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V h JiB T. L- ABC Cultural cartas y, junto con todo, mi muerta ilusión Se canta ahí lo que se va escribiendo; pero, aireado el desengaño, se cuela una postdata melodramática que se sale del campo del corresponderse, que se desliza sin remedio, deshaciendo el hechizo de una carencia íiane de escenario, hacia otra intimidad representable, que se impone enseguida sobre la esencial o primera- -el tú a tú. lo apalabrada- -y que, en definitiva, acabará por suplantarla desde el exterior, por doméstico y familiar que éste sea: Al cerrar esta triste carlita. sonriendo, a mi lado mi madre llegó; y, aunque quise ocultarle mi pena, yo sé que mi madre llorando me vio (Antes de ese enfriamiento autocompasivo, de ese exhibicionismo epilogai o gesto impuro, la carta propiamente dicha da noticia del tráfico habitual entre corresponsales enamorados: fotografías y cabellos, aunque también huellas o manchas- -de carmín, unas; otras, bastante más inciertas- relicarios, pañuelos, cintas, flores, tachaduras, realces, dibujos en los márgenes e improvisados talismanes. Cartas marcadas. En substancia- -collage que no se sacia- algo más que palabras. Entre muchas palabras que aspiran, asimismo, a convert; irse en algo más que en simple o esmerada caligrafía úh aunque sean malas nuevas, escríbeme, escríbeme (Antes que el süencio, la muerte. Y, antes todavía, cualquier cosat capaz de aplazar ese fin: tonterías, borrones, noticias desdichadas inclusive, Señales que prefieran ser desorden a nada, rendir perturbación antes que olvido. Abandonando e! ritmo del tango, otras can- ciones populares se enganchan a la carta hecha trizas, como el pasillo La carta, del leproso El Manco Arango, fallecido en Agua de Dios (Co. -lombia) o a las definitivas, de ruptura y de cha ímusquina Pedacito de papel, de José Velá quez) No son palabras de amores las que te quiero decir; ya verás que en el papel las cuá tro juntas, quemadas, van diciendo que te olvidé en lo que se refiere a estas últimas, relea- mos de oído, sobre todo, la expeditiva Garfa a Ufemia ie devuelvo tu palabra, la devuelvo sin usarla de Rubén Fuentes y Tomás Méndez, que la dicción zumbona del mexicano Pedro Infante convirtió en pegadiza pieza cómica, eso sf, provista de un final respetuoso: Deí amor, pa qué te escribo l í q ü e d a como amigoYtu afectísimo y atento y muy seguro servidor (Humor y despecho, pegatnénfeiy tt ras, en modo alguno desdeñables, para collage en construcción, inconcluso. En boca dé Daniel Santos o de Óscar de León, Contedme, t 3 br de! compositor Arsenio Rodríguez, óubanb y ciego, siempre ha sido plegaria vana- Y en la Carta de amor, de Esperón y Cortázar, alguien cede, alelado, a la nostalgia, pentras repasa y acaricia la última carta de la amada, hace ya mucho tiempo recibida. iftS d ¡c iZH J z nft I -S i n 3- j- J E ü -1 -I y Al Pero tal vez Escríbeme, canción original de Castillo Bustamante. interpretada por el portorriqueño Johnny Albino y su Trío San Juan, sea la que contenga, a base de revdaciohés adversativas, e! mayor número de datos sobre la naturaleza desesperada del que, por encima de su propio existir (doble absurdo y pertinente sentido) vive pendiente de recibir la ansiada carta de amor. Recuérdela el lector al completo: Son tus cartas mi esperanza y estimulan mi alegría; aunque sean tonterías. escríbeme, escríbeme. Tu silencio me acompaña, me preocupa y predispone; aunque sea con porronjes, escríbeme, escrtoeme. Me hacen más falta tus cartas que la misma vida mía. Lo hiejor morir sería si algún día me olvidaras. Cuando llegan a mis manos. su lectura me conmueve; 19 de noriembre de 1998 Expresiones epistolares de amor, fusión en la distancia, súplica y desconsuelo en voz de los juglares radiofónicos, subcuítura envolvente, romanticismo en bruto y a granel, llorar sobre mojado. Poco que ver, a fin de cuentas, con las cartas de Ovidio, con las de los dos enanorados que habitaban en una aldea situada al pie de los Alpes, con la de Amarílis a Belardo o, menos todavía, con las de aquel amante verde, dirigjdas por un loro ya muerto al rey que tuvo en vida por amo No. no es de ideal literario la asociación que aquí se esboza para esta entrada oblicua en materia. Y, desde eso que no es. tan desatendido por ingenuo, brota la pretensión de amoldarse mejor, con todos IQS reparos y excepciones que luego aquí hagan falta, a lo que son las Caries per a la Teresa, escritas de propio puño por el pintor Antoni Tapies a su esposa en 1971 y. tres años después, convertidas en libro de artista, en carta abierta: serle cuajada, lacertosa y bella de 64 litografías (a veces, con collages incorporados) editada en París por Maeght. Cualidad del número 64: el infinito en China y, al mismo tiempo, las casillas que tiene (en evidente dualidad: la mitad, blancas; la mitad, negras) cada tablero de ajedrez. Totalidad y juego. Partida inacabable entre dos, entre los dos que tanto o sólo se importan. jv I i f I Embebidas, a raja tabla inscritas en ese doble juego, ¿qué muestran o qué esconden estas cartas de Tapies a Teresa? Muestran, en realidad, todos los palos: cortos (oros, copas) f I 33