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24 de julio de 1998 A B C de las artes FDTOEliAFIA RUDY BURCKHARDT: INVENTAR LA VIRA IVAM. Centro Julio González Gulliem de Castro, 118 Hasta el 20 de septiembre Valencia grandilocuente o manierista que pudiera interponerse en su camino. Indígenas de Trinidad, niños de Marruecos, prostitutas de Algeciras: todos ellos nos contemplan a través del objetivo de Burckhardt con mirada sonriente. Si en sus desnudos apenas existe distancia entre el modelo y la cámara, sus secuencias callejeras y panoramas metropolitanos- Una vista desde Astoria (1940) Astor Place (1947) Siracusa (1951) -se alejan de nosotros en límpidas composiciones geométricas. Los signos jeroglíficos extraviados a diario en el laberíntico tráfico urbano- Bordillo (1975) configuran en sus manos el más puro y elocuente lenguaje visual. Dos instantáneas separadas entre sí por un intervalo de 56 años Acera (1939) y Alcantarilla en la acera (1995) -expresan su voluntad de representar el incesante flujo de imágenes entre lo terrestre y lo celeste. N ACIDO en Basilea en 1914, Rudy Burckhardt se trasladó en 1935 a Nueva York, donde intimó con un selecto grupo de artistas y poetas vinculados al expresionismo abstracto (De Kooning, Pollock, Rothko) la escuela poética de Nueva York (Ashbery, O hara, Denby) y la vanguardia musical norteamericana (Copland) Escritor esporádico- en 1979 publicó el libro autobiográfico Moving Homes pintor intermitente- algunos de sus óleos están incluidos en la muestra- y ferviente cineasta- una cuarta parte de su extensa producción en 16 milímetros se proyecta con ocasión de la misma- la obra fotográfica de Burckhiardt no ha sido expuesta con demasiada frecuencia. De flecho, la presente retrospectiva supone el primer acercamiento en profundidad a un autor cuya visión esencial nos persuade de que vivir e inventar son términos análogos. El clima de serenidad y precisión que transmiten sus imágenes- ese aire de recitación meditativa, de tranquilo manifiesto, de sobria y venturosa melodía- participa de la química que concede a determinados artistas la capacidad de conjugar planos antitéticos de realidad sobre un espacio fronterizo donde lo externo y lo interno, lo corpóreo y lo intangible son llamados a fundirse en lugar de aniquilarse. Se trataría, según la propuesta poética de John Ashbery, de llevar a cabo esa tarea relativamente sencilla de velar por la unidad de cuerpo y alma a lo largo de la tortuosa e imprevisible corriente de la duración. Semejante ejercicio debería suministrar a la conciencia un ámbito de percepción lo bastante luminoso como para constatar el relampagueante aforismo de William Biake: La eternidad está enamo- rada de las creaciones del tiempo Cuando Rudy Burckhardt visita los estudios de Willem de Kooning, Jackson Pollock y, más tarde, los de Al Held y Alex Katz, lo hace para retratar en traje de faena a esos obreros de lo imaginarlo, a esos sempiternos cachorros de artista entregados al trabajo infinito de combinar los distintos pigmentos, las distintas franjas de experiencia- sombra y claridad, cordura y locura, sensualidad y dolor- que colorean de intemporalidad lo cotidiano. A veces- Una vista desde Brookiyn (1953) Burckhardt ni siquiera necesita invocar la presencia humana para contraponer los hilos conductores de esa inagotable ambivalencia. Una secreta actitud de regocijo, afín sin duda a su existencia nómada, a su espíritu amateur, le permite eludir cualquier desviación Escogí la fotografía- señala- porque en lugar de una mano torpe es la lente de la cámara la que dibuja por ti Cuanto parpadea en el horizonte de su mirada, se convierte en trazo sutil para este creador cuyo proyecto estético responde a la necesidad de preservar el frágil y sagrado valor de la escala humana. Desde una perspectiva similar, su compañero generacional, el también escritor, pintor, cineasta y fotógrafo Gordon Parks (1912) declara: Me interesa más la gente que la fotografía. Por eso me interesan tantas cosas y me adentro en diferentes direcciones en cada una de ellas Ilustres desconocidos como Parks y Burckhardt- quien ha jugado en la sombra un papel de primer orden en la historia del Nueva York moderno afirma Juan Manuel Bonet- proporcionan al aficionado razones suplementarias para felicitarse, en sus postrimerías, por este largo siglo de creación fotográfica. José Luis GALLERO Arriba, Astor Place (Nueva York, 1947) Sobre estas líneas, Willem de Kooning, en Nueva York, en una Imagen tomada en 1950 35