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ABC Cultural una humedad que crea una sombra hosca; el Este trabajo suyo e dio una soledad de obaire colapsado; toda la experiencia de la intiservador entre las cosas. Otra vez aparecía la midad como la vive un niño; a veces unas cafigura del niño, personaje silencioso que se jas o carpetas; unas manos que van a tienfundía con él en el momento dulce de la instas; unos ojos de icono, pero sin rostro. piración. En paralelo con el desamparo del uno corría el descubrimiento del otro de que De ahí le quedó al pintor la pasmosa senla maravilla que es la naturaleza no daba cosación de- y cito sus palabras textuales- esRecientemente, el pintor confesó: Intento bijo suficiente al hombre. De ese asombro y tar creando objetos tan raros que no me queque mi obra produzca en el espectador rede esa decepción había nacido el arte como daba más remedio que destinarlos al esconsultados psicofísicos generales y que actúe el deseo de hacer un doble del mundo matedite, ocultarlos Era como volver de nuevo a en otros sentidos, no exclusivamente en el rial, pero dándole el punto de vista del cobijo, las sensaciones infantiles, al menesteroso campo visual. Pues bien, uno de los primedándole a esa copia una dimensión afectiva o mundo de milagros y talismanes que, sin emros efectos que producen sus cuadros es el comprensiva para con el hombre que la natubargo, siembran de encantamientos la mente descarrilamiento de nuestra inteligencia, al raleza no tenía. Tal vez por eso desde muy de un niño, y que sólo él visita, porque es de quitar de eso que creemos que es una reprepronto su pintura confluyó en los muros que ahí de donde obtiene la fuerza que le consentación de la naturaleza todo lo que de adle obsequiaban con una imagen de sí mismo. viene para levantar las defensas contra todas yacente tiene, y que tanto juego intelectual Explicó que había sentido el poder evocadqtí las amenazas exteriores. Incluso nos lo imada. Él no pinta según la verdad de la pintura, ginamos sirviéndose, para elaborar esos ra- j de los muros años atrás, cuando sus parieríH y por eso sus cuadros quedan fuera, por así ros objetos, de los mismos utensilios rucjil íes hubieron de refugiarse detrás de llpS éM decir, de la gama visual ordinaria, de igual mentarlos que tienen los niños a su alcanll; -la guerra. Vio que además podía Cí 3 r 5 gi iár manera que la nota más elevada de la escala un yeso proveniente de un derribo, paMiJeÍ! sobre los mismos su protesta pófítiei, y la y la más baja quedan fuera de la capacidad blanco; un cristal oscuro, para rallar y Ji tí f sombra de los complots quedóientoi ises deauditiva del oído o que existen olores que savorada por superficies de colqrgúg sacrificahendiduras; un trapo, para emborronMIÍD turan el olfato. Él pinta según la verdad del ban el relieve, los bultos y jas rugosidades al para incorporarlo al cuadro; un tubo d e é objeto: crea felizmente una naturaleza, da precio incomparable dejáof Óidad y la luz. algo a ver, da algo a respirar, da una nota a mente o un ibte de barniz junto con e í É l j p partir de la cual acompasarse con el mundCiij rárí, de la c q l f i á materna, para los gruii i; ¡y Pero los muros nq sido su única Juego, la rríé MXie los signos. -iSfll; Una enseñanza que nos ha traído este síli construcción mayQC; Tan; Sóberana como ella glo es precisamente que la pintura pierde iji; f Y el artistipilárdaba esos objetos cri ¡ffi será siempre la frápífestrúctura que ha levancuando tiene que representar únicamentljlájs con los maiJÉiajés más simples. Valían p i e tado con sus slSraslÉiSre cartón y sobre paapariencia, porque, queriendo cumplir ¿ir les y carton Éé todas las clases y p r o c p i i S pel. Éstas sqfj; if; (pó el emblema de que la gla tradicional que prescribe copiar exacta- cías, cuerdliípi jliéá- Hiiqllgiaja y cachc) Í! gracia reinarllisBre la fuerza. Y por buscarle mente la naturaleza, la conculca. Es el qlásicó madera. NaiH: Síé; desÍ 3 erdS á a. Una fotóidilj una última, áW- Sjógía, satisfacen el deseo del problema de la visión del cubo. El s r husu estudiápilGainpins en ÍÍgÍ puestra QÍí íriiñó de hasérsé una cabana para contemplar mano nunca puede ver simultáneamente, d un univefsóí- eifimental de íraéMps de tinta allí el tesoro de objetos raros que ha ido un solo golpe de vista, más de tres capas dSil! china trapos manchadc gl pjas de peguardando, para refrescar su espíritu, para un cubo. Un perfil humano no deja asorn i? iódicó; dispérsas, pluminesyjlljiserrucho, hundirse en todo lo hermoso que hay en la más que un ojo. Sin embargo, por una ááttli; t tias tijeras grandes, y algunoáí ¡jetos raros: naturaleza y en su arte. Los monjes budistas duría anterior, sabemos que el hombre tí ri X Í JDeles y cartones fijados coii óhjnchetas a suelen tener cabanas como ésas en un rindos ojos y que el cubo tiene seis caras. ÍM: ÍÍÍ: paredes. El empleo q u e Í p h t o r dio a cón del jardín del monasterio, donde toman niños suelen pintar dos ojos en los perfiles de e ós; l umildes ingredientes enjisíi; ibra revela ceremoniosamente el té. Reproducen los cosus retratos. Esos monstruos culoistas que éfrésIiíétQ que ha tenido por S; ÍGosas comulores que el pintor ha cultivado con preferenellos dibujan nos recuerdan que la apariencia nes de; ls! vida, pues las elevóliaSñiáxima excia: el amarillo apagado del cereal, y el gris es engañosa, y que era hora de cambiar la preSJón dieUaFte. No sólo lasiÉgo expresión leve del papel en las paredes. Mientras atraley que ha regido la pintura y de establecer voluiltafiaidé úná austerida ¡dÍ pbreza, como viesa el jardín para llegar a la cabana, puede otra justicia contemplativa. MM- Í diciendo: Hé ahí mis pertétji S ¿ías sino que que un monje se diga a sí mismo este poema: las convirtió en un recurso gfíí lico para señaMiro más allá; Ahora bien, para salirse de esa: tí píá, el lar una verdad sin describirla, de modo que artista tan sólo tuvo que alejars Íel círlas flores no están, los espectadores se sintieran estimulados a culo vicioso de la especulación ipiietórica, ni tampoco hay hojas coloreadas. tener un contacto inmediato con la vida en luemprender una purga respecto dfeila forEn la orilla del mar mas plásticas convencionaÍes, í; pÍfo; é; ín; gar de contentarse con una versión ajena a se yergue una cabana solitaria renunciar a ninguno de los elementos que, jéijM, Buscaba una eficacia natural para su a la difusa luz de un atardecer de otoño. alientan en el trato con lo artístico. Eso dBira, i cle forma que el arte dejara de ser una Y así también, con esos pocos elementos, evasión de la vida. Cuando menos, se absno evitó, sin embargo, que las formas ha ido creando el pintor esos fondos permatuvo de cometer el pecado de orgullo de que encontramos en sus obras tengan nentes sobre los que irremediablemente ya complicar la verdad. más de acontecimientos que de formas: se desarrollan nuestras vidas. r lifei r- L. i! í- j 40 19 de noviembre de 1998