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ABC Cultural íScSÍ tos históricos se mezclan con alusiones simbólicas, mientras que musicalmente se mueve en un estilo más cromático y de mayor complejidad contrapuntística. Es, además, uno de los trabajos en los que la vieja colaboración entre Glass y Wiison alcanza mayores cotas de intensidad expresiva, siempre dentro de ese hieratismo tan característico de sus producciones. No es por ello la ópera del creador musical o la del creador escénico sino un trabajo conjunto en el que el texto, el movimiento, la imagen y la música se combinan de manera homogénea para llegar a esa obra de arte total buscada por sus autores. A ello contribuye de manera especial el libreto de Luisa Gosta Gomes, que es una reflexión poética sobre las expediciones portuguesas articulada en una secuencia de cinco actos y tres breves- entreactos kneeplays En el interior de ese armazón, la escritora portuguesa juega con los diferentes tiempos históricos y sitúa los actos primero y terVisiones portuguesas cero en el pasado, mientras que el o Corvo Branca, la ópera escrita segundo y el quinto están ambienpara la Expo 98 de Lisboa, ciudad tados en el presente y el futuro, en la que se estrenó el pasado quedando el cuarto (que no tiene mes de septiembre, toma como texto) fuera del tiempo. De ahí que punto de partida los descubrimien- haya escenas más grandiosas y tos marítimos portugueses de los otras más íntimas y que, consisiglos XV y XVI para centrarse en guientemente, la música sea al temas ecológicos del mundo mo- principio más monumental y al final derno como la polución de los más nostálgica, lo que también océanos o la destrucción de los trasciende a las cualidades del bosques amazónicos. No es la pri- canto, muy unido a las bellas y cámera vez que se interna Glass en lidas sonoridades de la lengua porel tema de los descubrimientos. Ya tuguesa. En definitiva, y dejando lo hizo en 1992 con The Voyage, aparte toda querella entre partidaencargada por el Metropolitan de rios y detractores, O Corvo Branca Nueva Yori para las celebraciones nos presenta a Philip Glass como del quinto centenario. Inmedia- lo que realmente es: un artista vertamente posterior a ésta. O sátil e imaginativo y uno de los Corvo... es una ópera mucho más operistas más innovadores de las introspectiva y en ella los fragmen- últimas décadas. 19 de noviembre de 1998 colaboración con Robert Wiison cayó como una auténtica bomba en el panorama operístico de nuestro siglo y fue el comienzo de una actividad volcada casi exclusivamente al teatro musical. Desde entonces, el camino ha sido largo y el lenguaje del compositor ha ido evolucionando hacia fórmulas mucho más ricas y complejas que las que encerraba el primitivo idioma minimalista. Las últimas etapas de su denso catálogo escénico incluyen una trilogía basada en la obra cinematográfica de Jean Cocteau (incluyendo en La Belle et la Béte un interesante experimento de sincronización entre la cinta original y la ópera en vivo) y, muy recientemente, la ópera digital Monsters of Grace, cuyas imágenes en tres dimensiones son generadas por un ordenador (el mismo que usó Spielberg en Parque Jurásico) para ser recibidas por un público previamente equipado con gafas polarizadas. La casa del músico D ENTRO del grupo de compositores minimalistas americanos, la posición de Philip Glass es paradójica. El fenómeno del que participa ha sido, también, conocido como música repetitiva; pero frente a la sutileza de un Steve Reich, fundador del movimiento y cuya música producía un tejido sonoro sometido a transformaciones graduales, o a la mística hipnótica de un Terry Riley, o el rigor en el manejo de las proporciones de un Tom Johnson, la situación de Glass era la de un pragmatismo zafio del que era inevitable esperar un desembarco en el mundo del pop y del gran espectáculo. Pero Glass entendió pronto que su material musical brillante y colorista se adaptaba al teatro como anillo al dedo. Abrió oficina en Broadway y consiguió una alianza fenomenal: Bob Wiison, el hombre de teatro que mejor ha esculpido la caja teatral en las últimas décadas. El binomio Glass- Wilson ha sido como un talismán para un cierto tipo de espectáculo. La música de Glass funciona como un friso de planos secos y toda su inanidad, cuando se escucha sola, se convierte en funcionalidad al servicio de las cortinas de luz y de los volúmenes, generalmente cúbicos, que han hecho la reputación de Wiison. Con esta fórmula, han atravesado el minimalismo, el posmodernismo y las ruinas posteriores desprendiendo olor a novedad. Otro aspecto que revela la gran astucia de Glass ha sido su insistencia en denominar ópera a una gran parte de sus espectáculos. Frente al debate interminable de cómo debe ser una ópera en nuestros días, Glass y Wiison insisten en mantener tal denominación para un tipo de teatro cuyas raíces se hunden más bien en la performance de alto presupuesto- tal- y como la entendía la vanguardia neoyorkina hace dos décadas- o en un X tipo de teatro- danza de filiación moderna. ¿Es extravagancia, oportunismo o meditado cálculo? Hace más de una década, Glass visitó Madrid para actuar en el Festival de Otoño y tuve oportunidad de realizarle una entrevista que ofreció un vivo retrato del personaje: Frente a mucho sentido del negocio- Estados Unidos, después de todo- y alguna incongruencia cuando salían temas de música pura, Glass se animó con el tema del teatro y lo ilustró con un dicho que circula por los medios profesionales de Broadway: El teatro es la casa del director de escena, el ballet es la casa del coreógrafo y la ópera es la casa del músico Glass concluyó aseverando que había comprobado que era cierto. Para alguien que había frecuentado todos estos medios y otros- cine, audiovisuales... la ópera era, al fin, su casa y, aunque Wiison sea frecuentemente invitado de lujo, el dormitorio principal es siempre para él. JORGE FERNÁNDEZ GUERRA 53