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ABC Cultural Música Lo último en música clásica Philip G. Downs. La música clásica. La era de Haydn, Mozart y Beelhoven. Vol. 4 Traducción de Celsa Alonso. Akal. Madrid, 1998. 690 páginas, 7.800 pesetas. en exceso, consciente de la síntesis necesariaapoyada en ejemplificaciones y citas escogidas entre los testimonios literarios, poéticos (Milton, Pope, Percy) más sobresalientes de la época. Trata con especial interés la función social del artista- músico (compositor, intérprete) una cuestión sobre la que vuelve y abunda en capítulos posteriores, reproduciendo documentos ilustrativos, entre ellos, por ejemplo, los contratos expedidos a Haydn y Beethoven y las condiciones de los mismos. De las nueve partes en las que el autor ha estructurado su trabajo, las figuras de Haydn y Mozart, junto con el espacio dedicado a Beethoven, son las que más se benefician del grueso del análisis, pues aunque la exposición integra otros nombres decisivos para entender las claves en la evolución de la producción sonora de este periodo- C. P. Emanuel y J. Christian Bach, Cherubini, Clementi, Gluck... -y se salpica aún de otros complementarios, Downs no se demora en su estudio. Asimismo, el criterio metodológico es diferente para esos tres nombres fundamentales. Mientras que la obra de Beethoven, etapas vitales de creación y formas, aparece estudiada cronológicamente de principio a fin (lo que le lleva a titular la parte octava de su estudio Beethoven 1770- 1827 los otros dos grandes compositores de la música clásica se estudian partiendo sus biografías y etapas creadoras, desde los inicios profesionales y obras tempranas, superponiendo a ambos entre sí, para abordar luego la consolidación de logros y aportaciones en la madurez de cada uno. No descuida la dosificación de curiosidades de relativa apreciación histórica, como la que recoge sobre Hieronymus, conde Colloredo, famosísimo arzobispo de Saizburgo: De no haber contratado a Mozart, ahora yacería en el olvido. Sic transit gloria mundi Ó el comentario que Haendel dedica al gran reformador de la ópera, Christoph Willibald Gluck, y que forma ya parte del anecdotario de la época: No sabe más sobre contrapunto que mi cocinero Claridad de los ejemplos musicales, criterio selectivo en el análisis de obras y profusión de ilustraciones completan la visión de un periodo que no por conocido está sobrado de estudios. El índice de nombres incluye compositores, formas musicales, obras, instrumentos, conceptos y términos técnicos, muy útiles y prácticos tanto para el estudioso, habituado o especializado en este ámbito histórico musical, como para quienes se acercan por vez primera a un estudio general de la época. No pasa inadvertido el espíritu que anima esta empresa, la voluntad del autor concentrado en una planificación estructural que propone, como fin primordial desde este punto de vista, el satisfacer a una amplia variedad de lectores. MARTA CURESES E N el marco de una colección que pretende abarcar toda la historia de la música occidental, aparece este nuevo volumen de Akal dedicado a la música clásica en sentido estricto: un recorrido que respeta las acotaciones cronológicas convencionales, enlazando las tendencias del último Barroco con el espíritu de un Romanticismo incipiente. Menos convencional resulta, en cambio, la opción de Philip Downs (profesor y director del Departamento de Historia de la Música de la Universidad de Western Ontario) por un itinerario diacrónico subdividido en episodios históricos breves, concisos y bien documentados, eludiendo así la clasificación y definición habitual de los grandes estilos musicales que se desarrollaron a lo largo de casi un siglo. La historia musical, asentada sobre la base de la estética y el pensamiento dieciochescos, desde el florecimiento del estilo clásico a partir de la segunda mitad del XVill- de! style galant al empfindsamer Síil- hasta su ocaso en la segunda década del XIX, se desarrolla ai margen de toda propuesta analítica de fundamentos y supuestos personales, toda vez que Downs se inclina por la consideración de un conjunto de hechos, circunstancias, nombres y elementos portadores de rasgos definitorios, individuales en su tratamiento y colectivos en su locallzación contextual. Dedica la primera parte a una introducción, esencia de la evolución que se opera en la música desde el Barroco hasta 1760- breve quizá Musicología y crítica Paul Henry Lang. Reflexiones sobre la música Traducción de Francisco Páez de la Cadena. Debate. Madrid, 1998. 294 páginas, 2.900 pesetas. L A figura de Paul Henry Lang (1901- 1991) no es desconocida en España. Su obra más importante. La música en la civilización occidental (1941) ha circulado por las manos de numerosos estudiantes en una traducción que llegó de Buenos Aires en los años sesenta. Alianza Música, por su parte, presentó una interesante aproximación divulgativa: La experiencia de la ópera (1983) Puede que no sea mucho para quien fue el padre de la musicología en Estados Unidos, pero es bastante para nuestras escasas ambiciones en cuanto a libros de música se refiere. Este libro recoge una interesante colección de textos que el propio Lang comenzó a preparar en ios últimos años de su vida. Aunque reúne escritos dé épocas y circunstancias muy diversas, no le falta actualidad. Critiquemos, de pasada, la costumbre de cambiar alegremente los títulos. Así, el original Muslcology and performance (Musicología e interpretación) que resume la propuesta del libro y gran parte de su actualidad, se convierte en unas insulsas Reflexiones sobre la música. Paul Henry Lang, nacido en Hungría e instalado en Estados Unidos desde 1928, fue desde los anos treinta el impulsor de la escuela musicológica en su nuevo país, defendiéndola al principio casi en solitario. Dio clases 22 en la Universidad de Columbia, fue presidente de ello se aplicó toda su vida. Por ello pudo no sólo la Sociedad Internacional de Musicología y se hacer crítica musical, también textos para discos y convirtió en crítico musical en el New York Herald cualquier actividad que le permitiera desparramar Tribune. un gigantesco saber que encontraba rápido la fórmula de la divulgación, ese secreto que todo neóEste último aspecto constituye una rareza que fito parece casi suplicar cuando se trata de múcomienza a recuperar una parte del prestigio que sica. perdió en las últimas décadas. Es decir, se suponía que un musicólogo trabajaba, al modo de las Los capítulos de estas Reflexiones son muy ciencias sociales, con herramientas conceptuales certeros: Sobre Musicología Nuevas ideas sode reputación científica, lo que estaba reñido con bre música antigua La música en la civilización el ejercicio de la crítica periodística. Lang constidel siglo XX y Sobre la práctica de la interpretatuyó, durante muchos años, el ejemplo de lo conción Todos ellos constituyen aún temas candentrario; su posición era la del erudito de amplios intes, quizá más incluso que cuando Lang los eligió tereses culturales, capaz de integrar en sus escripara formar esta colección. La música antigua y la tos tanto la valoración de épocas y estilos como contemporánea constituyen las dos grandes cande ofrecer un vasto panorama cultural que la inte- teras de trabajo para un investigador con ganas y graba en el entramado de la época. Su gran obra. talento para aclarar el engarce que se da entre La música en la civilización occidental, proporcio- música y civilización. En cuanto a musicología e naba el mejor ejemplo de ello. Se dice que en sus interpretación (título original del libro, y no por caclases se hablaba de todo y más parecían charlas sualidad) son las dos palancas que hacen vivir a animadas sobre temas diversos que duras sesiola música, una en términos reales y otra en términes de investigación. Hoy sabemos más sobre nos conceptuales. No es casualidad, pues, si amlas técnicas de investigación archivística que bas acumulan los mayores malentendidos. Desde nuestros predecesores... pero vamos con retraso este punto de vista, el libro de Lang aporta tanto al en lo que respecta a habilidad de formular síntesis aficionado como al especialista. interpretativas a partir de lo que hemos reunido dice Lang en un momento del presente libro. Y a JORGE FERNÁNDEZ GUERRA 12 de noviembre de 1998