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ABC Cultural Escaparate Josep Pía La calle Estrecha Traducción de Néstor Lujan. Introducción de Justo Navarro. Destino. Barcelona, 1998. 298+ XLII páginas, 975 pesetas. Josep Pía: La calle Estrecha José Lupiáñez Puerto escondido Colección Ibn Gabirol. Centro Cultural Generación del 27. Málaga, 1998. 98 páginas, 920 pesetas. f E STA es una de las tres o cuatro narraciones para las que, entre las más de treinta mil páginas de su obra completa, Josep Pía aceptó la etiqueta de novela y que además es la más cualificada de todas para ostentar dicho calificativo. Publicada por vez primera en 1952, Josep Pía, encerrado en los duros años de postguerra en su masía ampurdanesa, imaginó una novela más descrita que propiamente escrita, en la que retrata la vida de un pequeño pueblecito catalán, vista a través de los ojos de un joven veterinario recién llegado, que lo describe a través de sus propias observaciones y de los chismes de su cocinera Francisqueta- uno de los mejores personajes del librodurante el transcurso de todo un año. El argumento es lo de menos, apenas pasa nada, los personajes son siluetas sabrosamente esbozadas, los episodios se yuxtaponen, unos nostálgicos, otros líricos, otros humorísticos, con una sola anécdota objetiva- l a historia de los amores entre una muchacha al final encinta y los tres enamorados que aspiran a su mano- que se resuelve con la normal vulgaridad de la vida E GCC misma. Un largo y excelente prólogo de Justo Navarro, más descriptivo que analítico, enriquece esta edición. Pía no creía en la novela, o quizá la respetaba demasiado, y se acogía al stendhaliano lema del espejo a lo largo del camino para decir que le parecía un género artificial y falso, y que le interesaba más la vida real, cuyos argumentos son pocos y vulgares, y que nunca nos da el final novelesco al que el arte de la novela aspira. Pero la célebre frase de Stendhal no es suya, la tomó del abate Saint- Réal para utilizarla como epígrafe en un capítulo de E Rojo y el Negro, y quizá no fuera más que una justificación para apoyar a través de una hipotética realidad un género que todavía en su tiempo no estaba demasiado bien cotizado. Como tampoco lo estaba para ese gran narrador que siempre fue Josep Pía, quien sin embargo convertía en arte todo lo que tocaba. -R. C. N éste su octavo libro de poemas, José Lupiáñez (La Línea de la Concepción, Cádiz, 1955) vuelve a acreditar lo que suele considerarse dominio del oficio: la métrica tradicional, rimada en buen número de ocasiones, el cuidado de la palabra escrita, la herencia de un suave modernismo; así, una cita de Ricardo Molina, entre las que encabezan el volumen, dice: He aquí la vida anclada en el puerto de siempre El poema actúa como depósito nostálgico, catalizador de la memoria, cuyos objetos acoge con morosa sonoridad, según la preceptiva tradicional que pretende embellecer lo que al espacio poético accede. Claro que a ve ces la belleza era como una daga que sin saber- -FVieri cví vici. hundíamos en nuestra propia carne y los textos que recorren esa vertiente acaban encontrando, de modo forzoso, la contradicción de la experiencia barroca: los manjares apremian. Aquí comienza el pudridero; cada vez es más grande la montaña de huesos -M. C. Eduardo García No se trata de un juego Diputación de Huelva. Colección Juan Ramón Jiménez. Huelva, 1998. 62 páginas, 1.000 pesetas. C R K S P O La puerta entornada Ángel Crespo La puerta entornada Ediciones La Palma. Madrid, 1998. 44 páginas, 1.500 pesetas. E N cada página de este breve cuaderno de aforismos encontramos materia de meditación valiosísima para disponernos a la lectura no sólo de la poesía, sino de cuanto hay ante nuestros ojos y de nosotros mismos. Ángel Crespo afirma que el Olimpo está en todos los montes para los ojos que saben ver a los dioses Saber ver: he ahí la condición de llegada, más que de partida. Como un tratamiento especial para los ojos, las propuestas de Crespo- Artes poéticas Meditaciones Decires -orientan en la dirección más difícil, que es la única posible: Sólo el discurso poético es capaz de mostrar la naturaleza de las cosas Se diría que el autor elude ser considerado sabio- Nunca se sabe más: se sabe mejor pero la poesía, que está dentro de estas frases sobre la poesía, lo ilumina generosamente, como al profeta clásico bajo el árbol total: Árbol extraño el mundo, cuyas ramas no se distinguen de sus raíces -P. P. 24 E L libro merecedor del premio Juan Ramón Jiménez dé este año se abre con una sección titulada el que cruza el umbral donde se describe la actitud básica mantenida por la subjetividad que oímos a lo largo de todo el poemario: Siempre me coge por sorpresa la duda de si existo Desde un lado de la pantalla- que se hace espejo o página- la voz habla hacia el otro lado buscando ser asimilada para adquirir una realidad que en sí misma no encuentra. El intento de sobrepasar esa baEDUARDO GARCÍA rrera es también el de la propia recreación: Yo me escondo en NO SE TRATA DE UN JUEGO el otro, el que escribe los versos La aventura queda plasmada en poemas de ritmo cómodo para el oído que quieren ser recinto habitable sin eludir el conflicto: Nos separa un papel y sin embargo no podré cruzar nunca este desierto Esa comodidad discursiva resulta sin embargo una remora para las G) teccí (Siwfc- í -V intenciones del autor, que a veces se ve llevado por el automatismo de un verso más típico que personal. -P. P. 12 de noviembre de 1998