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ABC Cultural Ensayo Mecanismos narrativos David Lodge. El arte de la ficción Traducción de Laura Freixas. Península. Barcelona, 1998. 340 páginas, 3.500 pesetas. de la ficción está presidido por una clara intención didáctica y por un lenguaje muy accesible. El resultado es una obra que de forma amena, aunque sin olvidar el rigor, clarifica posibilidades, técnicas y resortes narrativos básicos. En los cincuenta breves y heterogéneos apartados de los que consta el libro, se estudian varios tipos de novela, junto a conceptos como, por ejemplo, el flujo de conciencia, el punto de vista, el suspense, el monólogo interior, el tiempo, el realismo mágico, la ironía, el autor omnisciente o la intertextualidad, y se examinan las maneras en que puede presentarse un personaje. Para sus observaciones, Lodge D. L. parte en cada capítulo de uno o más fragmentos de novelas de grandes escritores británicos o norteamericanos clásicos y modernos Estos artículos no son los primeros en los que como, entre una nutrida lista. Charles Dickens, David Lodge, bastante conocido en nuestro país Jane Austen, Henry James, Joyce, Joseph Concomo novelista- recordemos sus obras Intercambios, El mundo es un pañuelo o Terapia, do- rad, E. A. Poe, Scott Fitzgerald, Beckett y Martin Amis. tadas de un singular humorismo- desarrolla su faceta teórica. Durante sus muchos años de En definitiva, este ensayo, en el que David profesor de lengua y literatura inglesas en la UniLodge demuestra su competencia sobre la maversidad de Birmingham, combinó la publicación teria tratada y es capaz de transmitirla en agudas de novelas con la de libros de crítica. Pero sí es reflexiones, es un útil instrumento para que la lecla primera vez que aborda el análisis crítico diritura de ficciones nos resulte más placentera y gido a un público más amplio, y no fundamenprovechosa. talmente, como sucedía en sus anteriores trabajos, a la comunidad académica. Por ello. El arte CARMEN RODRÍGUEZ SANTOS I LEVO una vida dura, exenta 1 J de toda alegría externa, sin nada que me sostenga, a no ser una especie de rabia perpetua que algunas veces llora ante su impotencia, pero que no cesa nunca. Amo mi trabajo con una pasión frenética y perversa, como ama el asceta el sayo de crin que le araña el cuerpo Estas palabras, escritas por Flaubert en una carta a Louise Colet, son, a mi juicio, harto reveladoras de lo que implica la creación, que si no se basa en una vocación insobornable, por muy dolorosa que sea su puesta en práctica, carece de toda autenticidad. Ahora bien, para el más eficaz y convincente despliegue de esa vocación insobornable la labor creativa exige el exhaustivo conocimiento y dominio de una serie de mecanismos técnicos, que contribuyen a que la expresión artística alcance su máxima plenitud. De ahí que no sólo investigadores del arte, sino numerosos creadores intenten estudiar dichos mecanismos y desentrañarlos en su propia obra y en la de los demás. A esta tarea, referida en este caso al ámbito narrativo, dedicó David Lodge (Londres, 1935) un conjunto de artículos publicados semanalmente en el suplemento literario de Tne Independent on Sunday y luego recopilados en el volumen El arte de ¡a ficción, que toma su título del emblemático ensayo de Henry James. Sin miedo a la libertad Pedro Nuevos ensayos liberales Espasa, Madrid, 1998. 330 páginas, 2.300 pesetas. A pesar de que los inventores del pensamiento único crean que el liberalismo amenaza con convertirse en la ideología dominante que puede acabar con toda discrepancia, lo cierto es que la del auténtico liberal es rara planta, no fácil de encontrar, y que podría estar en peligro de extinción. Aunque por el prestigio que llegó a alcanzar el término ha padecido abusos y apropiaciones indebidas, podemos afirmar que es liberal quien no espera las soluciones a los problemas de las sociedades por el lado del Estado, sino por el de la libertad y responsabilidad de los individuos, que, como enseñó Hayek, son inseparables. En este sentido, no es posible negar a Pedro la condición de genuino liberal, polemista y militante, que desde la vocación académica no dudó en dar el paso, si bien no definitivo, hacia la acción política. No sin razón, Mario Vargas Llosa, en su breve y elogioso prólogo, lo califica como un liberal de pies a cabeza Estos Nuevos ensayos liberales del profesor recogen artículos y conferencias, de varia procedencia y fecha de redacción, pero forman un conjunto coherente que viene a constituir un tratado de filosofía liberal, pues incluye una delimitación del concepto, un análisis de sus fundamentos filosóficos, una teoría del Estado, una ética del liberalismo y una advertencia sobre el carácter precario y provisorio de su eventual triunfo. Naturalmente, sus tesis principales son políticamente incorrectas Uno puede coincidir o discrepar de ellas, pero lo que no puede decirse es que se trate del pensamiento hegemónico ni, mucho menos, del único ni de que defienda los intereses de losricosy desprecie la solidaridad- aunque sí cierta ¡dea estatalista de ella- ni que persiga la destrucción del Estado. Los liberales desean, al menos tanto como los socialistas, el bienestar de los individuos. Simplemente discrepan del camino que hay que emprender hacia él: la ruta del poder del Estado o la de la libertad individual. Siguiendo a la tradición clásica, Pedro considera que la libertad individual sólo está asegurada cuando se cumplen cinco condiciones: el respeto de los derechos humanos; el reconocimiento de la igualdad de las personas ante la ley; la división entre los poderes del Estado; la defensa de la propiedad privada y del cumplimiento de los contratos; y el mantenimiento de la competencia económica. Desde el punto de vista de la persona, el liberalismo es heredero de las tradiciones griega y cristiana del libre albedrío. Desde el punto de vista público, la sociedad liberal se basa en el respeto a la vida, la libertad y la propiedad de los individuos bajo el imperio del Derecho. considera que la supervivencia de la civilización occidental depende del éxito que obtengamos en la defensa de la idea de que las libertades económicas, políticas e individuales que la caracterizan son inseparables. El problema es que las instituciones democráticas, por sí solas, no contribuyen a esta tarea. Al vario origen de los textos incluidos cabe quizá atribuir alguna simplificación o, tal vez, inexacfitud. Por ejemplo, algunas opiniones vertidas sobre el elitismo de Ortega, quizá no cabalmente interpretado. También hay que recordar que si bien la igualación de las condiciones de los individuos no es un objetivo liberal y conduce al deterioro o, incluso, a la supresión de las libertades, suprimir los obstáculos que se oponen a la igualdad de oportunidades sí es una exigencia del Estado liberal. El libro es una vibrante y, en general, acertada defensa de los principios de la sociedad liberal, que ofrece una muy saludable terapia que sólo presenta una contraindicación: deben abstenerse quizá los recalcitrantes igualitarios medrosos de la libertad y alérgicos al mercado. IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA 12 de noviembre de 1998 20