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ABC Cultural Ensayo Hacia un pensar menos tonto Jorge Alemán y Sergio Larriera. Lacan: Heidegger. El psicoanálisis en la tarea del pensar Miguel Gómez Ediciones. Málaga, 1998. 282 páginas, 1.500 pesetas. dad misma, sino que además esta aceptación no le produjese angustia. Sin embargo, las aportaciones de la filosofía, a partir del Ser y tiempo de Martin Heidegger, al tratar de esclarecer el carácter último de esa realidad (el carácter de ser de lo ente) no sólo puso de relieve la falta de fundamento sobre la que dicha realidad se sustentaba, sino que mostró que, lejos de ser la manifestación de una conducta patológica, la angustia era nuestra forma fundamental de ser en el mundo. Ello llevó al psicoanálisis, en su versión lacaniana, a mostrar que el principio de realidad lo que fundaba y sobre lo que se fundaba no era sino sobre un principio de autoridad. Así, la práctica analítica o se remitía a una vulgar sumisión a este principio de autoridad, o dejaba de ser terapéutica y clínica, para convertirse en una hermenéutica, que ayudaba a aceptar el carácter angustioso de una absoluta falta de fundamento de lo existente. Jorge Alemán y Sergio Larriera, los más eminentes de los psicoanalistas españoles, se han consagrado a este desarrollo del pensamiento, centrándose en la relación Lacan- Heidegger, que no sólo es fructífera y enriquecedora para el psicoanálisis sino, insisten, también para la tarea misma del pensar. Tanto Heidegger como Lacan han mostrado que las resonancias y las concomitancias del lenguaje son también hallazgos del pensamiento. por cuanto el lenguaje no es solamente un medio neutro de comunicación, sino más bien el modo mismo en que el ser adviene a su ser. Por eso Heidegger toma con infinita seriedad la etimología de las palabras, tanto en su esencia como en su concepto, y por eso rescata la poesía como un ámbito más originario y más propio del pensar que la filosofía. Por lo mismo Lacan no tiene reparos en hacer chistes malos a partir de las meras resonancias verbales, porque sabe que también los hallazgos del lenguaje son hallazgos del pensamiento. Ya el filósofo italiano Pier- Aldo Rovatti señaló esta fraternidad de pensamiento entre Lacan y Heidegger, insistiendo en que lo que éste toma con infinita seriedad le sirve a aquél como diversión y broma de no menor trascendencia. Los caminos del pensar que de este modo se abren, y por los que transitan Jorge Alemán y Sergio Larriera, son caminos que permiten pensar nuevos sentidos, no sólo para la práctica analítica (que ya no quiere seguir llamándose psicoanálisis sino también para la filosofía, para la ética, para el arte y para la política, a cada una de las cuales dedican un capítulo específico en este libro, que debe ser considerado como un hito importante en la renovación del pensamiento español contemporáneo. MIGUEL CERECEDA L AS relaciones entre filosofía y psicoanálisis siempre han sido fructíferas. La aparición de la doctrina del inconsciente supuso una ruptura para ia tradición filosófica, que todavía consideraba que la subjetividad se podía reducir a autopercepción consciente. Al poner de relieve el componente sexual de la conducta y la importancia de lo reprimido, el psicoanálisis abrió un campo insospechado para la investigación de fenómenos de la conducta individual y de las organizaciones sociales, que no parecían tener fácil explicación apelando a criterios racionales o económicos. La filosofía por tanto, si quiere ser verdaderamente crítica, se ve obligada a prestar atención a las aportaciones del psicoanálisis. Pero del mismo modo el psicoanálisis, como práctica antifilosófica, se ve obligado a tomar en consideración los hallazgos de la filosofía, si no quiere reducirse a un mero mecanismo de corrección y de legitimación social. En este sentido, el psicoanálisis freudiano parecía haberse reducido a una cierta práctica clínica de reincorporar pacientes a un orden social capitalista que, en último término, permanecía incuestionado, como si su estructura correspondiese plenamente con la estructura misma del principio de realidad. La cura analítica no consistía así sino en conseguir que el paciente, tanto el neurótico como el psicótico, no sólo aceptase esta estructura como la reali- Enseñanza y deleite Georges Duby. Arte y sociedad en la Edad Media Traducción de Fernando Villaverde. Taurus. Madrid, 1998. 176 páginas, 975 pesetas. RMONIZAR ambos términos- enseñanza y deleite- y otorgarles equivalente protagonismo en ese acto de transferencia, de individuo a individuo, que es el estudio de las Humanidades, es una verdad a priori y una lícita aspiración de la práctica docente y del ensayismo histórico, filosófico o filológico. Los resultados nos certifican un nuevo estado de las cosas en que el entusiasmo de quien comparte su saber es sustituido por el reclamo de admiración, o donde la preocupación por el estilo y la escritura ha sido desplazada por el prurito científico de la nota a pie de página que ocupa decenas de líneas. Georges Duby (1919) viene reivindicando, desde los años cincuenta, un enfoque personal para los estudios de historiografía medieval, Algunos han catalogado sus textos como pertenecientes a la Historia de las mentalidades Puede advertirse que complementar el término Historia supone reducir su alcance, cuando no desestimar el empeño por carecer del suficiente rigor científico Arte y sociedad en la Edad Media es un ameno y riguroso ensayo que parte de que la formación de Europa es un proceso cultural en el que sus comunidades ocuparon los diez siglos que van desde la caída de Roma hasta el Concilio de Constanza (siglo XV) Duby procede en su relato de una forma lineal. Se trata de una exposición de hechos y señales 12 de noviembre de 1998 A que no se atiene a los parámetros de tal o cual espacio u orden histórico, sino que es una lectura de la realidad elevada a forma metafórica. Por ejemplo, al tratar el autor la proliferación de las capillas a lo largo del siglo Xlll escribe: La voluntad de independencia del Estado con respecto al aparato eclesiástico halla su expresión artística más precoz en la capilla, espacio sagrado pero doméstico O, en otro lugar, reflexiona sobre la necesidad de interpretar el paisaje como una obra de arte medieval realizada por generaciones de labradores, de viticultores Duby traza un registro de cambios de todo orden en la Edad Media por parte de la Iglesia, hasta la consideración del libro como objeto artístico, de la casa como reflejo de una moral civil del protagonismo de cluniacenses, franciscanos y dominicos o de las condiciones de vida de los artistas medievales. Arte y sociedad en la Edad Media puede ser i p mK leído desde dos expectativas: la de quien busca una aproximación histórica a esta época o la del que puede reinterpretar sus conocimientos desde otra perspectiva. En la obra se plantean temas como el coleccionismo medieval o la aparición de las vidrieras catedralicias: ninguno de los hechos se agota en su enumeración ni se documenta con un aluvión de notas explicativas, pues se exponen de una forma en la que importa tanto la amplitud de los conocimientos del autor como la hilazón del relato en sí mismo. La invención del amor cortés, las Cruzadas, las traducciones árabes y la dualidad y oposición del texto y la imagen como formas de enseñanza y de doctrina se presentan como ejemplos de la tesis de que la cultura de cada época va constituyendo, a través de signos, no sólo su presente sino también su imagen histórica. JOSÉ FRANCISCO RUIZ CASANOVA mM w ALFREDO BRYCE ECHENIQUE Reo de nocturnidad Premio Nacional de Narrativa ANAGRAMA Reo e noctarmdad m f í i í 1 r 19