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ABC Cultural Esy penomcnología de la ausencia nao Peter Sloterdijk. Extrañamiento del mundo Traducción de Eduardo Gil Bera. Pre- Textos. Valencia, 1998. 366 páginas, 3.500 pesetas. I vuelvo durante mi ausencia, W tenedme aquí hasta que regrese David Cooper nos refería esta frase en su Lenguaje de la locura. Quien la pronunciaba era un paciente esquizofrénico. Pero hoy no dudamos de que lo que llamamos locura sea cuestión de límites, de que el loco sea aquel individuo que se sitúa exliminae, es decir, aquel que, al extralimitarse, se e- limina del grupo o de la muestra que tomamos como patrón de medida. Por eso, porque ya no dudamos de ello, el libro de Sloterdijk no se nos presenta como una historia de la locura, sino como una fenomenología del extrañamiento y de la huida. Se trata de una fenomenología de la ausencia o, mejor dicho, del ausentarse, de las estrategias que, a lo largo de la historia, hemos construido para ausentarnos de un yo con el que nos encontramos sin haber ¡do a buscarlo y que nos sobrecoge. La autoexperiencia pánica del acto de presencia es una experiencia que irrumpe, normalmente, por la puerta trasera y que, habiendo penetrado en lo que creíamos nuestra intimidad se instala en ella a pesar nuestro. De repente uno descubre que, en realidad, existe. Y es probablemente porque la palabra existencia se ha convertido, como nos dice el autor, en una ficha académica por lo que ha optado por trazar la historia de esa experiencia y de los modos en que la humanidad se las ha ingeniado para asumirla o para rechazarla. Y así nos muestra Peter Sloterdijk cómo (después de que la modernidad, salvaguarda del Yo racional y razonable, haya desembocado en las fórmulas con las que el psicoanálisis pretendía explicar y ordenar lo infra tanto como lo supra en la zona intermedia) las disciplinas metafísicas- esas terapias musicales para el cosmos y sus habitantes desvelados -han sido ante todo (en su origen) formas de andar despiertos. Tanto el anacoretlsmo y el monacato, en Occidente, como el budismo, en Oriente, fueron movimientos de oposición contra las religiones institucionalizadas. Es de agradecer que un filósofo occidental implique a las doctrinas de la India en la elaboración de su pensamiento. Es cierto que algunos autores han tenido en cuenta a Oriente a la hora de establecer una Historia de la Filosofía; Karl Jaspers, por ejemplo, incluyó a Lao Tsé y a Nagarjuna en su texto sobre los grandes filósofos. Pero una cosa es tener a Oriente en cuenta en la historia universal del pensamiento y otra situar a la tradición india en el lugar que le corresponde en los orígenes mismos del pensamiento de Occidente. Peter Sloterdijk acude a India, pero es una lástima que se limite a la consideración de las escrituras upanishádicas y del budismo primitivo porque, para el tema en el que desemboca: la relación de estas metafísicas con el lenguaje psicoanalítico, le hubiese 19 de noviembre de 1998 sido de mucha utilidad adentrarse en los sistemas cuyo material es, precisamente, la observación de la mente y la doctrina del yo, como, por ejemplo, la escuela del Yogachara perteneciente al budismo Mahayana o incluso el sistema ortodoxo de Patanjali. El planteamiento central del libro de Sloterdijk se vertebra en torno a la siguiente pregunta: ¿Cómo se resuelve la huida cuando ya no hay monasterios ni desiertos? La respuesta parece simple: huimos hacia el mundo, nos refugiamos en él, a medio camino entre el más adentro y el más allá, en el médium, el ámbito de en medio, el de los media. Nos mediatizamos La sociedad poliescapista ha generado un sinfín de comportamientos con los que hacerse el muerto sueño, desmayo, ensoñación, embriaguez, droga, inatención, distracción, especialización, todos ellos son formas en que dicha sociedad se procura el alivio o el olvido. ¿El olvido de qué? Del yo, por supuesto, de la conciencia de ese existo que siempre se acompaña de la sospecha- ¿o es una sensación? -de no estar en el lugar que nos pertenece, la conciencia de esa nuestra naturaleza irremediablemente trashumante. lengua (psicológica) con los principios básicos de la primera (metafísica) En efecto, ambas disciplinas surgen a raíz de la pregunta por el nacimiento, ambas funcionan en el ámbito del recuerdo, ambas luchan contra el olvido patógeno, ambas se adiestran en la atención a los estados de semi- olvido. Por tanto, no debería ser difícil trasvasar a un lenguaje psicológico actual los grandes conceptos metafísicos: iluminación, salvación, liberación. La iluminación se entendería como teoría posmetafísica del acosmismo, un ausentarse del mundo que sin embargo se realiza en el propio mundo eliminando dualidades extremas como la de mundo- yo. Salvación: una teoría del acabar; el alivio de la salida del conflicto. Liberación: rebelión metafísica contra lo real mediante la transformación creativa; liberación como teoría de la creatividad. Pero si bien la propuesta resulta sugerente, y ha de considerarse necesaria, incluso imprescindible la renovación no sólo de los viejos conceptos sino también de los viejos símbolos, no queda del todo claro, y tal vez por eso no lo desarrolla, el esquema de traducción propuesto. Y ello probablemente se deba a que tampoco termina de aclarar lo más importante: la diferencia entre las distintas huidas y la idea de base que determina el sentido (la dirección) de las mismas. Pues, en efecto, no es lo mismo huir del descubrimiento pánico procurándose los medios para seguir construyéndose cada cual el personaje del que nadie se extraña (lo que se rechaza, entonces, es la experiencia) que huir de la presencia de ese yo extraviado hacia el lugar mismo del extrañamiento (sumergiéndose en la experiencia) Esta segunda opción puede implicar, o no, la huida del mundo, pero en tal caso dicha huida será tan sólo un método consecuente. El sentido de la huida, o mejor dicho, lo que se rechaza estará determinado por el status de realidad que se le otorgue a la experiencia y al mundo. Y este status de realidad es previo, y condiciona la huida en uno u otro sentido. El no tener esto en cuenta hace que cojee la genealogía de la ausencia de Sloterdijk, quedándose en una fenomenología descriptiva tal vez un poco apresurada. Aun así. Extrañamiento del mundo es un conjuro contra el anquilosamiento crónico de la conciencia, un antídoto contra las creencias heredadas, un ejercicio necesario. Lo que nos queda por averiguar es si, después de cada noche, de regreso de esa huida a la que el cuerpo incita, la asunción del mundo es un acto de cordura o una renuncia. Sloterdijk parece tenerlo claro: Lo que llamamos mundo existe sólo para aquellos seres que no tienen que estar preparados a cada instante para huir (pág. 320) CHANTAL MAILLARD La pretensión del autor habría sido la de escribir una guía bilingüe (metafísicamente interesada y psicoanalíticamente orientada) de las posibilidades de huida. Pero consciente de la envergadura de la empresa (habría de realizarse en el marco de una historia cultural) se limita a proponer las pautas, ciertas pautas. Dada la estrecha relación entre la metafísica y el psicoanálisis, se trataría de efectuar un trasvase, actualizar, digamos, los contenidos, enriqueciendo la segunda 19