Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC Cultural Narrativa El imposible regreso de Don Quijote Antonio Prieto. La lluvia del tiempo Seix Barra! Barcelona, 1998. 224 páginas, 2.300 pesetas. diante la cultura y las palabras, en ese ir y venir entre la memoria y la historia donde reside la literatura. Así, la literatura produce vida y la perpetúa para siempre, que es la mejor manera de mantenerla viva más allá de la muerte. Pensamiento de raíces platónicas, servido a través de la cultura y la historia- o de ambas a la vez- que a veces se acerca a lo real cotidiano a través del humor, en fábulas construidas no en contra sino fuera del mundo, como sucede en esta La lluvia del tiempo que quizá sea una elegía contra toda esperanza y un prólogo a una muerte (brindis textuales a otros de sus títulos) la de los viejos valores estéticos, culturales y éticos en los que a machamartillo cree. El humor, la parodia costumbrista, una intriga policial con crimen inexplicado y un continuo erotismo tan cuidado como explícito se introducen en una trama que es toda una defensa de la eterna literatura, apoyada en lo Intertextual y en una autorreferencialldad continua. A través de lo primero se acude a la literatura de siempre desde los clásicos griegos hasta ios italianos del Renacimiento, los personajes de La lozana andaluza o, hasta el Quijote mismo, del que el protagonista es transparente trasunto. Al mismo tiempo, la referencia a otras de sus novelas es también continua- sobre todo a Encuentro con llltia, su máxima tabulación sobre el amor obligado a consumirse instantáneamente por carecer de continuidad- en una línea Integradora de toda su obra ya patente en sus últimos libros. Si el costumbrismo inicial podría recordar su segunda novela Buenas noches, Arguelles, su crítica paródica la funde con el culturallsmo de las últimas, pues el fútbol omnipresente, los crímenes, las drogas, las discotecas, el sexo desatado y las tragedlas familiares se contraponen al espíritu soñador de un protagonista que va recreando momentos de la historia literaria universal y los de una actualidad donde se entremezclan escenarios y circunstancias reales- un curso en El Escorial, un simposio en Córdoba, una célebre tertulia literaria madrileña, frecuentes viajes a la costa mediterránea de donde nace para él toda la cultura- así como los sueños Imaginarios que le permiten crear personajes que en la novela son tan reales como ilusorios para los demás, incluso para los otros no menos Ilusorios. Una joven separada le permite recuperar otros amores de un pasado que no deja nunca de ser literario, para al final desaparecer a su vez, como un nuevo Quijote que fracasa en su imposible regreso, y que sólo puede salvarse salvando a sus lectores mediante la creación de la hermosura verbal- ensayística en exceso, a veces- para inscribirse en esa imaginaria y mediterránea isla Blanca donde el autor Imagina el reducto de la cultura, el único paraguas contra la lluvia del tiempo, allí donde la muerte ya no podrá alcanzarnos jamás. Un desahogo, una elegía, una suave protesta, una reivindicación cultural, un acto de fe en la cultura y en la literatura. RAFAEL CONTÉ C ON ésta son siete las novelas que Antonio Prieto ha publicado en los últimos diez años, desde que con El embajador (1998) rompiera un silencio narrativo tan significativo como prolongado, pues la anterior. Carta sin tiempo, databa de 1975 y era además la octava que publicaba dentro de una carrera iniciada en 1955 a sus 24 anos, con el premio Planeta obtenido por Tres pisadas de liombre. Y si los premios le acompañaron en aquella su primera etapa de veinte años como narrador- pues junto al Planeta, también obtuvo el Ondas y el Novelas y Cuentos- han vuelto a coronarle después con el Andalucía a La plaza de la memoria (1995) y el de la Crítica andaluza del año pasado a Isla Blanca. Su maestro Val buena Prat- Prieto es también profesor y editor, todo ello full time, como se ve- le calificó de intelecto existencial y le comparó nada menos que con don Juan Valora al hablar de sus novelas, aunque al examinar las últimas quizá habría que invertir los términos y hablar de existencia intelectual Siempre fue un novelista diferente despegado de lo políticamente correcto en cada época que atraviesa, pues se opuso al realismo de mediados de siglo en cuyo interior nació, se escapó por culturalista de la etiqueta que se le quiso imponer de novelista intelectual, y se sigue escabullendo de nuestras actuales ligerezas narrativas en busca de las raíces más clásicas de la cultura y la historia. Para él la novela es un producto sobre todo cultural, que combate el tiempo- esto es, la muerte- a través de una belleza que sólo se consigue me- Las armas secretas del boxeador Nicolás Casariego. La noche de las doscientas estrellas Lengua de Trapo. Madrid, 1998. 222 páginas, 2.100 pesetas. H AY escritores que saben mirar ia realidad y saico de once cuentos, se queda en agua de borraatraparla tal cual es, con esa inclinación jas porque hay algo que lo estropea: una presencia que tiene hacia el melodrama, la tragedia y el frainesperada, un ruin malentendido y la incomprencaso. Nicolás Casariego (Madrid, 1970) es uno de sión constante de los otros. En cierto modo, esta ellos. Escruta y desnuda la conciencia, los comporpieza de fragancia sentimental y dolorosa resume ia tamientos y la soledad de personajes cotidianos estética del conjunto, casi tan bien como el esplénque van y vienen, como sonámbulos, de derrota en dido Como un bocado de amarga naranja donde derrota. Su percepción de la vida rezuma esceptiJuan asiste a su noche más espantosa; su novia, cismo y tal vez fastidio- del combate entre el amor y Flora, borracha, ni lo reconoce y le Irá revelando el la amistad surge el fastidio, el equívoco y el descon- secreto que ningún hombre quiere oír jamás de los cierto- pero también un barniz de dulzura o de labios de su amada. compasión hacia sus criaturas, como ocurre en el También es un libro de armas secretas, de oculcuento final que da título a su nuevo libro de relatos: tamientos y de tristes destinos. Las relaciones son La noche de las doscientas estrellas. El mejor mo- de una fragilidad alarmante, y la incomunicación remento de la existencia de un hombre, un solitario y aparece en cada narración. De ahí, la presencia de loco como tantos que pueblan este excelente motantos impostores, de tanta gente que miente por debilidad, como sucede en La libélula y el sauce llorón Las gafas de broma e incluso en Juntos cuento en que un pintor célebre iba a suicidarse con su compañera; una vez que le ha disparado, se percata de que ha ejecutado una venganza y un acto de liberación. Destacan el estilo fluido y ameno del escritor, su visión lírica y desoladora en una atmósfera de alucinación contenida, y el gusto por contar con desparpajo, con afán desacralizador, tal como se refleja en las noches de ese solitario ex boxeador que va de taberna en taberna relatando historias, convirtiéndose a sí mismo y a los demás en materia de cuento. O en necesario sortilegio contra ia soledad y el vacío. ANTÓN CASTRO 5 4 H ortítn í fibttjco Jaan José Miíiis í Representa la culminación de una trayectoria rigurosa. Juan A. Masoliver, La Vartguardiu El orden alfabético AL RA i 10 12 de noviembre de 1998