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ABC Cultural Narrativa Cuba: derrumbe y resistencia Pedro Juan Gutiérrez. Trilogía sucia de La Habana Anagrama. Barcelona, 1998. 362 páginas, 2.400 pesetas. 1 4 t U N personaje descreído recorre La Habana. Cuba ha entrado en una profunda crisis, cuyo signo más espectacular y trágico han sido esos balseros desesperados huyendo hacia una muerte casi segura. El tiempo transcurre: 1994, 95, 97. Pedro Juan, la voz narrativa de estos tres libros de cuentos, no ha querido arriesgarse entre los tiburones, resiste en La Habana a su modo y ve pasar los años (cumple 44, 45, 47) como el autor de la trilogía, el escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez (1950) Para el personaje- tan próximo a su creador- los recientes acontecimientos han supuesto una completa transformación. Hubo una época en que la fe revolucionaria daba sentido a su vida: entonces era responsable, sensato, seguía las consignas del poder. Pero en la actualidad ya todo es diferente y se ha vuelto, en efecto, un descreído, un renegado, un converso. La caída del caballo se produce con esta crisis de los noventa, cuando el régimen parece entrar en un fin de era y la creciente pobreza y un riguroso control social han llevado al personaje a una nueva actitud. ¿Cuál es su fe, su doctrina, ahora? El cinismo, el no pensar demasiado, no esperar nada de nadie, disfrutar del sexo y el ron, sálvese quien pueda... Y es en esta situación personal como discurre el protagonista por las calles de la capital cubana: sin trabajo, sin nada que hacer, buscando con ingenio una chapuza (un negocito un bisnes para sobrevivir. Pero, sobre todo, Pedro Juan anda a la que salta, siempre a punto, como encelado, tras cualquier mujer: flacas mulatas, olorosas negras, bellas jineteras, viejas casadas... Apasionados cruces de cuerpos y razas: el gozo continuo como forma de resistencia. Este paisaje de fondo es común a las tres piezas del volumen. El narrador en primera persona, salvo algunas excepciones, también lo es. Los tres libros apenas se diferencian entre sí y los sesenta cuentos que componen el conjunto más bien parecen distintos capítulos o episodios de una novela. Cada relato es sólo una faceta del nihilismo del protagonista, una nueva escena sexual, otra crónica de la Cuba profunda, un paso más en la desorientada trayectoria de un hombre que ve cómo todo se desploma sin remedio a su alrededor. La suciedad de la trilogía se manifiesta, ante todo, en un lenguaje crudo y explícito, provocador Hacía días que me tiraba unos pedos muy apestosos empieza un relato; Me gusta masturbarme oliéndome las axilas primera oración de otro cualquiera) pero los ejemplos aislados no dan cuenta del auténtico valor y funcionalidad de esta retórica. El habla de P. J. Gutiérrez debe entenderse ajustada a la naturaleza general de la obra, a su latente desolación, al planteamiento moral, también a su fuerte carácter erótico; es así como el estilo cobra alcance y articula un discurso persuasivo, sin tacha. Pero este realismo sucio no se fundamenta únicamente en el lenguaje o en esas peripe 12 de noviembre de 1998 í i Un aspecto de la calle Galiano, de La Habana, a principios de los años cincuenta cias, muy sencillas y rápidas, centradas en ardientes encuentros sexuales; la suciedad de La Habana es también la de su vida diaria, la de tanta gente hambrienta y sin esperanza, la de los edificios ruinosos, llenos de ratas y cucarachas, la de esos cuartos mínimos, sin agua ni jabón, en los que se hacinan familias enteras; es la suciedad de la miseria; la pobreza de una ciudad que, como el gobierna, se derrumba poco a poco. La Trilogía quiere ser una respuesta a estas circunstancias. Pedro Juan expone sin pelos en la lengua las razones de la empresa: Escribo para pinchar un poco y obligar a otros a oler la mierda. Así aterrorizo a los cobardes y jodo a los que gustan amordazar a quienes podemos hablar Y en esto consiste el procedimiento: Lo mejor es la realidad. Al duro. La tomas tal como está en la calle. La agarras con las dos manos y, si tienes fuerza, la levantas y la dejas caer sobre la página en blanco Es decir, realismo sucio contra socialismo oficial. Pero este trasvase de la realidad al papel en blanco, y practicado de modo tan puro, reduciría al autor a un elemento necesario para la operación pero hueco por completo; la escritura se volvería un acto mecánico. Más bien cabe pensar que ese procedimiento expuesto por el narrador funciona aquí como salvaguarda del ejercicio artístico: justifica tanto al sujeto del enunciado como su estética, esto es, hace indiscutibles la actitud vital, la ideología política y la literatura propias. En uno de los cuentos, el resistente observa desde su casa a unos turistas que graban vídeos de unos edificios destruidos. Y comenta con amargura: Les encanta la visión sobre los escombros. Desde lejos ofrecen una imagen deliciosa Justamente porque esta Trilogía es cosa bien distinta al álbum de fotos de una escombrera, el lector no está obligado a comportarse como un cínico turista; puede disfrutar de un texto jugoso, valorar su denuncia política, tomar por sí mismo una determinación. MOISÉS MORÍ 9