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ABC Cultural Réquiem por un monarca i La próxima semana el gmpo Gabrieli Consort, encabezado por Paul McCreesh, cerrará en la Iglesia de los Jerónimos de Madrid el ciclo musical dedicado a conmemorar el IV centenario de la muerte de Felipe II. Se trata de la reconstrucción de lo que hace cuatro siglos pudo ser el funeral del monarca, con el Réquiem, de Morales, como eje central. Este concierto, que se repetirá un día más tarde en Valladolid, será el punto de partida de una gira que llevará a la agrupación de McCreesh a visitar, en diciembre, varías ciudades españolas- Barcelona, Zaragoza, La Coruña, Madrid... en las que interpretará el Mesías, de Haendel T A de Felipe II no fue una de M esas muertes repentinas de que se hallan repletos los libros de Historia, Era esperada desde tiempo atrás. Ya desde el ano anterior, el príncipe heredero, eí futuro Felipe MI, se hallaba presente en los Consejos y firmaba en nombre de su padre. También en ese mismo año se había dado comienzo al inventario de los bienes de la Corona para pagar las deudas acumuladas. Meses antes de la muerte del Rey entre mayo y agosto de 1598, el copista de música de la capilla real recibía orden de poner por escrito dos composiciones destinadas a solemnizar ¡as exequias reales: la secuencia Dies irae (que no se ha conservado) del teniente de la capilla, el flamenco Adrien Capy í (el puesto de maestro de capilla se hallaba vacante desde la muerte de Philippe Rogier en 1596) y el ¡nvitatorio de maitines Regem cui omnia vivunt, de Cristóbal de Morales. E! lugar en el que la corte solfa celebrar las grandes solemnidades, juras y honras fúnebres principatmente, era la iglesia del Monasterio de San Jerónimo de Madrid, y éste fue el elegido para tas exequias de Felipe li, habidas lugar los días 18 y 19 de octubre. En esos dos días se celebraron et Oficio de Difuntos y tres misas, como era usual: una del Espíritu Santo, otra de la Santísima Vir ífc gen y, en úitimo lugar, la de Difuntos propiamente dicha, la del Réquiem. A las dos de la tarde del día 18 dieron comienzo las honras. El centro de toda la ceremonia lo constituía el túmulo, levantado en el crucero de la iglesia. El principe heredero se hall a frente a él en un dosel colocado al lado del Evangelio, desde donde podía ver al prelado Felipe II retratado por Pantoja oficiando en el altar mayor y, a la vez. a los cantores de la capilla real, que, agrupados en torno sü facistol, ocupaban el lu- omnia vivunt, de Morales y la secuencia Dies gar situado entre la primera capilla del lado de irae, de Capy, mencionados anteriormente, más el gradual y el tracto de la misa de difunla epístola y los bancos de la nave. Muy poco se sabe de la música que se inter- tos compuestos por Francisco Guerrero, En pretó en tan señalada ocasión. Sólo nos cuanto al ordinario de esta misa, no sabemos consta que se cantó el invitatorio Regem cui si se eligió una a seis voces, de la que no s señala nombre de autor, u otra a cinco de Fierre Certon. Curiosamente, lo que sí nos ha llegado es el nombre de los cuatro cantores que interpretaron el invitatorio de Morales, todos miembros de la capilla real de Felipe II. uno de los cuales era castrado. La mezcla de un repertorio musical franco- fiamenco y español responde en buena medida a la composición de la capilla real de la Corte de Madrid, integrada por flamencos y por españoles. Felipe II puso especial empeño en mantener viva la sección flamenca, heredada de Carlos V, hasta el punto de que todos sus maestros y tenientes de capilla fueron oriundos de los Estados de Flandes. Aunque también se interpretaba la música de Paíesírina y la de Andrea Gabrieli, era, sobre todo, la de compositores franco- fiamencos y espartóles fa que había escuchado en vida el monarca. En cubito al canto llano, columna vertebral de la liturgia cantada, sí podemos estar seguros de que fue el de tradición hispánica y no el romano el utilizado en las exequias de San Jerónimo, ya que las propias constituciones que regulaban el funcionamiento de la capilla real prescribían el uso del primero, debido a un especial privilegio concedido por el papado desde los tiempos de los Reyes Católicos Fernando e Isabel, Naturalmente, además de estas exequias oficiales podríamos decir, organizadas por la propia Casa Real, hubo otras en muy diferentes puntos de lo que entonces abarcaba la mon quía hispánica, cada una de ellas adaptándose a los recursos, humanos y materiales, de que disponían. De la producción musical específica para esta ocasión nos han llegado dos motetes, uno escrito por Ambrosio Cotes. Mortuus est Philippus Rex, en aquellos años maestro de capilla de la catedral de Valencia, y el otro debido a Alonso Lobo. Versa estin ¡uctum, que desempeñaba el mismo cargo en ta catedral de Toledo. Lms ROBLEDO 12 de noñembre de 1998 48 t