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ABC Cultural Poesía Contra la voz media Felipe Núñez. Balizamiento para un aterrizaje nocturno. (Poemas 1975- 1985) Calambur (en coedición con Editora Regional de Extremadura) Madrid, 1998. 188 páginas, 1.950 pesetas. I STE volumen reúne la poesía de Felipe Núñez (Plasencia, 1955) cinco libros publicados, entre 1975 y 1985, en colecciones de escasa difusión y pronto inencontrables; del primero, Tris Tras Princesa, se conserva una breve muestra, y los demás- Leticia va del laberinto al treinta, Los seres y las fuerzas, Equidistancia, Nombres o cifras- se reeditan completos aunque corregidos. Se hace así posible comprobar la importancia de esta obra, cuya estima circulaba casi clandestinamente entre unos pocos; pero ya no podrá leerse como la primera vez: no sólo porque los años hayan pasado, sino también por ia publicación, hace apenas unos meses, de un ensayo del mismo autor. Para escapar de la voz media (Ed. Regional de Extremadura) a cuya luz sin duda van a verse ahora los poemas. La voz media parece ser, para Felipe Núñez, la que constituye nuestra herencia cultural y reúne las aportaciones dispares en un poso común, pero también la categoría verbal que, con ese nombre, designaba en griega la acción que ocurre dentro del sujeto; representa así e! dominio absoluto que hoy ejerce la escritura y el modo en que destituye cualquier realidad: La escritura ocupa al fin el último reducto de la cosa. Nunca se escapa a la voz media, nunca se da paso a lo que importa no perder ni perderse Se trata de un durísima requisitoria contra todo el pensamiento contemporáneo- en especial, la hermenéutica, Heidegger, la deconstrucción- y sus raíces en la historia filosófica, concentrándose en el trabajo negativo, en demoler. La lucha contra esa escritura omnipresente que ahoga lo real se sostiene, sin embargo, con una prosa alta, vecina del ritmo del poeta. Ésta es una contradicción incorporada al razonamiento y de la que se extrae fuerza: pero hay otra notable, no asumida, que queda en el fondo: el rechazo de los obvios vínculos con una serie de autores- Nietzsche, Wittgenstein, Foucault, Barthes- a los que se fustiga con acidez, cuando es en la matriz de sus conceptos donde crecen estas tesis, donde se genera la energía de su fértil disidencia. Esto no reduce el valor de este trabajo: insólito en su aliento y ambición, deslumbrante en su escritura, creativamente polémico. El ensayo, a la vez que análisis filosófico, constituye una poética, que se potencia ahora en el curso paralelo de su puesta en práctica. Todo el plan de fuga diseñado se cifra en el poema, lugar donde puede- de modo efímero- suspenderse el asedio de las capas de sentido y alcanzarse el parpadeo de un afuera sin escribir. Para escapar de la voz media dibuja la nueva responsabilidad que toca a los textos en su contacto con la empresa teórica, y propone de diversas formas su exigencia: Cierta larga lucidez prohibía hablar, escribir, como si se supiera de qué. Conviene ahora prolongar esa exclusión: no se puede ya más escribir como si se supiera cómo Al acercarse a los poemas, enseguida resulta peculiar el cómo. No hay un habla unitaria en ellos, conducidos de modo heterogéneo por lo reflexivo o lo narrativo, por ia imantación fonética, la pirueta ingeniosa; ocurre como si hubiera que atravesar todos los tonos, yuxtaponer todos los 12 de noviembre de 1998 I I Leonor Benito de la Lastra registros- el arrastre de la cultura, lo cotidiano, el término científico... para con mayor conocimiento desvelar su debilidad. Reprimir el énfasis, socavar cada género de habla: El orfebre trabaja contra la precisión del utillaje El resultado es el improbable equilibrio entre un sabor de abigarramiento barroco y la extraña delgadez de que nada se espese o se fragüe. Al construir una vidriera, la cuidada selección de los vidrios busca proyectar, en el único punto por donde el giro del día lo permite, un esplendor dorado durante el resto del tiempo, el brillo de los cristales seduce, pero nada se ve en ellos. Se sugiere así lo mismo para la brillante selección léxica, para la arquitectura de las frases de Núñez, o las zonas autónomas que abren sus encabalgamientos: no es que haya una ruta laberíntica hacia algún lugar, sino sólo una serie de pequeños vericuetos que no desembocan, salvo en lo efímero del instante luminoso, que de inmediato se apaga sin tejerse en discurso. El prólogo de Balizamiento... formula un proyecto claro: quitarle las gafas del sentido a lo real y quemarse en su sol, un ojo combustible; para ello traza el libro su poética de la fisura, intersticial, de lo pequeño y precario. Porque, en el momento exacto, para despojarse de las adherencias de sentido, al texto sólo le cabe señalar- veo la orografía del centímetro cúbico ofrecerle una grieta al lector en que olvide sus prejuicios retóricos e Intuya la presencia de las cosas. En este espacio, entonces, la pequenez suscita una cierta esperanza de éxito el margen es minúsculo: Bajo forma de moscas la mota de polvo Aprovechándolo, la vida- el desacuerdo con los médicos sobre la enfermedad, los pájaros luminosos, el amor... -discurre por los poemas, pugnando por no convertirse en biografía, en vida escrita. Discurre con el sabor de lo imprevisi- ble y lo prohibido: Como un eructo que sabe a arroz con liebre en plena veda -dice el humor interpuesto con frecuencia en lo solemne. Pero cada contacto con lo real, si se prolonga, engendra pronto contradlGción: levantemos tres tiendas o, mejor, sólo una, como señal de posesión al pie de estos arbustos Inscribir, dejar marca. I, después de todo, en estos poemas hubiera una tonalidad dominante, sería la ironía: en la implacable cadena de las contradicciones, ia ironía es el órgano del desdoblamiento. No es un tropo, una figura que trans porte a otro plano, sino precisamente una tonalidad del habla que, confundida en los meandros de la sintaxis, expresa una distancia interior al texto. Así, la ironía plantea un problema que existe en quien habla, que lo divide, que lo sitúa en dos posiciones simultáneas y opuestas; ia voz irónica mantiene la tensión, permite que se manifieste sin solventarla; dirige toda la violencia existencial contra uno mismo y también se regenera con ella para seguir. En su ensayo, señala Núñez otra de las formas de esta tensión: Al borde del abandono y el borrado es una quiebra que late en todo vínculo verdadero con la escritura: la última voluntad de Kafka, Virgilio en la noche de Hermann Broch. En este caso concreto, la falta de poemas posteriores a 1985 produce cierta perplejidad, que lleva a preguntarse por la posible relación con ese deseo de fin. No sería bueno para la voz teórica quedarse aislada de la vida fugaz: pues, como sostiene, es en los poemas donde reside el arraigo de lo imposible, el meollo de esta apuesta. MIGUEL CASADO S