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ABC Cultural Ensayo El sexo de las palabras Ana Vargas, Eulalia Lledó, Mercedes Bengoechea, Mercedes Mediavilla, Isabel Rubio, Aurora Marco y Carmen Alario. Lo femenino y lo masculino en el Diccionario de ia Lengua de la Real Academia Española Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Instituto de ia Mujer. Madrid, 1998. 320 páginas, 1.150 pesetas. pasto, forzando la lengua. Existe el uso genérico, no se empeñen (cf. págs. 24, 248, etc. Cierto, hay evolución social que antes o después se refleja en la lengua y ésta en el Diccionario. Cuando ciertas profesiones admiten mujeres, se crea un término especializado. Se ha creado, así, jaeza y es fácil que se imponga sobre juez. Pero dejemos actuar a la lengua. Lo que no puede hacer el Diccionario es negar la realidad. Si hay nombres femeninos definidos en función del marido alcaldesa, coronela... o que indican oficios, cargos y profesiones mal pagados o religiosos o mal vistos o indicadoras de clasismo (págs. 24 y 95: plañidera, matrona, abadesa, bacante) ¿qué pueden hacer los desgraciados redactores de ios diccionarios sino recogerlos? Como se recogen los solo masculinos (obispo, paje) Y estereotipos ya pasados sexo débil) Y nuestros abuelos por nuestros ascendientes (no hay un nuestras abuelas genérico) y los padres genérico. Claro que el que quiera puede decir nuestros abuelos y nuestras abuelas, los padres y ¡as madres. En cambio, sólo hay el ratón, no importa el sexo. Ésta es la cuestión. Un diccionario no es un manifiesto de reforma lingüística y social. Es una recogida, incompleta sin duda, de lo que hay. Ciertas definiciones habrá que rectificarlas: este libro aporta cosas para ello. Pero a veces encuentro susceptibilidad excesiva, así en la pág. 116: que la dama sea mujer... de calidad y el caballero el que se comporta con nobleza o generosidad no es tan diferente. STE libro engloba una serie de artícu los de doctrina muy coherente y aun repetitiva: puede reseñarse en conjunto. Está muy trabajado y contiene datos muy útiles. Es, también, provocativo. Y yo diría que contiene errores graves. Pone a caldo a nuestro Diccionario de la Rea! Academia Española. Aunque yo sea miembro de esa corporación no me siento obligado a defenderlo, es una obra de tradición y de colaboración en la que mi peso es mínimo. Hablo sólo como estudioso del léxico y la gramática. Y no puedo sino asentir en muchas cosas. El DRAE no lo recoge todo (ni lo pretende) y contiene definiciones imprecisas o pasadas incoherencias, ausencias, términos obsoletos. Así es. Aunque mejora: será mucho mejor la próxima edición. Pero no puede incluir el lenguaje marginal y no consolidado: para ello hay otras fuentes. Y, sobre todo, el DRAE no puede negar la realidad. Porque un diccionario recoge, aunque incompletamente, la lengua que existe; y ia lengua refleja la realidad, aunque sea, a veces, en forma un tanto desfasada. La lengua es un repertorio que se va poco a poco retocando. Pues bien: un libro como éste (y la restante literatura feminista) no se ve en qué medida critica a un diccionario o critica la lengua que (incompletamente) éste recoge o critica la sociedad que ésta (fragmentariamente) refleja. Esto no es justo. Un diccionario es como un acta notarial, con cierto margen de elección, es cierto. No es un arma para la reforma de la lengua y menos para la reforma de la sociedad. Si recoge cosas que no gustan es como cuando un fotógrafo recoge cosas que tampoco gustan. No es su culpa. Pero ese no gustar depende a veces de interpretaciones que los lingüistas no suscribirían. El libro arranca de que (pág. 6) la diferenciación sexual lo que debe hacer el lenguaje es, simplemente, nombrarla, puesto que existe Es decir: dar siempre la indicación del sexo, no decir hombre genéricamente, ni que laconismo es cualidad de lacónico (también hay lacónicas) ni que niñada es lo que suelen hacer los niños (también las niñas) ni permitir que una mujer prefiera llamarse médico o poeta a médica o poetisa (un alcalde rural acaba de escribir a la Academia pidiendo ayuda contra una secretaria empeñada en firmar la secretario y no es cuestión de enviarle un comando) Pues bien: las lenguas reflejan muy parcialmente la realidad. Muchísimas carecen de indicación gramatical del sexo. Y las indoeuropeas marcan el género incompletamente. Sólo había, en la fase más antigua, uno animado y uno inanimado: así en hetita. Luego, dentro del animado, se creó el femenino: es el género propiamente distintivo. Lo que no es femenino es ya común (genérico) ya masculino. Se puede elegir, a veces: decir hombres o hombres y mujeres, la médica o la médiGO, los niños o los niños y las niñas. Hay libertad: se marca el sexo si se sabe y se quiere, si no, no se marca. No impongamos un sexismo al revés, con sexo a todo 12 de noviembre de 1998 L A verdadera bestia negra de las autoras es la palabra hombre (págs. 47, 52,145, 256) Niegan que sea genérica, dicen que el DRAE usa ya hombre genérico, ya equivalente de varón y que surgen malentendidos. Por supuesto: las lenguas naturales comportan ambigüedad, pefo dan ayuda para resolverla. Y para rehuir la mención del sexo, cuando hay valores comunes que están por encima: así en hombre los derechos del hombre: de hombres y mujeres) ¿Quitaremos hombre y, de paso, lo humano y la humanidad? En fin, cuando una rama del indoeuropeo, en el segundo milenio a. C, inventó el género femenino y, frente a él, el masculino (no al revés) nos metió en un buen lío. Yo digo que ojalá hubiéramos perdido el género, como casi lo perdió el inglés. Con lo que hay, hemos de arreglarnos. A veces la evolución social se reflejará en el léxico, y con el tiempo esto irá entrando en el Diccionario. Libros como éste, aunque discrepemos en tantas cosas, serán un acicate. Pero los usos genéricos quedarán. FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS nuevo, -a (del lat. novus 2 Se aplica a lo que ha sustituido a otra cosa del mismo género. Nueva edición actualizada del Diccionario de uso del español MARÍA MOLINER (i RE B OS A la venta en librerías. P. V. P. 17.700 Ptas. www. editorialgredos. coni 21