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ABC Cultural Ensayo Vidas de artistas tegna, Leonardo, Giorgione, Corregió, Rafael, Bramante y Miguel Ángel. Es discutible la opinión de los editores de que la primera edición de Las vidas es preferible a la segunda (la de 1568, editada por el propio Vasari, con importantes correcciones y ampliaciones) arguyendo estudio introductorio y, en cuanto tal, es una antología preferible a las muchas otras que por ahí circulan. Pues, como afirmaba Julius Schlosser, nunca estaremos lo suficientemente en guardia contra Vasari Y desde luego no lo estaremos si tomamos sus Vidas como fuente de un testimonio histórico irrefutable. Precisamente allí donde Vasari nos cuenta como de primera mano cosas que parece haber visto y oído directamente, allí es también donde debemos andar con mayor precaución y desconfianza, pues es probable que se trate de un truco retórico para hacer más creíble su narración. Así sucede, por ejemplo, cuando narra las causas de la muerte de los artistas, ofreciendo en muchos casos detalles muy íntimos, que Vasari no podía conocer, o como cuando da la noticia del asesinato por envidia de Domenico Veneciano a manos de Andrea del Castagno; cosa, como se sabe, absolutamente imposible, porque el asesino murió mucho antes que su presunta víctima. MIGUEL CERECEDA Giorgio Vasarí. Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos desde Cimabue a nuestros tiempos (Antología) Estudio introductorio, selección y traducción de María Teresa Méndez Baiges y Juan María Montijano García. Tecnos. Madrid, 1998. 416 páginas, 2.900 pesetas. S IN duda la fuente más importante para el estudio de la liistoria del arte del Renacimiento italiano, Las vidas de Vasari constituyen una lectura casi obligada para todos los estudiantes de Historia del Arte y, en general, para todos los aficionados al arte, así como para los enamorados de Italia. Por desgracia, la extensión de Las vidas, así como el lenguaje rebuscado del Vasari, han hecho verdaderamente difícil al lector de habla hispana disponer de alguna edición fiable y completa de estas vidas de artistas. La solución más socorrida en este sentido ha sido siempre la de editar una selección o una antología de las vidas de los artistas más conocidos, pero por lo general todas ellas carecían de estudios críticos y de anotaciones. En este caso, la edición preparada por María Teresa Méndez Baiges y Juan IVlarla Montijano nos propone una selección crítica y anotada de la primera edición de Las vidas (la de 1550) con las biografías de Cimabue, Giotto, Paolo Uccello, Ghiberti, Masaccio, Brunelleschi, Donatello, Piero della Francesca, fra Angélico, Alberti, Filippo Lippi, Verrochio, Bottlcelli, Man- que es preferible a ésta por su carácter literario y artístico, y porque constituye el fruto de un solo impulso para luego presentar al lector una selección que no permite apreciar la unidad de dicho impulso. En cualquier caso, ésta es una edición crítica y anotada, precedida de un Reconciliarse con los cincuenta Vicente Verdú. Señoras y señores. Impresiones desde los cincuenta Espasa Calpe. Madrid, 1998. 210 páginas, 2.300 pesetas. A UNQUE no haya llegado aún al momento fatídico que desencadena este libro, el momento de cumplir cincuenta años, es fácil que una mujer de cuarenta sepa muy bien de lo que habla en él Vicente Verdú. Cierto es que a esta mujer quizá no le preocupe tanto la salud, y un menor surtido en su botiquín parece asegurado dado el vasto conocimiento que el autor demuestra de la más moderna farmacopea, pero todo lo referente a la hermosura, el tiempo, el amor y el sexo, el fantasma de las otras vidas que no fueron e incluso el punto hasta el cual se puede llegar en la lencería, por poner algunos ejemplos entre los temas abordados por el autor, son auténticos clásicos del mundo interior femenino desde una edad mucho menos provecta que la de los cincuenta. ¿Quién podría entender mejor la puñalada trapera del espejo que las mujeres, nacidas para ser Blancanieves muchos menos años que madrastras? Lo bonito es la manera que Vicente Verdú ha elegido para conjurar, en lo posible, la maldición de sus cincuenta: este libro de función antioxidante -dice- para él y fuente para los lectores, quizá en primer lugar, de goce literario. Porque la voluntad de escribir y el recreo que en esta tarea encuentra el autor se hacen rápidamente patentes. Siempre inteligente, afilado, rotundo en su mirada a los mundos de este mundo, a la sociedad española, y en general a aquello que se ponga a tiro de su curiosidad, que es universal, Verdú derrama sobre este asunto tan densa y propiamente humano una cucharada más de poesía, y se suceden frases bellas e imágenes sutiles. Para quien lea Señoras y señores, no cabrá duda de los efectos benéficos y antioxidantes que su escritura proporcionó al autor, puesto que lo que empezara como una elegía al joven muerto- siempre, eso sí, impregnada de un fino humor- termina convertido, casi, en un canto a la conformidad. Al entendimiento de uno y de todo. No en vano se concluye en que la vida viene a ser, una y otra vez, en cualquier tiempo, la mejor edad donde ser feliz Quizá para los señores que se acerquen en igual trance que el descrito a este libro, su lectura sea también un lenitivo del dolor, e incluso un pensar no hay mal que por bien no venga. En cuanto a las señoras, a las que tan delicadamente trata Verdú en todo momento, las habrá que en secreto y superado lo peor del trago ya antes de llegar a los cincuenta, pensarán con ánimo más solidario que vengativo ¿a que sienta mal? Pero algo está asegurado a todos, y es el disfrute de un libro bellamente escrito, imaginativamente dispuesto y todo él elegante, señorial. Sólo una cosa se echa en falta, y es el capítulo dedicado a la alopecia, inexcusable en un ensayo sobre los cincuenta por más que sus angustias no atenacen, ya se ve, al autor. Cualquiera esperaría de un escritor sensible más solidaridad ante el sufrimiento de una gran parte de sus iguales, y no la sonrisa, casi insolente para tanto calvo, con que este Verdú de cincuenta y tantos y casi todo el pelo nos saluda en la solapa. A N A SALADO N O DIGAS N O C H E UNA PANTERA E N EL SÓTANO Amos Ox Siruela 20 19 de noviembre de 1998