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ABC Cultural Quaides Oriéwes (1926) de Ricardo Baroja PÍO Baroja tuvo en su biografía, como se sabe, un paréntesis parisino forzado por la guerra civil. En sus memorias, Desde la última vuelta del camino, había algunas páginas dedicadas a esa época, pero con los recuerdos de sus dos estancias sucesivas en la capital francesa Baroja escribió un libro, Aquí París, que se publicó en Madrid en 1955, en una colección El Grifón de escasa difusión. La editorial Caro Raggio lo recupera ahora con las correcciones que el autor realizó sobre el primer texto. Después de la de Ayer y hoy, esta edición, que incorpora las enmiendas que el autor hizo de su puño y letra poco antes de morir, se veía necesaria. Ofrecemos un fragmento de uno de los paseos de Baroja por París con unos amigos Paseos con la guerra al fondo Pío BAROJA W ESPUES de dar algunas vueltas, despistados, como perdidos en el laberinto de aquella barriada de suburbios, consiguieron los tres curiosos salir de aquel poblado mísero y subir de nuevo al bulevar Ney. El escultor dijo que los llevaría en automóvil donde quisieran. Escalante observó que tenía que ir a visitar a una persona cerca de la plaza de la Estrella. -Yo le llevaré. Efectivamente, en poco tiempo, los llevó. Bajó Escalante, y Elorrio quiso bajar también. ¿Pero usted tiene que hacer aquí? -le preguntó el escultor. -N o pero no quiero hacerle perder el tiempo. -No, hombre, no, si yo tengo tiempo de sobra, le llevaré donde usted quiera. Lo que podría usted hacer es venir a mi casa y comer conmigo. -Bueno. -Pues vamonos. Nos detuvimos en una plazoleta próxima al parque de Monceaux. -Ahora si usted quiere- dijo el escultor- veremos estas estatuas próximas al parque, son de los tres Dumas. Del novelista, de su padre el general, y de su hijo el dramaturgo. ¿Cuál le gusta a usted más? -Creo que me gusta más la del novelista. -Sí, a mí también. Es obra de Gustavo Doré. ¿No tiene usted algún sitio que quisiera ver? -Ya que me lo pregunta usted me gustaría ver el parque de las Buttes Chaumont. -Bueno. Estuvimos en el parque, que a mí me sorprendió por su aire dramático. -Bueno, yo no le quiero hacer perder el tiempo- dijo Elorrio- voy a tomar el metro y a comer a un pequeño restaurante del Barrio Latino. -Venga usted a mi casa. -No, no. 12 de noviembre de 1998 16