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ABC Cultural Verano del 98 Galería Edicions T. Consell de Cent, 282 Galería Senda. Consell de Cent, 292 Galería Joan Prats. Rambla de Cataluña, 54 Barcelona. Hasta el 9 de enero T ENDRIAMOS que empezar diciendo M al hablar de la obra de Tapies de los últimos años y, en especial, de la más reciente, incluida la que acaba de producir en el verano del 98, justo cuando va a cumplir sus 75 años, que la oscuridad del pensamiento (aqueílos límites o derroteros a los que nos es muy difícil llegar porque su horizonte- como decía Ortega y Gasset- siempre se aleja al ser un horizonte de ultimidades y su indefinición- como ya previo Goya- crea monstruosidades, porque es allí, donde se acaba el razonar, la claridad y la diferenciación cartesiana y empiezan las elucubraciones del inquirir estético. Éste es el mundo en la obra de Tapies: nos atrae su insondabilidad y nos atemoriza lo que aparece detrás de todo ello. En efecto, se trata de una obra anclada profundamente en lo existencial: un existencial que se quiere atado a lo concreto, pero que transcurre en el vacío de la oscuridad de los sentimientos y de las emociones. Todo ello porque observamos que Tapies resulta ser, al cabo de su trayectoria y de los años, un pintor realista de lo cotidiano, de los hechos simples y de cada día. Sin embargo, no debe entenderse ni percibirse su realismo en el sentido filosófico y clásico que se remite a la figuración que creemos nos devuelve el espejo, sino que se trata del realismo de la inmediatez y de la sensualidad, que se limita a reconocer y a apegarse a lo que hay, a lo que está al alcance de sus sentidos. En cada obra suya se percibe ese gozo táctil, manual, para él, y que se convierte en goloso para el ojo del observador. Su aportación personal comienza cuando entiende que sólo la gestualidad dará alcance a lo que siente y experimenta, y que en la acción y en el hacer se sienta flagelado, lacerado en un insondable gozo masoquista. Ello motiva que Tapies se comporte en su tarea de creatividad estética como un materialista primitivista y trabaje como los aboríge- S r- M nes de un mundo concreto y cerrado, quienes pasan de la visión objetiva a la sinrazón gestual del garabato, en un complejo perceptivo y representativo muy cercano al de la magia simpática de los afectos y rechazos. Tapies se sin e del amasijo matérico y de la incisión a la manera de los grafitti porque así se le resuelven tres problemáticas inherentes a la creatividad (no se olvide que Tapies es una persona de alto nivel intelectual) y que son: a) diseña alusivamente sin tener que someterse al diseño designado como objetivo; b) alude con la herida de la incisión a la carga trascendente atribuida a todo objeto, inyectándole así una dosis de animismo alusiva a la presencia de espíritu de todos los que utilizaron o se sentimentalizaron con el objeto o su imagen diseñada y c) la incisión le permite a él, su creador y ejecutor, hundir su propia idea, intención y energía para producir en el espectador el impacto de la materia sensibilizada. Muy a menudo, para mantener el realismo, su realismo Tapies utiliza la caligrafía, la palabra caligrafiada, porque así se cumple lo que popularmente se cree que hay implícito en cada palabra: la realidad simple que la identifica con lo real. Todo ello puede conducir a que se perciba en la obra de Tapies una cierta actitud simbolista que, sin embargo, no es tal, puesto que no encontraríamos su descodificación en ninguno de los manuales establecidos. Creo que él mismo, y para cada ocasión, establece la nota simbólica que cree más pertinente, sin que ello le obligue a someterse a ningún sistema. De ahí que, contrariamente a lo que se opina, la obra de Tapies no sea descodificable, es decir, analizable según esquemas preconcebidos, puesto que él, su autor, actúa para cada ocasión según le dicta el impulso que le motiva. Ahí residiría en parte su constantemente proclamado antiacademicismo, que es en donde- se dice- reside la norma y la serie. Es por ello por lo que no creo que proceda establecer un catálogo básico de signos para acercarse a la obra de este creador. Lo que no evitaría- y las obras actuales lo facilitan grandemente e invitan a ello- que el artista propusiera para cada una de ellas el acertijo de su percepción. El juego del camuflaje estético, ¿no andaría por ahí? ARNAU PUIG 19 de noviembre de 1998 8 sobre Ilibre (1998) barniz, pintura y lápiz sobre papel 44