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ABC Cultural Koan Galería Antonio Machón (25 aniversario) Conde Xiquena, 8 Madrid. Hasta finales de diciembre I N el budismo zen, un l oan propone M una suerte de prestidigitación. Un coan es una pregunta, pero en su inadecuación a cualquier respuesta, lleva al límite las posibilidades racionales para contestarla, abriendo la vía indirecta a un conocimiento intuitivo, fruto de la paradoja. Uno de los más famosos propone: el choque de dos manos produce un sonido, escucha el sonido del choque de una mano La técnica del koan dirige la atención desde la evidencia de aquello que deseamos o, simplemente, esperamos ver, a espacios de los que no tenemos evidencia. Si en el decir de san Juan de la Cruz, para venir a lo que no sabes has de ir por donde no sabes la labor del pintor será la de provocar espacios de desconocimiento que a un tiempo sean fuente de sorpresa. Antoni Tapies titula Mira la má su último trabajo para la galería Antonio Machón, que celebra con él los veinticinco años de su apertura. La propuesta, que se desarrolla en una serie de 30 dibujos sobre papel, reclama la complejidad del koan, en ella no hay solución, sino demanda de disolución de lo matérico en la delgadez del signo. Es ante todo la oferta de una dirección para la mirada, una serie de gestos que con la fuerza de la prestidigitación proyectan el misterio de ver hacia otro lugar, modificando la jerarquía de cuanto esperamos. Espera de algo inesperado, petición de apertura a la sorpresa que aún puede albergar una composición tan complejamente simple como la de una mano. Mirar la mano como mirar el fondo desde el que surge lo pintado, como cambiar el punto de observación desde la exterioridad que se muestra hasta el interior desde el que el cuadro se está gestando. Mirar desde dentro, esto es, crear como forma de participación teórica- contemplativaen aquello que se está haciendo. En lugar de ofrecerle a quien observa, un cuadro un pincel para que continúe el gesto, cambiar el lugar de (desde) la pintura a la mirada del obser ador. Contra el arte pasivo, estas líneas de evocación sobre papeles reclaman nuestra presencia, la hacen patente. Como en un arte de mago, la atención se centra en una mano para que una sorpresa pueda darse en otro espacio; no ya la mano, como figura o tema repetido en los papeles, será lo representado, sino el espacio completo que permite su representación, el vacío cóncavo de las manos sobre las que puede posarse el signo. No ya la mano será lo que se escenifique, sino la acción de la mano a través del recuerdo de sus gestos, de sus huecos. La obra de Tapies sigue evolucionando, quizá éste 19 de noviembre de 1998 Mira la má (1998) pintura, tinta y lápiz sobre papel sea el mejor homenaje que se puede dar a nuestro pintor más internacional, provocando ahora la sorpresa de la serenidad, la reflexión sobre la matenalidad última de los signos, su esencia de maravilla y secreto para la vista. Coincide esta muestra con otras tres en las galerías Joan Prats, Senda y Edicions T, lo que, junto a la presentación por Antonio Machón del libro ¿Tú? fruto de la colaboración del pintor con una de nuestras mejores voces poéticas, Antonio Gamoneda, diseña un periodo de efervescencia creativa para quien declara estar perdiendo la memoria. El koan no sólo es el camino necesario para quien busca la serenidad, aquella que Heidegger definía como capacidad para mantenerse abierto al misterio, abierto el pensar reflexivo, sino que se vuelve hacia quien lo utiliza, proponiéndole una constante e intensa reflexión sobre cada signo, y la propia identidad, y la historia de esa identidad como uno entre los demás. Tapies propone a Tapies como un koan en estas obras. Dibuja con sus estilos las líneas justo antes de que desaparezcan, no con una intensidad que quisiera fijarse. Los signos se borran, se adelgazan, hacen brotar la nada alzando la mano: el pintor queda a un lado, ya que la pintura habla por sí sola desde su situación más paradójica e inexplicable. Sólo en la máxima dejadez el gesto aparece con una rotundidad definitiva. En palabras de Valente: sin manipular la materia, sino dejando que ésta se manifieste. En otras palabras, ¿quién habla a través de la pintura? ¿quién mira? es posible proponer aún los gestos, ios signos desplazados por la magia desde ellos, como un espacio donde la inquietud y la búsqueda todavía aparezcan, más allá de su materialidad, más allá de toda dualidad propuesta por ella, desde la serena sensualidad de sus presencias. El koan al que nos referíamos tiene una segunda versión, que nos situaría en las cercanías de una correspondencia con la obra de Tapies; Si has oído el sonido de una mano, ¿puedes hacer que alguien lo perciba? MIGUEL ÁNGEL RAMOS 45