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ABC Cultural Mm ra inteiTogatorío de las sombras e ois Doris Lessing. Un paseo por la sombra. (Segundo volumen de mi autobiografía, 1949- 1962) Traducción de María Faidella. Destino. Barcelona, 1998. 528 páginas, 2.900 pesetas. Q UIEN eschbe con evidente jovialidad estas crepusculares páginas autobiográficas es una autora que no necesita presentación, es una mujer que ha tenido una vida intensa y cuyo norte, cuando se trata de enfrentar ese viaje al extraño país que es el pasado, es el mismo que alentaba Dentro de mí: la necesidad de volver sobre la huella de los propios pasos- uno de los te f motivs, por cierto, de Marguerite Yourcenar en L oeuvre au noir- a pesar de saber que siempre se corre el riesgo de que esas huellas tejan una tela de araña devoradora, y de no llegar a distinguir dónde empieza la veracidad del personaje puesto en escena y dónde su invención. La mujer que aparece en las primeras páginas de esta autobiografía es una mujer de treinta años que deja atrás su vida- familiar, social- en Rodesia y se planta en Inglaterra con su tercer hijo y la saludable intención- saludable donde las haya- de empezar una nueva vida; de empezar una vida y de conquistar la libertad personal, la identidad profunda, incluso cuando aquella vida dejada atrás se le eche encima en forma de la visita de una madre abusiva (estupendas páginas resueltas sin acritud) ¡Cambiar nuestra vida es un negocio de gente de treinta años! berreaba Céline. Demos la frase por buena, aunque a la luz de estas páginas podemos añadir que vivir intensamente es acomodarse (después de provocarlos o de padecerlos) a cambios sucesivos, no padecer esa pereza de quien no se atreve a cruzar jamás la pasarela de la ventura, y que no se trata tanto de cambiar como de construir, como de perseguir con tesón y entusiasmo una meta que puede o no ser difusa, a caballo entre el idealismo y la lucha por las necesidades materiales más perentorias. Una mujer joven, emprendedora, que está al comienzo de una prometedora y muy dilatada carrera literaria, que se planta en una Inglaterra que conserva todavía frescas las huellas de la última guerra mundial con intención de ser eso, escritora, y de comprometerse activa e intensamente en las batallas de su tiempo, en las exigencias de la época de la que forma parte más allá incluso de sus páginas de invención literaria. Es el año de 1949. Cuando la autora nos deje (por el momento) correrá el año de 1962. Entre tanto se escurren trece años mal contados en los que hay un poco de todo, pero lo suficiente como para llenar a rebosar una vida: militancia izquierdista y luego comunista, viaje obligado a URSS (delirante claro) desengaño temprano del Partido, de sus secuaces y patrañas (denunciadas con insistencia en esta obra de forma recurrente) cuando en otros lugares de Europa la tiranía y la estupidez y la manipulación conocían una salud de hierro, militancia anti- appartheid en los países del Sur de África denunciadora de la barbarie y la injusticia radical de los africaners, militancia pacifista y antinuclear (participará en las marchas de Aldermaston y formará parte del comité de los cien: no parece que se llevara muy bien con Bertrand Russell) Y junto a la militancia política de quien en su juventud sintió, demasiado alegremente, que era la vanguardia de la clase obrera, la sociedad literaria inglesa de la que nos ofrece unas páginas de una extrema lucidez que me temo no interesen más que a la gente del oficio (como suele suceder con todas esas arrebatadoras naderías que tienen como protagonistas a la busca y a la vanidad y que pueden resumirse en El asco indecible que al común de los lectores deja frío) Y luego la época: de la Inglaterra de las cartillas de racionamiento, a la Inglaterra de los cambios sociales profundos, que iba a suministrar al resto de Europa materiales de primera, el paso de un país de frío y penuria, de clases cerradas, de clima moral turbio- el de la Guerra Fría plasmado con eficacia- al mucho más alegre de los desenfadados e igualitarios sesenta Formas todas que exceden en mucho el marco geográfico de Inglaterra. Un paseo por la sombra está a medio camino de la crónica de una época escrita por quien se siente protagonista más que mero testigo, y el testimonio personal sincero, sin alardes de crudeza, de una intimidad y una identidad que crecen y se ensanchan con sus gozos y zozobras, de una vida afectiva y de unas relaciones de pareja poco con- vencionales: Qué fácil es ser inteligente ahora, y qué imposible era entonces dirá cuando se trate de hablar de las relaciones con una madre abusiva y de un amante pasablemente complicado, pero también es una forma lúcida de encarar la propia autobiografía. Por cierto, las páginas finales acerca del feminismo, el sexo y esas complejas y a menudo frustrantes relaciones entre hombre y mujer, son deliciosas y un gozo para los lectores de El cuaderno dorado. Páginas intensas casi todas, a pesar de una curiosa apariencia de superficialidad e incluso de desgana, que me temo no sea más que el efecto de una extrema naturalidad en el narrar, de una forma muy coloquial a veces. Pero sobre todo en esta obra de Doris Lessing hay una admirable necesidad de comprender, de comprenderse a sí misma, pero también de comprender a los otros, la razón o sinrazón o extravío de sus vidas, los motivos de sus actos. Además, las páginas que se refieren al autorretrato de la autora muestran sin proponérselo un coraje admirable, coraje para afrontar las dificultades cotidianas, coraje (y contagioso) en su empeño de escritora y coraje también para defender las propias ideas y enfrentarse a situaciones que podían ser peligrosas incluso, como el viaje que la autora, mediada la década, realiza a Suráfrica para escribir un reportaje de la situación, coraje sobre todo en esa construcción, tan querida de Auden, de la propia identidad. MIGUEL SÁNCHEZ- OSTIZ 19 de noviembre de 1998 18