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ABC Cultural ción. 6. No se quedó callado ante el ataque a la chica por parte del mozo de cuadra, le regañó, pero no se quedó, ya que llegar junto al paciente enfermo seguía siendo su principal prioridad. 7. Cambió sus prioridades cuando se dio cuenta de que el mozo estaba a punto de abusar de Rose, y decidió no abandonarla. 8. Pero cuando el mozo hizo que los caballos echasen a andar, perdió el control sobre ellos y siguieron galopando arrastrando el carruaje como un tronco en un torrente La defensa parece sólida e impecable. Ningún jurado de acusación podría condenar al médico por su conducta en ninguna fase de los acontecimientos. Sin embargo, al principio de la historia y hasta el final de la misma, las cuestiones centrales quedan por resolver. Lo que es más, ni siquiera llegan a plantearse en ningún momento. ¿De qué se acusa exactamente al médico? ¿Qué acusación, qué cargos intenta rebatir tan desesperadamente? ¿De dónde proceden las acusaciones? ¿Quién le condena? ¿Quién le condena, al fin y al cabo, a estar desnudo, expuesto a la frialdad de ésta la más desgraciada de las épocas, con un vehículo mundanal, unos caballos sobrenaturales, un viejo como yo, vagando extraviado ¿Y por qué pecado? Alrededor de una tercera parte de la historia trata de los intentos del médico para defenderse de una acusación que nunca se formula, de un fiscal que no aparece ni una sola vez en esta historia. Además de la lógica y sólida apología del principio de la historia, después aparece otro alegato de defensa muy diferente del inicial, lastimero y lleno de autocompasión. Era el médico de distrito y me esforcé todo lo que pude en cumplir con mi obligación, hasta el punto de que se volvió casi excesivo. Aunque me pagaban mal, era generoso con los pobres y les ayudaba... ¡Qué hacía allí en aquel interminable invierno! Mi caballo estaba muerto y ni una sola persona del pueblo estaba dispuesta a prestarme otro. Tenía que sacar mi yunta de la pocilga. Si por casualidad no hubieran sido caballos, habría tenido que viajar con cerdos... Una vez más me habían llamado sin necesidad, estaba acostumbrado a ello, todo el distrito convertía mi vida en un tormento con las llamadas nocturnas, pero que esta vez tuviera que sacrificar también a Rose... era pedir demasiado... A diferencia de la breve defensa al principio de la historia, este monólogo no indica un intento de convencer, sino un esfuerzo por provocar compasión. Quizá sea un monólogo más allá de la desesperanza, ya que el que habla ha expresado al principio su deseo de morir (en cuanto Rose esté a salvo) y, al final, resume su visita al paciente- y toda su vida- como un fallo irreparable. Sin embargo, el inicio deja historia es, al menos superficialmente, una defensa sólida e irreprochable. Es una defensa dramática: está escrita casi como una frase larga, una frase de varias cláusulas cuyas partes están definidas principalmente por puntos y coma. En algunos lugares, al menos en la traducción que tengo, el testimonio del médico se ofrece en tiempo presente, como una información en directo en el momento en el que se le acercó, sí, el mozo la agarra y aprieta su cara contra la suya. La chica suelta un grito y corre hacia mí Hay varias 19 de noviembre de 1998 transiciones del pasado al presente como ésa. Si tuviésemos que esquematizar el argumento de Un médico rural como protocolo de una interrogación, el absurdo sería aún más evidente. Si todo está dispuesto para el viaje, incluida una calesa ligera con grandes ruedas ¿por qué no se va? Porque no hay caballo. ¿Dónde está el caballo? Murió anoche. Entonces, ¿cuál es el contrato inicial que se pide al lector que acepte al principio de esta historia? En primer lugar, se espera que el lector confíe en el médico- narrador, que sienta simpatía por este tipo decente que responde a la llamada de un paciente gravemente enfermo en una noche de nieve y tormenta y que sufre un retraso por motivos puramente técnicos. El lector también debe reconocer el sentido de deber moral y profesional que obliga a los médicos a hacer todo lo posible, incluso a poner en peligro su propia vida si es necesario, para ofrecer asistencia médica a los pacientes gravemente enfermos. Las exigencias que el médico- narrador presenta al principio de su testimonio contribuyen a que el lector se vea en la necesidad de centrarse en el punto principal (es decir, salvar al paciente) y de no perder energía en nada más. Un caballo que murió anoche de frío y cansancio pertenece a otra historia. No hay tiempo para eso ahora mismo y, además, eso no le serviría de nada al caballo. El mozo de cuadra y el par de espléndidos caballos repentinamente paridos de una pocilga abandonada, bueno, en efecto producen sorpresa, pero uno no se hace demasiadas preguntas en momentos de crisis. El lector es invitado a identificarse con el sentido de urgencia que lleva al médico a decidir utilizar esos caballos sin hacer preguntas. Ni siquiera la primera vez que el extraño abusa de la muchacha justifica un retraso y se espera que el lector quede satisfecho con la reprimenda del médico. En resumen: hasta que los caballos salen al galope, el lector no tiene motivos para criticar las consideraciones del médico. Pero, cuando la situación escapa al control del narrador, el lector es invitado a preguntarse si la situación estuvo controlada en algún momento. ¿Eran las decisiones del médico verdaderamente decisiones? En realidad, lo que ha sido presentado como una cadena eminentemente razonable de cálculos y decisiones no era más que un engaño de pesadilla: el médico ha sido engañado. Sólo en una ocasión ha respondido a la falsa alarma de la llamada nocturna y nada puede tener arreglo, jamás No sólo se ha engañado al médico, sino que, al parecer, se ha hecho trampa al lector. Porque, de hecho, no hubo ninguna alarma. Además, ¿no decidió el médico cancelar el viaje en el último minuto, rechazar el pacto de carruaje a cambio de chica, sólo para que su decisión fuera aplastada por la fuerza bruta? Al fin y al cabo, no emprende el camino, sino que más bien se ve empujado a iniciar el viaje en contra de su voluntad. En profunda contradicción con la impresión causada al principio de la historia y subrayada al final. Un médico rural no es una historia de crimen y castigo, ni tampoco una fábula sobre emprender el mal camino o tomar la decisión equivocada: la tragedia del médico no es en absoluto consecuencia de sus acciones ni de sus fracasos. La apologética es superflua. El contrato inicial es únicamente el objeto del verdadero conflicto interno. Según las condiciones de este contrato interno y latente, el médico es culpable a prior! es acusado y condenado desde el principio, a pesar de su inocencia, incluso antes de que responda a la falsa alarma e incluso antes de que empiece su serie de apologías. Desde el principio mismo, el médico no es más que un tronco en un torrente ¿Y por qué murió el caballo? Por las fatigas de este gélido invierno ¿Y por qué estaba cansado el caballo en el gélido invierno? Porque todo el distrito convirtió mi vida en un tormento con las llamadas nocturnas ¿Y por qué era esta llamada más dura para usted que las otras? Pero esta vez tenía que sacrificar a Rose ¿Y por qué la abandonó? ¿Por qué dejó que el mozo le mordiera la cara? Se lo reproché. Le amenacé con darle una paliza. ¿Por qué no le azotó? Porque inmediatamente recordé que el hombre era un extraño, que no sabía de dónde venía ¿Y por qué aceptó ayuda de un extraño cuando ni siquiera sabía de dónde venía? Porque me ayudaba por propia voluntad cuando todos los demás me habían fallado ¿Por qué le fallaron los demás? Todo el distrito convirtió mi vida en un tormento ¿Y por qué no le impidió que reventase la puerta y atacase a Rose? Lo intenté. Le ordené que me acompañara o, de lo contrario, no iré por muy urgente que sea mi viaje Entonces, ¿por qué no anuló el viaje? Porque el mozo hizo que los caballos se pusieran en marcha tan bruscamente que la calesa rodó como un tronco en un torrente Pero, ¿por qué se puso en manos de semejante mozo de cuadra? Porque me esperaba un paciente gravemente enfermo y no tenía caballo. Y vuelta a empezar. (En realidad, el mismo formato se puede aplicar al fallo del diagnóstico. En primer lugar, el médico no consiguió apreciar la herida del chico herido y después no consiguió curarle. 29