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ABC Cultural signos. Son signos de la necesidad (6) Lo que se pone vale por sí misnno como tal, pero sobre todo es una marca: a veces, un niño lleva una tiza, un trozo de yeso, y va dejando una raya en la pared según camina, o va dando tirones a los carteles pegados. Es la misma clase de marca que no remite a significación, sino que hace presente una mano, un lienzo de tiempo con el que confrontarse. Este vínculo evoca una de las clases de signos que distinguía Peirce, la que no se basaba ni en la semejanza ni en la correspondencia conceptual, sino en la conexión física inmediata y directa; la llamaba índice. Tapies reconoce la asunción de hechos físicos externos al cuadro- siempre he especulado mucho con accidentes de trabajo: te cae una mancha, te cae una herramienta, te abre un agujero... (7) y ha utilizado objetos como moldes para vaciar en el volumen escultórico o para sobreimprimir en la materia del cuadro (grifos, cubiertos... esto ha ocurrido también a menudo con impresiones de partes del cuerpo (manos, pies... Pero, más allá de los datos concretos, es la tensión con lo que está la que acerca todos los signos al lugar del índice y consuma la incorporación de la realidad al espacio de la obra: materia real y no representada, primero; penetración aguda, después, en las relaciones entre el lenguaje y el mundo; y, por fin, esta última perspectiva muestra la pintura como entrelazado dinámico del objeto que la compone y un exterior, un fuera de campo con el que directamente se conecta. El cuadro pesa, autónomo, como pesan las cosas, pero no se halla aislado de ellas: es la huella en que vibra, con asombro ¡rreductibie, la misma existencia, la que- a partir de é l- no podrá negarse. En el continuo gesto de poner sobre lo que está, el despliegue del índice concentra y nutre todos los movimientos. Lo que se pone, como la raya de tiza en la pared, es un deíctico que apunta hacia fuera, una señal vacía del sujeto. Vacía dé sentidos codificables, pero impregnada de confrontación real de las cosas, del esfuerzo de una voluntad a la que se siente vivir. Así, Fichte, cuando definía el poner en su sistema filosófico, entendía que en su raíz implica ponerse a sí mismo como existente O, en palabras de Jacques Dupin, referidas a Tapies: la doble acción conjugada de la materia, que es expansión y energía, y la de la recopilación de marcas y acciones humanas que hacen, cuerpo con ella, amasados en su sustancia, imponen con poder opresivo la presencia de un ausente, su paso, su desaparición ardiente, y ia inminencia de su retorno (8) El gesto de Tapies conduce todos los niveles al deseo de la marca e impone unas relaciones paradójicas entre los dos términos del conflicto: distinguibles como tales, según lo visto hasta ahora, pero también amasados, inclinados a una oscura proximidad. Mientras escribo, da el sol en la ventana que tengo enfrente; está bajada la persiana, aunque deja ranuras, y están corridas las cortinas. Una línea amarilla de sol recorre el movimiento ondulado del lienzo moreno: no procede de ninguna intencionalidad ni es marca de un sujeto, pero su trazo sinuoso me recuerda algunos signos de Tapies. ¿No querrá la marca, la huella, ser 19 de noviembre de 1998 materia también? ¿confluir en la existencia pura de lo sin voluntad? La dialéctica Quizá la continua tensión entre lo que está y lo que se pone, sólo indica un afán de llevar lo objetivo y lo subjetivo hacia sus puntos máximos; pero asumiendo que no cabe conocerlos por separado e incluso que necesitan enfrentarse y confundirse en este movimiento. Muchos gestos de Tapies, algunas de sus referencias en la tradición, los tiene en común con el expresionismo; pero éste funciona como singular polarización del yo, mientras que aquí no hay esa asimetría, sino el despliegue continuado de un conflicto. Y eso supoone otra concepción del mundo. Una xilografía de 1995, Cuadrícula, incluye, sobre un fondo negro, el rayado que le da título y una calavera: la elección entre los dos motivos tal vez revele la escasa importancia rrido para adelante y para atrás, y constituido por el quebranto de las hipótesis y las ideas (9) La existencia- ha escrito Jean Wahl- es, por una parte, lo que nos resiste, y, por otra, el esfuerzo que ejercitamos sobre lo que nos resiste. Así, podría definirse la existencia ya por la resistencia, ya por el esfuerzo, ya más bien por la relación o la unión de ambos: pues ambos están unidos a la vez que luchan entre sí. (10) De este modo, el juego de fuerzas que constituye la pintura de Tapies es el mismo juego que constituye la vida, y a ella- en un último extremo de verdadero realismo- apuntan sus opuestos polos y el conflicto que sostienen y los sostiene. Todos los debates planteados acaban insertándose en esta dinámica: así, la vocación de la marca es dejar huella, hacerse huella, y, cuando aborda cara a cara ia materia para convertirla en índice del yo, está proponiendo limpiamente el debate sobre la trascendencia- pero, en elotro polo, nada es más ajeno a la propia condición de la materia que trascender, y ese pulso se mantiene en vilo, en vaivén, como la lógica de las mareas. Mientras la dialéctica ortodoxa conduce hacia la visión de un todo, la que aquí se intuye no desborda lo particular, sus esquirlas, se deshace en migas de energía. La experiencia de cada cuadro es única, completa, pero ellos mismos son sólo fragmentos moviéndose sin imán que los dirija a un puerto, encuentran ley en su propio carácter inconcluso. La dialéctica es la conciencia en su infelicidad, en su siempre renovado quedar a distancia de las cosas y de sí misma; pero- propone de nuevo Jean Wahl- quizá sea nuestro destino sacar nuestra felicidad de esta conciencia infeliz (11) tocar en las propias manos los movimientos del mundo, la multiplicidad de las cosas, la ilimitada energía de los hombres. concreta que se les da, que lo único importante sea la confrontación con el fondo. Lo fundamental no es ni el signo ni la materia, sino su yuxtaponerse, su encuentro, el juego de su conflicto en el cuadro. Así, los frecuentes dípticos que Tapies compone como fórmula de unidad de los contrarios: es bien conocido su interés por la dialéctica como sistema, por el modo en que la explican los antiguos pensadores chinos y por los análisis de su relación con Occidente realizados por el sinólogo marxista Joseph Needham, uno de los mayores expertos en una historia crítica de la ciencia. La dialéctica es, en la pintura de Tapies, solamente una ley de la estructura del mundo y la vida como conflicto; no es la idea de un movimiento ordenado que busca su síntesis como encubierto precepto moral. Los contrarios no se superan en una unidad más alta, sino que se mantienen en una confrontación activa de la que extraen temporal equilibrio. La dialéctica no es una flecha dirigida a un fin, sino un camino siempre reco- Notas: (1) Antoni Tapies, La realidad como arte. Col. de Arquitectura, Murcia, 1989. (2) Severo Sarduy, La noche del sentido Cuadernos Guadalimar, 6. Madrid, 1978. (3) J. V. Foix, Antología, ed. de Enrique Badosa. Plaza y Janes, Barcelona, 1975. (4) Charles S. Peirce, Écrits sur le signe ed. de Gérard Deledalle. Seuil, París, 1978 (la traducción del francés, puramente instrumental, es mía) (5) José- Miguel Ullán, Tapies, osf nato catálogo de la exposición de Antoni Tapies en la Galería Soledad Lorenzo. Madrid, marzo- mayo 1995. (6) Antoni Tapies, Palabras sobre pintura entrevista con José- Miguel Ullán, Cuadernos Guadalimar, núm. cit. (7) Antoni Tapies, en Miguel Fernández Brasso, Conversaciones con Tapies, Rayuela, Madrid, 1981. (8) Jacques Dupin, Ante Tapies Cuadernos Guadalimar, núm. cit. (9) Jean Wahl, Introducción a la filosofía. Fondo de Cultura Económica, México, 1988 (8) (10) Ibídem. (Il) lbídem. 43