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ABC Cultural Poesía Contemporáneo y raro Horacio. XX Odas del Ubro Tercero Versión castellana, prólogo y notas de Daniel Samoilovich y Antonio D. Tursi. Edición bilingüe. Hiperión. Madrid, 1998. 104 páginas, 1.100 pesetas. I A aventura de hacer algo M Jl que suene a la vez contemporáneo y raro, local y universal, nos pareció posible Estas palabras de Daniel Samoilovich (poeta) y Antonio D. Tursi (profesor universitario) los dos traductores de este libro, pueden considerarse cumplidas, vista la eficacia con que llega al lector el mensaje de sabiduría vital y de belleza que le dejó el poeta. Contemporáneo lo ha sido Horacio en casi todos los momentos de nuestras literaturas. Menéndez Pelayo lo contó en su Horacio en España. Un siglo después su sucesor en la Biblioteca y en la Antología nos recordó que Horacio continúa en España Lo atestiguan en su escritura los poetas actuales, en un arco inmenso que va de Alfonso Canales a Francisco Fortuny. Y las innumerables versiones. Los traductores de este volumen admiten que muchas de las mejores siguen estando en prosa (yo pienso en la de Vicente Cristóbal, en Alianza) Sin embargo, han preferido el verso, abundante también en el panorama último. Se puede contrastar el metro imitativo de Fernández Galiano (en Cátedra) con las líneas serenas de Enrique Badosa (en Pamiela) Aunque ningún libro mejor para comparar versiones recientes que el Bimilenario de l- loracio de la Universidad de Salamanca (editado por R. Cortés Tovar y J. C. Fernández Corte, 1994) en el que los poetas Luis Javier Moreno, Francisco Castaño, y Paco Novelty dijeron a Horacio con sus voces distintas. Seleccionar poemas es otra forma de traducir y de volver accesible al poeta. Samoilovich y Tursi han elegido veinte odas del libro tercero. Y escriben XX odas jugando con la romanidad del siglo que termina y festejando todavía- con una oda por siglo- el bimilenario del poeta. El libro III es una buena muestra de Horacio. Se abre con el Odi Profanum Vulgus y se cierra con el Exegi Monumentum... Un buen principio y un buen final. Empieza con el poeta que define su voz frente a la muchedumbre, y acaba con el poeta que se autoproclama clásico. No sólo hay metapoesía. Junto a la moral de la mesura y del goce discurren temas políticos (en las llamadas Odas Romanas) mitológicos, eróticos y satíricos. Y se escucha una invitación a la bebida y a la felicidad. Ese combinado- que en ningún momento ha dejado de estar en lo más alto de la carta de licores- sigue siendo refrescante y sabiendo raro, lo que sólo quiere decir de calidad infrecuente Los traductores son argentinos y saben que transitan del idioma por excelencia a un idioma, en el que además ocupan- según ellos, aunque no todos estemos de acuerdo- una posición descentrada Lo que cuenta es que su Horacio es elegante y noble. Los argentinismos- muy escasos- no hacen sino añadir encanto a una nueva es 19 de noviembre de 1998 í W. ií critura, que a fin de cuentas sitúa al traducido en otro tiempo y en otro lugar, y le hace decir, impecablemente: ¿No ves. Pirro, qué riesgoso es robarle... Con conocimiento y sensibilidad han cuidado la métrica para conseguir un Horacio que resultara en la literatura española tan nuevo como en su momento lo fue en la latina. Han imitado acentos unas veces, y otras el número de sílabas, de versos o de estrofas. Se han guiado por una vocación general de analogía, sin caer en los dogmatismos de aquellos que acaban traduciendo del latín al latín, como dice el crítico famoso. Han confiado en que un buen clásico es inmediato, y han reducido en lo posible sus intervenciones: sucinta biografía del poeta, prólogo explicativo, título y breve presentación para cada poema, y notas agrupadas al final del libro. Hay que agradecer a la editorial que ofrezca el texto bilingüe, lo que hace verdaderamente libres a los traductores y a los lectores. Hiperión enumera ya entre sus clásicos grecolatinos a Safo, Catulo y Ovidio, además de una antología de Carlos García Gual sobre Prometeo. No debería olvidar que en su volumen 252 laten las bellas traducciones que Aníbal Núñez hizo de Propercio, Catulo, Horacio y Tibuio. Desde hace algún tiempo los libros de Hiperión se clausuran con colofones que rozan a veces el emblema y que complacen a los amantes de la imprenta, de la poesía y de la lengua latina. El de éste merece una felicitación: compone una columna cuya base es el verso con el que Horacio afirmó que sus odas durarían más que el bronce: Exegi Monumentum Aere Perennius. Algo que se vuelve a cumplir con este libro. Anticuado es lo de ayer, no lo de hace dos mil años aseguran los traductores. La mejor manera de hacer contemporáneo a un poeta es leerlo. XI PREMIO COMILLAS de memorias, biografía y autobiografía Adolfo Marsillach Tan lejos, tan cerca JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS 9