individual desde el que se concibió; en lo que hace a los Apéndices de términos científicos y desarrollos gramaticales, obliga a quien consulta a tener ambos volúmenes a mano y, a veces, abiertos al mismo tiempo. El apéndice de términos científicos de botánica y zoología, ordenadas sus entradas latinas alfabéticamente, da su equivalente usual, con lo que si quien consulta conoce, por ejemplo, el término aguaturma, su definición le remitirá al término científico, pero si es al revés, éste remite- en el apéndice- al usual y, tras ser localizado, habrá que consultar en su ubicación alfabética la definición. Quizá este apéndice debiera ser bidireccional (científico- usual y usual- científico) quizá para otros consultantes el apéndice facilita la búsqueda. En cuanto a los Desarrollos gramaticales en realidad artículos sobre gramática insertos tras las acepciones en la primera edición, se ha optado por reunirlos al final del segundo volumen, en apéndice, y ordenados alfabéticamente. El dedicado al verbo ocupaba cuarenta y tres páginas; en la nueva edición se han eliminado los cuadros correspondientes a las formas de la conjugación aplicables a cada caso expresivo clasificación de ciento catorce posibilidades en cuadros de siete columnas que incluían ejemplos, en un total de diecisiete páginas. Cotejar una y otra edición, la de 1967 y la de 1998, no es sólo labor de abrir v cerrar ios cu. a-