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ABC Cultural Basquiat, el artista trágico Galería Maeght Barcelona C Monteada, 25 Hasta el 29 de noviembre De 3.400.000 a 62.800.000 ptas. LANTEÉMOSNOS diferentes cosas, de una vez y rápidos. ÍVie parece que éste es el rasgo fundannental del arte contemporáneo. Lo que no se provoque de entrada y no atragante, ya no puede corresponder a la estética real de nuestro tiempo. Así se empieza con la obra de Jean- Michel Basquiat (Nueva York, 1960- 1988) ¿Quién es este muchacho, negro neoyorquino por más señas, que sólo estuvo 27 años entre nosotros y que no nos ha dejado en paz con los restos testimoniales- su obra plástica- de su vida? Pues en la f, pregunta está la respuesta: un joven, producto del mestizaje a que están abocadas la ciudad y la sociedad cosmopolita contemporánea, que al salir a la palestra de la calle sjn oficio ni beneficio se agarra a lo que puede y que tiene más a su alcance, que es su sensibilidad gráfica y caligráfica y, para el sustento, a lo que proporcionen y produzcan los alucinógenos que tenga al abasto. Resultado: las paredes y el mobiliario urbano se llenan de garabatos, impulsados y provocados por todo lo dicho pero también por las vivencias sentimentales de la familia y de los amigos, y de los accidentes de todo tipo que les afectan y que el joven Basquiat siente en la sangre y la piel propias. En la vorágine de todo ello el garabateador de paredes toma conciencia de que tal vez en lugar de ensuciar la ciudad y sus cosas, lo que está haciendo es expresarse, testimoniar sobre su condición y luchar para que las cosas cambien. Se ha dicho: una toma de conciencia política, pero no de la política al uso del medrar, sino de aquella otra- l que otros semejantes a él, a JeanMichel Basquiat, han emprendido simultáneamente a su acción plástica y actúan- el arte, no se olvide, fundamentalmente es acción- en el seno de la sociedad, americana por el momento, pero con la intención de extenderlo al mundo entero. El hecho es que el joven encuentra aliados, encuentra amigos, encuentra quienes le comprenden, y el azar de las cosas provoca que rápidamente se encuentre situado en los lugares de producción y de gestión de los productos- i. magen de la sociedad y de la sensibilidad con, temporáneas. La contradicción empezaba a introducirse en su alma: P Arriba, Sin título lápiz graso de 1981. Debajo, Sin título, acrílico de 1987 es por ello por lo que, si era auténtico, la explosión se precipitaría y pronto asistiríamos a la ascensión vertiginosa y al salto en el vacío, para caer en el vacío y en la plenitud, en su caso, al mismo tiempo. A los veinte años, en 1981, Basquiat obtiene una primera crítica sólida y sería; asimismo un marchante se cuida de su obra y, en el año 1982, ya hace su primera exposición individual y circula por Estados Unidos. Su obra se percibe auténtica, personal y original, y el plano o soporte plástico de sus exhalaciones tiene la fuerza, no de las imágenes y relatos convencionales del arte consagrado y establecido, sino de los murales de la fe, de la indignación y de la realidad de los que piden la palabra y el derecho a expresarla. Pronto salta a Europa, junto con otros compañeros, y en esa cuna de la sabiduría moderna se le designa como neoexpresionista. En el mismo 82 está ya en la Documenta de Kassel. Los artistas testimoniales como Beuys, Kieffer, Penck o Warhol, entre otros, pasan a ser sus amigos y coexpositores y, en el 83 su obra franquea las puertas de un museo, el de Edimburgo, y el Whitney, de Nueva York. A los veintitrés años es un artista realmente situado, él que provenía de aquel segmento de la sociedad destinado a la nada porque procede del detritus y a él regresa. Ahora tríunfa y se le reconoce, aunque a veces sólo sirva para justificar a muchas instituciones serias y bien fundadas y a las estructuras y personas que las regentan. Su arte- auténtico sentido del arte contemporáneo- es esa rabia, esa matemática y ese mercado del existir y el sentirse, conforme pasa el tiempo, atrapado entre la lujosa mascarada de la circulación y del consumo y la realidad de lo que irremisiblemente y sin redención queda atrás. Eso hecho y plasmado con lujo de buenas telas y con la miseria de los materiales de desecho y desperdicio. A él le fue permitida esa contradicción. Lo percibimos en esas veinticuatro obras que ahora se muestran. ARNAU PU! G 12 de noviembre de 1998 44