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ABC Cultural El tatuaje y el cuerpo ANTONI TAPIES oleadas a favor y en contra. Ya en la segunda Yo hablo con mi mano, tú escuchas con tus ojos década del siglo tuvo lugar el desbarajuste dadaísta, que hizo tabla rasa de la estética SHIH T AO conservadora y alteró muchas cosas, peí o que, contrariamente a lo que muchos piensan, N medio de los cambios de este enriqueció enormemente la plástica al valorar siglo (nuevos paradigmas científi- otras tantas expresiones que hasta entonces cos y filosóficos, nuevas tecnolo- se habían despreciado: las artes populares, el gías, nuevas situaciones socia- arte de los Jocos, el de la magia, el de los pueles... con su secuela de grande- blos salvajes el de la mística heterodoxa... y zas y miserias) también hemos asistido- y a también, evidentemente, todo el gran arte, menudo como una consecuencia de los mis- extraeuropeo considerado inferior por la tradi- mos- a Ja apasionante transformación de las ción greco- romano- vaticana. artes plásticas y a la liberación de muchas de Eí movimiento surrealista, en cambio, pese a; sus servidumbres, de la rutina del mimetismo 1 a importancia teótiéa y literaria de algunos de; académico, de las obligadas descripciones, dev sus representantes, fue- con algunas honrosas, toda la literatura que con harta frecuencia las excepciones- bastante regresivo por lo que respecta al lenguaje plástico. Lo mejor del ha dado vigor. surrealismo salió tal vez de su rama más cerDiversos artistas de las primeras vanguardias se esforzaron por definir (e incluso, algunos, cana a Dada, a los estudios jungianos, a la por aislar) la expresividad de los elementos nueva antropología, a la artes etnológicas... considerados entonces como más propios y Pero no hay que ocultar que algunos de sus específicos de la pintura y la escultura, recha- artistas contribuyeron más bien a perpetuar la zando aquellos otros que parecían heterogé- pintura y la escultura conservadoras en coincineos o anacrónicos respecto de las disciplinas dencia con la corriente de vuelta al orden y demás medios de expresión que, por su decretada sobre todo por los regímenes polítinaturaleza, les son más acordes. Lo cual no cos totalitarios. Hasta que, después de la contradice, claro está, ni el aspecto interdisci- segunda gUérra mundial, las artes: plásticas plinar ni tampoco la eventual colaboración mul- conocieron un nuevo resurgimiento: (el expretimedia que hoy puede darse en cualquier acti- sionismo abstracto americano, el infórmalismo, vidad, pero sí nos recuerda que ese aspecto etc. sólo resulta posible gracias a la existencia de Dejando a un lado todos los neos, posts y unas disciplinas y de unos medios de expre- otras nostalgias del pasado que con más pena sión previos y que tienen su propio desarrollo. que gloria han ido desfilando por los mercados En ese sentido, el trabajo realizado en el del arte en el último tercio de siglo, la oposición curso de los últimos cien años en pro de la rnás dañina y contradictoria al desarrollo de las independencia de la expresión plástica ha sido artes plásticas, sin contar la de los totalitarisgrande, y ha traído consigo, como le ocurre a mos, ha procedido de un sector- no del contodo lenguaje vivo, su renovációp y, llegado el junto, naturalmente- de lo que genéricamente caso, su transgresión. No es extraño, por se ha denominado arte de las ideas y de los tanto, que en ciertos momentos Se hayan privi- conceptos, un arte que algunos hasta prelegiado aspectos de la labor de os artistas tendían hacer pasar por inmaterial o por efí (como los impulsos subjetivos, laintimidad, la mero cuando menos, toda una doctrina que espontaneidad, el predominio del dibujo, el quiso imponerse a base de predicar sistemátiesquematismo, lo inacabado, eflgesto, el pro- camente que las artes plásticas estaban muerceso, la abstracción, los proyeGíos... que tas y que iban a ser sustituidas por sus nuevos mejor parecen responder a ese afárjde ibertad métodos impalpables. Estas teorías han contay de estrechar más la relación dé sü mente y do con bastantes adeptos- y por eso conviene su mano con la vida. Aquél fue un esfuerzo criticarlas, porque han constituido un lugar muy útil, al cual contribuyeron casi todos los común en el que han convergido los intereses ismos, y gracias a ellos, qué duda cabe, hoy de diferentes grupos: desde los que siempre nos encontramos en las mejores condiciones han sido adversarios del arte moderno hasta para explorar con mayor intensidad todo el algunas industrias de los nuevos rhedios de potencial mágico, hipnótico, curativo, desenca- comunicación; desde los celosos del éxito de denador del tránsito contemplativo... que siem- ciertos pintores y escultores hasta los extrepre han tenido determinadas líneas, formas y mistas que desean acabar con todo el sistema colores, determinados materiales y composi- de galerías y museos, como esos otros extremistas pueriles que casi siempre sirven para ciones, determinadas imágenes y signos... Pero estas transformaciones no siempre se hacerles el juego a los más reaccionarios. En han entendido bien, y han suscitado diversas efecto, muchos de los protagonistas de este m sector del arte inmaterial no sólo han acabado materializando también su propia obra con instalaciones y objetos de la mayor solidez, sino que a menudo lo han hecho con los defectos y los anacronismos que las artes plásticas parecían haber arrumbado ya: el abuso de las formas literarias de enunciación, la ya aludida rutina de las descripciones y el mimetismo... cuando no la insistencia machacona en el intelectualismo y en las críticas sociológicas y políticas, cosa que nunca dejará de tener su posible utilidad, pero que hoy en día se hace mucho mejor y más eficazmente por otros medios. Es una situación con la que ya nos hemos tropezado en otros. momentos, y que hace que, periódicamente, resucite una suerte de nuevo academicismo, que es lo mismo que va a ocurrir con buena parte de la pintura- pintura con la que se le ha querido enfrentar: y es que tanto el uno como la otra se van volviendo cada vez más reiterativos, flojos y comerciales. ¿Habrá que recordar acaso aquello que Marx les decía ya entonces a los que sólo trabajan con ideas? ¿O cómo Mallarmé reclamaba como mínimo una hoja de papel para poder escribir un poema? ¿O cómo Kandinski, al lado de los puntos y las líneas más impalpables, necesitaba siempre el soporte de una superficie? Por no hablar de que para tatuar unos trazos es indispensable disponer de una piel y quizá- para que el tatuaje haga efecto de verdad- hasta del erotismo entero de un cuerpo humano. v La forma de la forma Es cierto que, en uno u otro momento, todos aprovechamos la faceta descriptiva e incluso intelectual que pueda tener la línea o el dibujo, ya sea para hacer un apunte de una forma que no queremos olvidar o como un primer esbozo de un tema que nos gustaría desarrollar. Y la verdad es que tan dibujos descriptivos son ios esbozos académicos que después le sirven, pongamos por caso, a Poussin para pintar toda su literatura bíblica, como los que realizan Mondrian o Joan Miró en los años veinte y treinta para anotar las formas de sus cuadros. Pero no se puede negar que la emoción profunda, lo que en último término proporciona el valor artístico a algo, igual da que se trate de obras que utilizan los objetos más realistas como que se trate de obras que se valen de líneas y formas inventadas o abstractas, o que recurren incluso a las nuevas tecnologías más sofisticadas, dependerá siempre de la forma o la manera en que estén hechas, del soporte 19 de noviembre de 1998 47