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24 de julio de 1998 A B C de las artes DE VERANO Galería Claudio Coello, 19. Madrid Hasta el 8 de septiembre De 225.000 a 5.000.000 de pesetas LA MODERNIDAD DE J. DE LA ENCINA Museo Nacional Reina Sofía Santa Isabel, 52 Hasta septiembre Madrid Valencia en los meses últimos de la guerra civil, y ya en su exilio mexicano desarrolló una importante labor de historiador de arte en la Universidad Nacional Autónoma. Al interés de una trayectoria como la suya hay que añadir la compiejidad de sus gustos y elecciones- estupendamente reflejada en la exposición- Me refiero a su posición de gozne entre una sensibilidad decimonónica, que se pone de relieve en sus preferencias personales: ahí están los cuadros de Anglada Camarasa o de los Zubiaurre para atestiguarlo, junto con su conciencia de la necesidad de apoyar y coleccionar el Arte Nuevo. En este sentido, su política de adquisiciones al frente del Museo de Arte Moderno no dejan lugar a dudas, y en esta muestra hay magníficas piezas de Ferrant, Alberto Sánchez o Benjamín Falencia para dar prueba de ello. La parte documental de la exposición reúne una L A muestra colectiva con la que la galería Ráyela despide esta temporada e inaugura la que viene se nutre de diecinueve obras de dieceséis artistas, mezclándose ios nombres incontestables del arte contemporáneo con creadores de las últimas generaciones, exliibiéndose piezas significativas dei conjunto de los expositores. Quizá la más sorprendente de las obras expuestas sea la firmada por Fernando Zóbel en 1984 y que tituló Interior aguamarina aunque yo vislumbro una imagen de Cristo perfectamente detallada con trazos negros y un aura azul que se superpone a la efigie orlada por un fondo de negro ascetismo. Desconozco el criterio con el que el pintor filipino, tan asiduo de las levedades, ha plasmado esta figura esquemática que, sin embargo, hace gala de una fortaleza inusual en la expresión zobeliana, pero tampoco resulta un disparate avanzar que bien podría significar la proyección meditativa o salvífica del mejor y más defendible exponente de lo cristiano. Colonia carcelaria pintura de 1986, original de Antonio Lorenzo (IVIadrid, 1922) es un panel en el que coexisten los símbolos geométricos más dispares convirtiéndose la línea, siempre musical, sensible y vibrante, ya que ella es la que fija su estilo con claras referencias a Paul Klee. Las formas abstractas y supuestamente antropomórifcas de Enrique Brinkmann se acompañan de diferentes calidades cromáticas, imponiéndose las gamas más sordas. Un palazuelo de 1956 sobre papel imbrican geometrías que se deshacen como una columna vertebral de formas, mientras Manolo IVIompó le quita la luz brillante a su perpetua exaltación del Mediterráneo, con apagados ocres. Un collage y una madera pulimentada de Farreras, una espiral blanquirroja de Julio Le Pare, el rostro multiplicado por Antonio Saura desde tiempo inmemorial en las determinantes acromías del blanco y el negro, una sutil estructura de Jaume Piensa, el volcánico e hin iente César Manrique que hace brotar el magma plástico de una tela socabada de emociones telúricas y hasta un toro plasmado de cuajarones de sangre y con las defensas de sus cuernos plasmados simétricamente y en ese hueco, en ese albero teñido de tragedia, le toreó a la vida Pepe Caballero. Entre los maestros, una tela metálica de Rivera, fechada en 1991 y plagada de irisaciones, y un Feito con materia roja y negra de la época de El Paso sitiados por la juventud y la lírica entonación de Teresa Salcedo en dos pinturas en las que se rnarida el temblor y la sabiduría, los meteoritos de aspecto hiperreal de Gonzalo González, con el menos meritorio García Álvarez en una síntesis azul y blanca que semeja un paisaje tópico. Carlos GARCÍA- OSUNA U NA de las líneas de trabajo menos vistosas, y sin embargo más coherentes y necesarias de las que desarrolla el MNCARS, es sin duda la recuperación de la memoria del contexto del arte español de éste siglo. En esta dirección deben situarse exposiciones como las dedicadas a la Sala Multitud, a los Encuentros de Pamplona o a la figura de Eugenio D Ors. Su escasa espectacularidad y el relativo desconocimiento por parte del gran público de los temas elegidos sugiere precisamente que se trata de una labor que se desarrolla al margen IJA exposición va a ayudar a reparar el olvido de uno de tantos personajes que contribuyeron a dotar a España de una sensibilidad y un patrimonio acorde con los tiempos que corrían. Es una prueba de que se puede aprender disfrutando Juan de la Encina fotografiado por Alfonso de las modas, orientada hacia un mejor conocimiento de la evolución de la sensibilidad y la historiografía de nuestro país. Si algo puede reprocharse a sus organizadores es la falta de sistematización de estos recorridos, y el carácter exclusivamente documental de algunas de estas muestras- aunque no sea así en el caso que nos ocupa- La exposición dedicada a Juan de la Encina (1893- 1963) comprende una sección documental y otra expositiva, en la que se muestra una serie de cuadros y esculturas que testimonian el gusto personal del personaje- y el resultado de su labor profesional- De la Encina fue uno de los críticos de arte más influyentes del primer tercio de siglo, animador de la Exposición de Artistas ibéricos de 1925 y director, a partir de 1931, del Museo de Arte Moderno- puesto en el que sustituyó a Mariano Benlliure- cuyos fondos actualizó y cuya estructura adaptó a las necesidades de la época. Miembro de la Junta de Incautación, hubo de ocuparse, en contra de su voluntad, del traslado del patrimonio artístico a muy bien seleccionada colección de testimonios para perfilar su figura tanto en lo privado como en lo público. Se muestran cartas de Unamuno (quien fuera posiblemente la figura intelectual que ejerció una mayor influencia sobre el crítico) ejemplares de los periódicos y revistas en los que colaboró La voz El Sol Mermes Alfar actas de las votaciones para su elección como director del Museo de Arte Moderno, y una triste serie de fotografías y documentos de sus años de exilio, en los que abandonó definitivamente su labor de crítico. Sólo visitó España fugazmente en 1957, y murió en México seis años después. También tenemos la carta de pésame- un documento entre irónico y patético- enviado a la familia por la Academia de Bellas Artes de San Fernando poco tiempo después. El trabajo de la comisaria de la muestra, María Dolores Jiménez Blanco, ha sido concienzudo y meditado, y la exposición resultante va a ayudar sin duda a reparar el olvido de uno de tantos personajes que contribuyeron a dotar en su día a España de una sensibilidad y un patrimonio acorde con los tiempos que corrían. La exposición es una prueba de que se puede aprender disfrutando. José María PARREÑO 31