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ABC Cultural Narrativa j Qce sin sustancia Ana Rodríguez Fischer. Ciudadanos Edhasa. Barcelona, 1998. 302 páginas, 1.900 pesetas. E S mejor decirlo enseguida: en esta su tercera novela, Ana Rodríguez Fischer (Vegadeo, Asturias, 1957) ha querido arriesgarse hasta límites que superarían sin duda a cualquier escritor, y se ha equivocado. Rodríguez Fischer cuenta la historia de un juicio, el de Daniel Herrero Folch, en el que intervendrá un jurado popular. A partir de ese momento, los procedimientos escogidos por la novelista harán de una apuesta que, si menos ambiciosa podría haber resultado, una novela repetitiva, lenta y definitivamente costumbrista. En efecto, la autora comienza por un capítulo narrado en primera persona por la Cárcel IVIodelo de Barcelona y termina con otro dicho desde la voz del Palacio de Justicia, Entre medias (casi trescientas páginas) un narrador no identificado (que le cuadra más a la credibilidad del texto y que muy bien podría haberse hecho cargo de todo) irá dando paso (poco a poco y ordenadamente) a los monólogos interiores de los distintos miembros del jurado, típicos y tópicos: la trabajadora doméstica, la profesora taimada, el neonazi, el okupa concienciado, el profesional liberal, etcétera. Todos ellos recibirán un tratamiento igualmente manido, abocados a representar su personaje de principio a fin sin cambios dignos de mencionarse. Luego el narrador se irá inhibiendo, dejando espacio a unos parlamentos que no aportan nada a la causa que se juzga ni a la profundidad de los personajes en juego (algunas historias cruzadas de interés puramente anecdótico, poco más) Situación, la provocada por este empeño en dotar de voz a todos los personajes, que obliga a soluciones muy poco naturales en un monólogo interior (como hacer que uno repita que le aprieta el zapato y otro que es okupa, o que todos en algún momento se llamen a sí mismos por sus nombres de pila) con el único objeto de que el lector no se pierda. En algún caso, además, lo referido en los monólogos raya directamente lo increíble, como cuando Pablo recuerda la explicación de unas circunstanciales chicas de apostolado bíblico y se cuenta a sí mismo la historia de Santa Teresita con fechas exactas, nombres completos de sus progenitores, etcétera, como si la estuviese leyendo en un libro de vidas ejemplares. poco. A ratos le sobran demasiadas palabras: Ése es el motivo por el que ahora, siguiendo las indicaciones del funcionario que fioy ejerce de cicerone, todos abandonan la gran sala y se encaminan a una de las dependencias anexas a ella (las i H, tf. H ai En definitiva se trata de una obra fallida por exceso, empeñada en demostrar más talento del necesario en lugar de poner el que se tiene al servicio de algo mejor que una ¡dea presuntamente feliz, y cuya sustancia se resume en una galería de personajes a los que un narrador- que es más cruel con unos que con otros, dejándole al lector poco o ningún margen para ejercer su juicio- de lenguaje menos elaborado de lo que quiere aparentar no acompaña tam- cursivas son mías) y este alargamiento innecesario de la frase se refleja también en un innecesario alargamiento de la historia. Es cierto que puede decirse que en literatura un riesgo fallido es preferible a lo de siempre escrito aplicadamente, pero es que uno termina por sospechar que tanto riesgo estaba aquí, solamente, para disimular lo otro. Ya está dicho. JUAN CARLOS SUÑÉN ¡SEÑORAS Y SEÑORES! Es EL P R E M I O ESPASA DE ENSAYO 1998 Imítente Verdú y su último libro Señoras desde los cincuenta una gran reflexión 19 de noviembre de 1998 y señores. a tener en Impresiones cuenta. 13