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y ABC Cultural Discos EVARISTO FEUCE De referencia Bueno Aceptable Discreto Mediocre DALL ABACO CONCERTI CONCERTÓ K O L N MAHLEgr m m V- 0. ÍasiA, Felice Dall Abaco: Concieños. Concertó Kóln. Teldec. LUNQUE reconocido como el AL primero de los autores en fijar el orden de las partes de la sonata primitiva, Evaristo Felice Dall Abaco (Verona, 1675) fue también un viajante y estudioso por cortes y capillas europeas. Hay en sus obras una inusual riqueza y variedad de estilos que van desde la perfección formal de ios Concerti da chiesa del opus 2, a los postreros y galantes del opus 6, pasando por los más franceses del opus 5. De todo puede escuciiarse en este disco. Concertó Kóln se aplica con su acostumbrada y contagiosa veinemencia, al tiempo que se deleita en la lectura de los movimientos lentos con los que se confirma la fama que se le atribuyó al veronés. A. GONZÁLEZ LAPUENTE J. S. Bach: Chaconne- Tombeau, de la partita BWV 1 CXM. Sonata BWV 1001. Partita BWV 1004. J. Miguel Moreno, laúd. Emma Kirkby, soprano. Carlos Mena, contratenor. Glossa. IINGUNA aventura N. a José Miguel parece arredrar Moreno, creador del excelente sello discográfico Glossa y laudista esencial en nuestro panorama. En esta grabación, ofrece dos monumentos para violín solo en limpia y plausible versión para laúd barroco. Cómo no destacar la célebre Cliacona de la Partita 1004, que suena aquí con una intimidad distinta, pero no menos verosímil, que en el violín. Moreno lia incluido, además, una doliente versión de esta Cliacona con dos voces que cantan la pena de Bacíi por la pérdida de su primera mujer. -A. G. L. Mahier: Sinfonía rf 1. Brahms: Variadones San Antonio. Rl. de Nueva York. B. Walter. Sony. JL e c o s músicos tan adecuados para entender la compleja facilidad, valga la paradoja, de las obras de Mahier, su maestro, a la vez mezcla de vulgaridad y sublimidad. En esta Sinfonía aparecen ya los síntomas que llevaron a la destrucción de la forma sonata, en paralelo con la descomposición de la sociedad circundante. Libre de gangas- hasta donde permite la música- con un fraseo natural y afectivo, a partir de texturas claras y un uso preciso del rubato, Walter edifica una de las versiones de referencia. Efusión, buen pulso y lirismo se hacen patentes en las límpidas Variaciones sobre un (supuesto) tema de l- iaydn brahmsianas. Orquesta Poulenc cumple 100 años E magnífica. -ARTURO REVERTER Mozart: Arias de concierto. R. Strauss: Ueder. Rl. de Berlín. C. Scháfer. C. Abbado. D. G. ENVENDAS B, No es que la las nuevas voces. de Christine Sciiáfer sea una maravilla, pero tiene una notable homogeneidad de soprano lírica con ribetes de ligera, emisión fácil y canónica, dicción precisa y extensión indudable. Su timbre es un tanto gutural, pero de buena pasta, y su canto, siempre correcto, un punto anodino, particularmente en Strauss. En todo caso, aplausos para su Non temer amato bene (con una espléndida Pires al piano) y su Vorrell spiegarvi con un sol sobreagudo pescado al límite, pero efectivo) de Mozart y su Wiegenlied de Strauss. Buena colaboración de orquesta y director. -A. R. 19 de noviembre de 1998 Guerrero: Motetes. Música Reta. Oír. R. Mallavibarrena. Cantus. A L. escasa discografía sobre el sevillano Francisco Guerrero hiace de este disco, en el año del aniversario de Felipe II, una referencia de aparente interés. Sin embargo, la selección de obras establecida sin criterio la convierte en una reunión de motetes y piezas sacras que sólo puede ser una primera aproximación. Es evidente la dificultad de este repertorio del que ya contamos con magníficas referencias y, frente a él, el trabajo de Música Ficta tiene más de futuro que de presente. La abundancia de datos aportados por el libreto contrasta con la falta de sutileza de una grabación cuya presencia fatiga y delata a los intérpretes. -J F. G. Dvorak: Rusall a. R. Fleming, B. Heppner, F. Hawlata. Orq. Rl. Checa. Dir. Ch. Mackerras. Decca. X ARECE que para los músicos eslavos no había más que una opción, o sinfonista u operista. Dvorak alcanzó la popularidad con la primera y la historia- prolongando estúpidos errores que no le corresponden- se ha contentado con ello. Sin embargo, compuso diez óperas y no dejó de quejarse amargamente de su marginación. El presente proyecto de recuperar una de las mejores, Rusall a, se ha hecho por todo lo alto: un director de alto vuelo (Sir Charles Mackerras) y, sobre todo, la presencia de la soprano americana Renée Fleming que constituye el principal reclamo. -J F. G. MI toma la avanzadilla del centenario de Francis Poulenc (1899- 1963) con una ejemplar edición de sus obras que suman una veintena de discos y que, sin duda, va a ser la referencia de la fonografía poulenquiana. La figura de Poulenc se agranda f con el tiempo. Su frescura y refinamiento, su falta de pedantería, su encanto y humor, su desinterés por proclamarse un revolucionario, su horror a erigirse como inventor de un sistema compositivo los sistemas son trucos decía) su sencillez y falta de pretensiones, lo hicieron aparecer como un excelente compositor de segunda fila cuando es, en realidad, uno de los más grandes genios del siglo. Poulenc unía en su personalidad dos influencias complementarias: la de su padre, oriundo del Avey- 5 ron, que va a dar origen al músico grave, de profundo sentido religioso, de austeridad casi descarnada, y la de su madre, parisina, a la que debe su refinamiento, su gusto por una ligereza elegante, mundana, casi frivola, su maravillosa joie de vivre Escuchar la obra de Poulenc es una aventura enriquecedora. La edición está sumamente cuidada y elude en lo posible las inevitables coincidencias con los discos de EMI anteriormente editados. Su primer interés es el número de obras inencontrables incluidas, a lo que se suma el valor testimonial de muchos registros: baste citar la presencia del propio Poulenc como pianista, junto a sus amigos Jacques Février o Pierre Bernac, de Duruflé como solista del Concierto para órgano... Pero no se piense en una edición histórica, hay muchas grabaciones recientes y toda la edición posee una calidad técnica que permite una audición placentera. El año Poulenc no podía tener mejor preludio. ALVARO MARÍAS 55 V